La justicia absuelve a Chiara Ferragni de los cargos de estafa agravada en el caso de los ‘pandoro’: “Se ha terminado una pesadilla”
El pago previo de cuantiosas indemnizaciones ha sido determinante para que el juez declarara extinguido el delito de la ‘influencer’ italiana por promocionar productos con supuestos fines benéficos que después no fueron tales


La influencer italiana Chiara Ferragni (38 años) ha conseguido salir del laberinto judicial en el que se encontraba y ha quedado libre de consecuencias penales en el Caso del Pandoro —dulce típico navideño— por promocionar estos productos con supuestos fines benéficos que después se descubrió no eran tales. El magistrado no ha reconocido el agravante que solicitaba la fiscalía y ha decretado el sobreseimiento del caso por extinción del delito.
La fórmula judicial es compleja, pero no puede equipararse a una declaración de inocencia. La clave ha estado en el hecho de que la empresaria ya había pagado previamente cuantiosas indemnizaciones a través de acuerdos privados antes del juicio. Sin el agravante —que hacía alusión a la dificultad para defenderse de los consumidores, es decir, que estaban en una posición de especial vulnerabilidad frente al engaño— la acusación inicial de estafa agravada pasó a estafa simple. En el ordenamiento italiano, esta infracción solo puede perseguirse si hay una denuncia formal y no de oficio, como la estafa agravada. Como las principales asociaciones de consumidores retiraron sus querellas tras llegar a un acuerdo compensatorio con la influencer, el proceso ha quedado cerrado y el delito se ha considerado legalmente extinguido.
“Estamos todos emocionados, doy las gracias a todos, a mis abogados y a mis seguidores”, ha declarado la empresaria este miércoles 14 de enero a la salida del tribunal de Milán, después de conocer la decisión judicial. Y ha agregado: “Estoy muy feliz, se ha terminado una pesadilla”. Horas antes, a su llegada, la influencer y empresaria se había mostrado más reticente con la prensa y había rechazado realizar declaraciones previas a los medios de comunicación que se concentraban en los juzgados. “Estoy tranquila y confiada”, se había limitado a decir en medio de una maraña de cámaras.
La fiscalía había solicitado para Ferragni una condena de un año y ocho meses de prisión por estafa agravada. Según sus investigaciones, ente entre 2021 y 2022, una de las creadoras de contenido más famosas del mundo ideó campañas promocionales engañosas en las que daba a entender que realizaría donaciones a organizaciones benéficas con una parte del dinero recaudado por la venta de los productos. Se trataba de pandoros —por eso al caso se le conoce como el Pandoro Gate—, dulces típicos navideños de la marca Balocco, y de los huevos de Pascua de la marca Dolci Preziosi. En ambos casos, los artículos se vendieron en distintas campañas con un envoltorio especial que contenía el logotipo de la marca de Ferragni, por un precio bastante superior al habitual y con supuestos fines benéficos que no fueron tales. Según los fiscales, la dudosa estrategia de ventas le habría generado beneficios injustos por valor de algo más de dos millones de euros.

La publicidad inducía al consumidor a pensar que parte de la recaudación de las ventas iría destinada a obras benéficas en un hospital de Turín. En el caso de los pandoros, se acabó descubriendo que la empresa había donado 50.000 euros al centro médico meses antes de sacar los productos al mercado, por lo que la donación no guardaba ninguna relación con las ventas. Las empresas vinculadas a la creadora de contenido italiana recaudaron más de un millón de euros gracias a esta campaña. También estaba acusada de promocionar la venta de huevos de Pascua con el mismo sistema.
Ferragni siempre ha reiterado su inocencia. Su equipo legal ha mantenido que, como mucho, se ha tratado de un caso de publicidad engañosa, debido a errores de comunicación, y por el que ya ha cumplido en el frente administrativo pagando indemnizaciones y donaciones por valor de unos 3,4 millones de euros. Sus abogados han defendido que Ferragni nunca ha tenido voluntad de engañar a los consumidores, por lo que, en su opinión, “no se ha producido ningún fraude”. “Todo lo que hemos hecho, lo hemos hecho de buena fe, ninguno de nosotros se ha lucrado”, explicó la empresaria en declaraciones espontáneas durante el juicio el pasado noviembre.
Para los fiscales, el “beneficio” del presunto fraude iba más allá de lo económico y también consistió “en el refuerzo mediático de la imagen de la influencer”, ya que la empresaria habría obtenido ganancias indirectas “del creciente consenso obtenido al transmitir una imagen de sí misma estrechamente asociada a su compromiso personal con la caridad”. Es decir, a través de vincular su imagen con obras de beneficencia.
Ferragni había optado por que el juicio se celebrara siguiendo el procedimiento abreviado, lo que significa que renunció a la fase de debate y, en caso de condena, la pena se reducía. En las vistas anteriores, aunque no estaba prevista su declaración en esta modalidad de juicio, la creadora de contenido quiso intervenir ante el juez para recalcar que siempre había actuado “de buena fe” y como mucho había cometido algunos “errores de comunicación”. La empresaria también optó por resaltar las numerosas actividades benéficas que ha llevado a cabo a lo largo de los años, entre ellas la recaudación de fondos que creó en el pasado, junto con su entonces marido, el rapero Fedez, para la unidad de cuidados intensivos del San Raffaele durante la pandemia de coronavirus o sus alegatos en público para condenar la violencia contra las mujeres.

En mitad del juicio, un antiguo socio de Chiara Ferragni, el empresario Pasquale Morgese, acusó a la influencer de priorizar las ganancias inmediatas sobre los productos que promocionaba y definió la marca de la creadora de contenido como “una máquina de generar beneficios”. “Chiara solo pensaba en ganar dinero. Esa era su nueva misión. La adquisición, la expansión. El valor ya no era el producto, la emoción del cliente o la identidad de la marca. El valor era el beneficio. Y punto”, señaló Morgese en una entrevista en el programa de la televisión pública italiana Farwest.
A raíz del escándalo del pandoro, el imperio millonario que la influencer había levantado sobre las redes sociales —con 28 millones de seguidores en Instagram actualmente— comenzó a resentirse: la facturación se desplomó, las grandes marcas de las que era imagen se desvincularon de ella y su reputación quedó tocada. Además, la tormenta mediática también desencadenó la ruptura con su marido y padre de sus dos hijos, el rapero italiano Fedez.
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