Cocina una vez, come tres: cremas caseras fáciles para cenar bien toda la semana
Una sección mensual para solucionar las comidas y cenas del día a día, con ideas para disfrutar de diferentes platos con una única preparación


Las cremas de verduras tienen mala fama por culpa de las versiones aguadas, recocidas, e indistinguibles entre sí; pero una crema con verdura bien dorada, legumbres, yogur u otros ingredientes que ayuden con la textura sedosa, y especias o hierbas que le den un subidón de sabor, juega en otra liga. Seguramente no se harán virales en Instagram ni generen un gran debate durante la sobremesa, pero cuando llegas a casa con frío, cansancio y pocas ganas de pelearte con la nevera, te dan la vida (y eso es lo que cuenta).
En el Comidista seguimos firmes en la batalla de intentar cocinar y comer lo mejor posible, ofreciendo ideas, recetas y fórmulas compatibles con el ritmo diario que nos marca la existencia, no siempre compatible con pasarnos frente a los fogones todo el tiempo que nos gustaría. Con la intención de ofrecer de manera mensual consejos para mejorar la vida cocinil –la vuestra y la nuestra–, en los últimos nueve años hemos pasado del batch cooking a la más sencilla Fórmula Comidista, y de ahí a Póntelo fácil.
El pasado diciembre arrancamos la sección ‘Cocina una vez, come tres’ con seis recetas invernales. En esta edición combinamos de nuevo eficiencia con criterio y cocinamos cinco cremas en cantidad –unas 12 raciones cada una–, con pocos ingredientes, técnicas sencillas y pensadas para que, con tres pequeños tuneos o acompañamientos, podamos disfrutarlas en varias comidas. Aunque todas pueden hacerse con agua si no tienes caldo a mano, siempre puedes tirar de esos ingredientes de fondo de nevera o alacena que ayudan a potenciar los sabores más allá de la sal, como salsa de soja, miso, sazonadores, Yondu o levadura nutricional.
Usaremos ingredientes de temporada, legumbres y cereales, aves, carnes o pescados y muchísima verdura. Algunas recetas finales requieren cocer un huevo, saltear algo, mezclar y llevar a ebullición, o cocinar algo a la plancha, pero el grueso del trabajo estará listo. Además, como ninguna lleva patata, son perfectamente congelables, con lo que puedes hacer la misma cantidad aunque en casa seáis dos y vuestro yo del futuro os dará las gracias. Si a pesar de eso 12 raciones son muchas, divide los ingredientes por la mitad y listo.
Puerro, zanahoria, hierbas provenzales y judías rojas
Una crema espesa, nutritiva y con carácter: el truco está en darle un poco de vidilla a la verdura, dorándola en la misma olla, y añadir judías rojas, que espesan, dan una textura sedosa muy agradable y alimentan.
Lava, quita las puntas y trocea 1,5 kilos de zanahorias y la parte blanca y verde clara de tres puerros (guarda la parte más oscura para un caldo u otra preparación) y tres o cuatro dientes de ajo enteros pelados. Dora todo en una olla grande a fuego medio, con un poco de aceite, sal y pimienta, removiendo de vez en cuando. Cuando tenga color, añade una cucharada de hierbas provenzales (o al gusto), 800 gramos de alubias rojas o blancas cocidas y un litro de caldo o agua. Lleva todo a ebullición hasta que las verduras estén tiernas, añade 750 mililitros de leche o bebida vegetal, tritura bien y ajusta de sal y pimienta.
Para la primera comida, sirve con una cantidad generosa de queso fresco desmigado por encima y, si quieres, unos picatostes; para la segunda añade medio aguacate en dados y unas semillas de calabaza en cada ración y en la tercera ponle encima un filete de pescado a la plancha o al vapor, y sirve con una cuña de limón o lima.
Lista de la compra
Para la receta base, 1,5 kilos de zanahorias, 3 puerros, 1 cabeza de ajos, 2 botes grandes de judías rojas cocidas (800 gramos escurridas), 1 l de caldo o agua, 750 mililitros de leche o bebida vegetal, hierbas provenzales, sal, pimienta, aceite de oliva. Para la primera comida, 300 gramos de queso fresco y picatostes al gusto (opcional); para la segunda, 2 aguacates medianos y semillas de calabaza al gusto; para la tercera 4 filetes de ración o supremas de pescado, 1 limón o lima.
Calabaza y cebolla asadas con comino y naranja

Puedes arrancar esta crema en otra bandeja de horno cuando vayas a preparar cualquier asado, o hacerlo en la freidora de aire en varias tandas. Si no tienes a mano ni una cosa ni la otra, puedes dorar las verduras peladas y troceadas directamente en la olla, con un poco de aceite. Para no tener que pelearte con la calabaza cruda, puedes ponerla unos minutos al microondas: se ablandará un poco y será más fácil de trabajar.
Asa las cebollas enteras con piel y la calabaza cortada por la mitad –aliñada con aceite y sal– a 200 ºC, unos 40 minutos (o hasta que la calabaza esté bien dorada y blanda). Cuando puedas hacerlo sin quemarte, vacía la carne de la calabaza y pela las cebollas y córtalas en trozos grandes (solo para que luego se trituren fácilmente). Tuesta un poco de comino en una olla con un poco de aceite y cuando esté fragante añade las verduras y el caldo. Cuece unos 10 minutos, tritura, añade la ralladura y el zumo de una naranja al final y ajusta de sal y pimienta.
Para la primera comida, añade dos cucharadas generosas de yogur griego, skyr o similar sobre la crema bien caliente, un poco de salmón ahumado troceado y pimienta recién molida. Para la segunda, saltea unos garbanzos cocidos con un poco de ajo, perejil y pimentón y ponlos encima de la crema; en la tercera, desmiga o trocea pollo a la plancha o asado (los de supermercado ya hechos son un apaño perfecto para este tipo de platos, ensaladas o bocadillos) y un poco de cebolleta picada.
Lista de la compra
Para la receta base, 1 calabaza grande o dos medianas (unos 2 kilos en total enteras), 2 cebollas grandes, 1,5 litros de caldo de verduras o de pollo, comino en grano al gusto, 1 naranja (para ralladura y zumo), sal, pimienta negra, aceite de oliva virgen extra. Para la primera comida, unos 300 gramos de yogur griego, skyr o similar y unos 150 gramos de salmón ahumado; para la segunda, unos 600 gramos de garbanzos cocidos, ajo al gusto, perejil fresco, pimentón dulce o picante. Para la tercera, 400–500 gramos de pollo cocinado (a la plancha o asado), 1 cebolleta.
Coliflor tostada, remolacha, menta y yogur
En esta crema, la coliflor pierde cualquier rastro de olor sospechoso y gana dulzor y profundidad gracias al tostado, además de no recocerse después al usar remolacha ya cocida y pelada de la que podemos encontrar embolsada en cualquier supermercado (no la que viene en tarro de cristal, que suele llevar vinagre).
Trocea una coliflor grande y un par de cebollas, pasa todo a una olla con un poco de mantequilla y un poco de aceite, sal y pimienta y dale vueltas a fuego medio hasta que tenga buen color; si se pega, puedes ponerle un chorrito de agua para generar vapor, o un poco más de grasa. Cuando todo esté tostado, añade 1 litro de caldo –o agua– y 1 kilo (dos bolsas) de remolachas cocidas y lleva a ebullición cinco minutos. Ya fuera del fuego, pon cuatro yogures y unas hojas de menta, tritura bien y ajusta de sal y pimienta.
Para la primera comida, sírvela con queso feta desmigado, nueces troceadas y un poco más de menta fresca; para la segunda, un par de huevos poché o duros picados y un poco de aceite picante (o la salsa picante que tengas a mano) y para la última añade encima unas lentejas salteadas con curry o garam masala, dos mezclas de especias que se llevan muy bien con la menta y el yogur.
Lista de la compra
Para la receta base, 1 coliflor grande (1 kilo aproximadamente), 2 cebollas, 1 kilo de remolacha cocida y pelada (2 bolsas), 1 litro de caldo de verduras o agua, 4 yogures naturales (mejor griego o cremosos), unas ramas de menta fresca, mantequilla, aceite de oliva, sal y pimienta. Para la primera comida, 200 gramos de queso feta, 60-80 gramos de nueces y más menta fresca; para la segunda, 8 huevos (2 por ración), aceite o salsa picante al gusto. Para la tercera opción, unos 500 gramos de lentejas cocidas, curry en polvo o garam masala y aceite de oliva.
Champiñones, avena, miso y tofu sedoso

Los champiñones bien dorados tienen un sabor tostado que elimina tu terrosidad, se cocinan rápido y nos permiten jugar con diferentes texturas poniendo las mismas setas por encima en trocitos. En esta crema, la avena aporta cuerpo, mientras el poco sabor tofu sedoso hace de su vicio una virtud y aporta sedosidad con discreción. Para empujar un poco más el umami y llevar la crema de viaje hacia Asia, usaremos un poco de miso (o salsa de soja, si la tienes más a mano)
Pela y pica tres cebollas grandes y 800 gramos de champiñones (mejor variados si los encuentras, mezcla de blancos y Portobello). En una olla amplia, pon un buen chorro de aceite de oliva suave o girasol y añade los champiñones troceados. Sube un poco el fuego y cocina dales unas vueltas hasta que pierdan agua y cojan color (si se pegan, añade un chorrito de agua para desglasar). Saca cuatro cucharadas generosas de champiñones salteados y reserva para la primera comida. Añade la cebolla y una pizca de sal –poca, solo para ayudar a que la cebolla sude– a fuego medio hasta que esté blanda y empiece a dorarse. Incorpora unos 120-150 gramos de copos de avena, remueve un minuto y añade 1,5 litros de caldo de verduras o agua. Cuece unos 10 minutos o hasta que la avena esté tierna. Fuera del fuego, añade 400 gramos de tofu sedoso y una cucharada de miso –o un buen chorro de salsa de soja– y tritura hasta obtener una crema fina. Prueba y ajusta el aderezo.
Para la primera comida, sirve la crema caliente con los champiñones reservados –puedes darles otro golpe de sartén si quieres que queden crujientes- picatostes, pimienta negra y listo (si tienes perejil o cebollino, ponle un poco bien picado). Para la segunda, calienta la crema con 400 gramos de espinacas baby hasta que se ablanden, y sirve con sésamo por encima (si tienes aceite de sésamo, también sirve). Termina dorando en una sartén o la freidora de aire unos dados de tofu firme o tempeh con aceite y un poco pimentón ahumado hasta que estén crujientes: con unos cacahuetes picados y un chorro de vinagre por encima darán el toque final perfecto.
Lista de la compra
Para la receta base, 3 cebollas grandes, 800 gramos de champiñones, 120-150 gramos de copos de avena, 400 gramos de tofu sedoso, 1,5 litros de caldo de verduras o agua, aceite de oliva suave o girasol, sal, miso al gusto. Para la primera comida, las setas reservadas y picatostes; para la segunda, 400 gramos de espinacas baby, semillas y/o aceite de sésamo. Para terminar, 300 gramos de tofu firme o tempeh, 40 gramos de cacahuetes tostados, pimentón ahumado, vinagre al gusto.
Lentejas rojas con lo que tengas en la nevera, la alacena o el congelador
Las lentejas rojas son ideales para hacer cremas, ya que tienen la ventaja de que no hay que triturarlas demasiado ni pelearse el hollejo y se deshacen solas. Aquí va una receta para cocinarlas con lo que haya por casa, congelados incluidos. Empieza mirando qué orbita por tu cajón de las verduras: sirven zanahorias, brócoli, berenjena, acelgas, col o espinacas. Mira también si tienes verduras en el congelador como guisantes o judía verde: cuando tengas algo más de un kilo en total, lo tienes.
En una olla amplia, empieza sofriendo en un poco de aceite dos cebollas o puerros troceados con una pizca de sal. Cuando tengan color puedes añadir unos dientes de ajo, algo de jengibre, un par de cucharadas de curry en polvo o pasta, o las especias o hierbas que tengas a mano y creas que van a quedar bien con el resto de ingredientes, y remueve unos segundos para que perfumen el aceite.
Añade las verduras, cortadas en trozos medianos (excepto si son descongeladas o muy tiernas como las espinacas). Rehoga cinco minutos y añade 200 gramos de lentejas rojas lavadas. Cubre con 1,5 litros de caldo o agua, sala con moderación y deja hervir suave unos 15 minutos, hasta que las lentejas estén muy tiernas y las verduras blandas; si este tiempo es demasiado para la verdura que has escogido, añádela un poco más tarde; por ejemplo, unos guisantes descongelados no necesitarán más de cinco minutos. Tritura hasta obtener una crema más o menos fina, según te apetezca, y ajusta la textura con un poco más de líquido si hace falta. Al final, redondea al gusto: un chorrito de leche de coco, nata o yogur natural; tomate frito o concentrado, un poco de zumo de limón si todo queda demasiado plano.
Es el momento de buscarse la vida para acabar de darle enjundia al plato: puedes rallar ese trozo de queso que ya está un poco seco, ponerle un par de huevos a la plancha, frutos secos tostados, alguna hierba o semilla, una lata de sardinas en aceite, algún encurtido, berberechos o mejillones al natural (calienta la crema con el jugo y pon los moluscos encima ya en el plato para que no se resequen), taquitos de jamón dulce, pavo o los restos de algún guiso o asado. No será la opción más ortodoxa del recetario, pero sí una de las más agradecidas cuando la nevera va justa y el cuerpo pide cuchara.
Lista de la compra
Innegociables, 200 gramos de lentejas rojas, 2 cebollas o puerros, aceite; a partir de aquí, lo que surja.
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