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De la almadraba al ronqueo y las conservas: la memoria del atún se convierte en película en ‘Todos los días Domingo’

El documental recupera la historia almadrabera de Ayamonte, en Huelva, y alerta de su desaparición ante el avance del turismo masivo

Fotograma del documental ‘Todos los días Domingo’, que se estrena el próximo 8 de marzo en el Festival de Málaga.

Hace una década, Abraham López, con 37 años, decidió grabar unas entrevistas a su abuelo Domingo Feria. Le pidió que contase su vida, quién había sido, a qué se había dedicado. Y así, tener un recuerdo personal que, además, permitiera a las siguientes generaciones recordarle. Las palabras de su familiar, hijo de almadrabero y padre de ronqueador, le llevaron a bucear en archivos, buscar imágenes, rescatar información perdida. “Sabía la relación de mis abuelos con el mundo del atún, pero no que el atún había sido tan relevante para mi pueblo, Ayamonte”, relata quien ha comprendido que su identidad es parte de algo más grande, de una memoria que está desapareciendo.

Tras una década de trabajo, aquellas primeras grabaciones son la base de Todos los días Domingo, documental que compite por la Biznaga de Plata del Festival de Málaga en la sección Cinema Cocina en busca de la memoria de la actividad almadrabera y la industria conservera. Su estreno es este domingo a las 16.00 horas en el Teatro Echegaray con mesa redonda y degustación de gambas de Huelva, vino y mojama.

La prodigiosa memoria del protagonista sirve para recomponer la memoria atunera onubense. Y lo hace desde lo grande a lo pequeño, desde la fundación del Consorcio Nacional Almadrabero y la extrema relevancia que tuvo el sector para la economía local hasta los nombres de cada herramienta, cada técnica de despiece, cada paso a seguir para conservar el pescado en las mejores condiciones. Sus palabras, sus refranes, su alegría de vivir son el eje de la película, rodada en ciudades como Isla Cristina, Sevilla, Ayamonte, Tavira o Tarifa, que consigue así hacer el mismo viaje del atún desde la almadraba al ronqueo, la elaboración de mojama, las industrias conserveras y la propia cocina. De hecho, en Nueva York, las cámaras se adentran en Casa Dani para conocer el trabajo que el chef Dani García hace con el atún en uno de los rincones del mundo donde más valor adquiere este pescado. Por eso, López se siente afortunado de que en su tierra o en las costas de Cádiz haya oportunidad de disfrutar del producto “a un precio razonable”, mientras lamenta que Japón adquiera la mayor parte del atún rojo que hoy se pesca en las almadrabas gaditanas. Las de Huelva, como las que había en Isla Cristina, Cartaya o Ayamonte, han desaparecido.

Ocurrió en los años 30 del siglo pasado, durante la dictadura de Primo de Rivera. La actividad, cuya propiedad siempre ha estado concentrada en muy pocas manos, solo quedó entonces en Sancti Petri (Chiclana) y Barbate. Hasta entonces, el tatarabuelo y el bisabuelo del cineasta habían trabajado en el sector en su pueblo, hasta que su abuelo Domingo debió emigrar temporadas a Cádiz para mantener una actividad que luego enseñó a su hijo —Pepe— y éste al suyo, Franci, primo del director que puede ser el último eslabón de su árbol genealógico atunero porque su carrera está enfocada en la música.

El emotivo retrato de las tres generaciones es el de toda una comunidad: sin almadraba, la industria conservera que había sido el principal motor económico local sufrió un duro golpe y fue decayendo hasta su práctica desaparición en los años 60. Hoy ya casi nadie se dedica al atún en Ayamonte. “Me da pena haberme desvinculado yo mismo de esa actividad”, afirma López.

El papel de la mujer

Entre la escasa actividad atunera que queda en las costas andaluzas, lo más sorprendente es que el trabajo es prácticamente igual al de hace un siglo. El montaje con el que arranca Todos los días Domingo, con música de Raúl Rodríguez, es buen ejemplo de ello: juega con imágenes actuales y las extraídas de la película Costas del Sur, rodada por José María Hernández y Ernesto Halffter en la costa gaditana en los años 50. Apenas hay diferencias, como se comprueba también en las secuencias de la obra Almadrabas, que Carlos Velo firmó en 1933 y cuya principal diferencia es la tecnología usada para grabar.

Ocurre igual con las técnicas de ronqueo o elaboración de salazones. También con las pocas fábricas de conservas que existen en Ayamonte —algunas quedan, como Martín Dorado, Concepción o Pesasur— cuyas plantillas son mayoritariamente femeninas. “Es aún una labor delicadísima, artesanal, que elaboran siempre ellas, como antaño.

Las manos de mujeres han sostenido la economía local durante mucho tiempo”, subraya López, que celebra que la película se estrene, precisamente, un 8 de marzo. “Es un perfecto homenaje”, señala el director, que cree que hoy en día pocos son conscientes de lo que conlleva degustar un sabroso bocado de mojama, salazón elaborado con el tarantelo del atún. “En general, se ignora el trabajo que hay detrás, la dureza de la pesca, la complejidad de conseguir el sabor perfecto. Pero también se desconoce la historia, todas esas generaciones que durante miles de años han hecho que esa elaboración tan artesanal siga viva”, subraya el director.

El documental rescata la memoria de lo que una vez fue Ayamonte, pero también refleja cómo el sector turístico la está borrando a toda velocidad. “La llegada del turismo en los años 90 ha ido borrando el pasado pesquero y el pasado conservero”, advierte el investigador Rafael Cáceres. Hoy las piquetas arrasan el patrimonio industrial para levantar nuevos hoteles y apartamentos.

“Esa parte de nuestra historia, tan relevante, se está desdibujando”, lamenta López, que se crio jugando junto a un mural de azulejos que representaba un cuadro, Ayamonte y la pesca del atún, pintado en el municipio por Joaquín Sorolla en el año 1919. Se conserva en la Hispanic Society of America, en Nueva York. “Cuando fui a verlo, aluciné y cerré un círculo: saber de dónde vengo y cuáles son mis raíces”, señala el cineasta. “Desaparecerán las almadrabas, la industria conservera, todas sus huellas en Ayamonte, pero al menos en Nueva York sabrán nuestra historia gracias a esa obra”, sentencia López.

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