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Qué hay detrás del pollo cajún que triunfa en España

Marinado durante 12 horas y rebozado a mano: así se elabora la joya de Popeyes®. Una receta auténtica que demuestra que la calidad no se negocia, se disfruta. No hay más secreto que el mimo con el que se prepara el pollo al estilo Luisiana, para disfrutarlo en el restaurante o en casa

En los últimos años, han cambiado muchas cosas en nuestra forma de consumir. En un entorno acelerado como el de hoy, cada vez es más habitual buscar (y encontrar) productos y servicios diseñados para cumplir con lo justo, a partir de procesos simplificados y menos atención al detalle. Una tendencia que ya se conoce como cutrificación. No hace falta mirar muy lejos para detectarla: móviles que ya no incluyen cargador ni auriculares, aerolíneas que cobran por llevar equipaje de mano... Todo se estandariza, todo parece responder a la misma lógica: hacer y ofrecer lo justo. Son cambios pequeños, pero repetidos, que terminan dejando una impresión clara: la calidad y el detalle se diluyen poco a poco.

Frente a esa tendencia, Popeyes® sigue apostando por hacer las cosas bien, con método y sin atajos. Una filosofía resumida en su lema Así sí, así yes, que reivindica la filosofía de la compañía: la calidad no se negocia. Desde su llegada a España en 2019, Popeyes® ha construido su propuesta alrededor de un proceso muy concreto para elaborar su pollo cajún.

El método Popeyes®: autenticidad sin atajos

En Popeyes® no hay recetas rápidas ni automatismos. Pero sí hay secretos, que se resumen en el mimo: cada pieza se marina durante 12 horas en una mezcla de especias cajún para que el sabor penetre de forma natural en la carne y, después, ya en el restaurante, se reboza a mano siguiendo la receta original de Luisiana que la marca ha mantenido intacta desde sus orígenes. Un trabajo manual que se repite a diario y que no admite atajos.

Nada de este proceso se deja al azar. En cada restaurante, chefs formados en el método Popeyes® se encargan de preparar el pollo y de rebozar las piezas una a una, siguiendo siempre la misma secuencia. No se trata solo de freír, sino de respetar una forma de hacer que se percibe en el resultado final: un pollo crujiente por fuera y jugoso por dentro.

Pero el cuidado empieza incluso antes de entrar en la cocina. La elección de la materia prima es otro de los pilares del método. En España, el pollo procede de granjas de Cataluña y Castilla y León; el aceite, de Jaén; los vegetales frescos, de Murcia y Navarra, y la harina para el rebozado, de Huesca y Guadalajara. Una red de proveedores locales que permite trabajar con producto fresco a diario y garantizar un estándar constante de calidad y sabor en cada bocado.

Contra la ‘cutrificación’, calidad

La cutrificación no consiste en hacer las cosas mal, sino en hacerlas cada vez más básicas, por el camino más corto. En priorizar la rapidez frente a la excelencia y estandarizar hasta que todo funciona, pero nada destaca. Es esa sensación de que las opciones se reducen y de que muchos productos y servicios van perdiendo aquello que los hacía especiales.

El pollo procede de granjas de Cataluña y Castilla y León; el aceite, de Jaén; los vegetales frescos, de Murcia y Navarra, y la harina para el rebozado, de Huesca y Guadalajara

En restauración, muchas veces esa lógica se traduce en procesos que se acortan para ganar tiempo, ingredientes tratados con menos atención y recetas pensadas para cumplir sin complicarse. El resultado es una comida que deja poco espacio al sabor y a la diferencia.

En cambio, Popeyes® defiende una forma de trabajar basada en el método, el tiempo y la dedicación. Una apuesta que parte de una idea sencilla: la calidad ni se negocia ni se improvisa. Mantener los procesos cuando lo fácil sería recortarlos se convierte, también, en una declaración de principios. No se trata solo de pollo: es una forma de hacer las cosas bien cuando lo fácil sería hacerlas rápido.

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