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La plena integración de la biblioteca al proyecto escolar impulsa la lectura

Este espacio dentro del colegio no puede ser marginal, tiene que ser un punto de encuentro que fomente la demanda de libros y la cohabitación

FatCamera (GETTY IMAGES)

La biblioteca del CEIP San Benito, en el madrileño barrio de la Concepción, es uno de los espacios más dinámicos de este centro educativo. Bajo la coordinación de su bibliotecaria, Mar Romero, se ha transformado en un punto de encuentro. “La biblioteca es un espacio fundamental que no solo fomenta la lectura. Además, se ha convertido en un lugar polivalente donde desarrollar actividades culturales, artísticas y de socialización”, señala. El colegio cuenta con dos, para Infantil y para Primaria, con cerca de 8.000 volúmenes renovados casi en tres cuartas partes durante los últimos cinco años gracias a compras y a donaciones de familias, editoriales y bibliotecas públicas.

Junto a su remozado catálogo, el motor del proyecto son las diversas iniciativas que dan vida al espacio. Las 18 clases del centro acuden semanalmente; a veces solo para un préstamo, otras para encuentros tutorizados que despiertan su curiosidad por nuevas historias. Romero no deja de maquinar ideas para seducir a los más pequeños, como la “cita a ciegas con un libro” en San Valentín, donde los niños reciben ejemplares envueltos. “Cuando los abren, si veo que ponen cara de disgusto siempre les digo: ‘Dale una oportunidad”.

El colegio organiza también un concurso literario y recibe a narradores como el grupo Arigato, especializado en animación lectora. Entre las últimas propuestas organizadas figuran un Cluedo literario y formatos más actuales para recomendaciones como Booktuber o Leerflix, al estilo de las plataformas de streaming. El impacto es tangible. “El efecto de estas actividades se nota rápidamente: los alumnos pasan más tiempo en la biblioteca, se recomiendan libros y muestran un interés genuino por descubrir nuevas lecturas”, señala orgullosa Romero. Algo fundamental, subrayan los expertos, porque las bibliotecas escolares no son solo salas con estanterías y libros. Integradas en el proyecto educativo, como señala el Manifiesto IFLA-UNESCO (2025), mejoran la competencia lectora y se convierten en entornos de encuentro y descubrimiento.

“Son una herramienta educativa poderosísima”, explica María Carmen Morillas, presidenta de la Federación de Asociaciones de Madres y Padres del Alumnado (FAPA) de la Comunidad de Madrid Francisco Giner de los Ríos. Aunque muchas iniciativas se sostienen con esfuerzo, advierte que “en muchos casos quienes se ocupan son docentes o madres y padres voluntarios que, con su compromiso personal, mantienen vivas estas bibliotecas”. A ello se suma la falta de políticas claras y financiación.

Interés público

“Existe incluso una comisión estatal que reconoce su importancia, pero más allá de las declaraciones no hay regulación concreta, ni funciones definidas ni inversión específica”, denuncia Morillas. Programas como PROA+, con fondos europeos para reforzar la equidad, permiten destinar recursos a estos proyectos, aunque no exista una línea propia para ellos. “Hay que dejar de tratar las bibliotecas como un complemento y empezar a verlas como una infraestructura básica del sistema educativo”, concluye.

Tanto que, como demuestra el CEIP Rafael Alberti, en Rivas Vaciamadrid, el propio espacio puede convertirse en estímulo para la lectura. Este mes de marzo el centro estrenará su nueva biblioteca, renovada y tematizada como un restaurante: el Restaurante Biblio Alberti. La lectura, explica su coordinadora, Rocío González, se presenta como un menú adaptado a cada etapa: el entrante para Infantil; primer plato para 1º y 2º (primer ciclo) de Primaria, segundo para 3º y 4º y postre para tercer ciclo (5º y 6º). Mesas con manteles, bancos, colchonetas y cartelería creativa crean un entorno lúdico y acogedor. La biblioteca incorpora un “menú lector” y un “menú jugón”, ya que también funciona como ludoteca, y se apoya en recursos digitales y en un fondo en proceso de digitalización mediante ABIES, programa de la Comunidad de Madrid para el inventario, con unos 2.000 ejemplares ya registrados.

Entre sus propuestas destaca “el libro viajero”, en el que alumnos de sexto de Primaria de ocho colegios de Rivas intercambian ejemplares con anotaciones personales. “Ha tenido tan buena acogida que ya pensamos ampliarlo a otros cursos e incluso hacerlo a nivel interno”, reconoce González. En enero celebraron por primera vez una Feria del Libro junto a Educiona, empresa especializada en actividades educativas, con gran éxito. González subraya también el valor de las iniciativas intergeneracionales: “Cada año un curso va a una escuela infantil cercana a leer cuentos y recibimos abuelos y abuelas que vienen a nuestra biblioteca a contar historias”. Todas estas acciones se coordinan a través de la Comisión de Biblioteca, integrada por un docente de cada ciclo y el equipo directivo, donde se consensuan proyectos y actividades. El objetivo, señalan los expertos, es reconocer estos espacios como un recurso transversal desde el que se pueden trabajar todos los ámbitos educativos. Hacer de ellas un punto neurálgico del centro y no un espacio accesorio.

Más formación, financiación y regulación

Más del 95% de los colegios españoles tienen biblioteca, como marca la Ley Orgánica de Educación (LOE). Pero disponer del espacio no garantiza su buen funcionamiento. Desde la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Lorenzo Soto y Teresa Corchete advierten de algunos retos que limitan su impacto. Uno de los principales es la formación. “La gestión requiere conocimientos técnicos y dedicación. No se trata solo de tener libros, sino de organizarlos, actualizarlos y dinamizar su uso”, señalan los responsables de programas para público infantil y juvenil. Con frecuencia, esta tarea recae en un docente con dedicación parcial o en familias voluntarias, lo que dificulta su estabilidad. La financiación es otro punto crítico: “Muchas dependen de donaciones puntuales o pequeñas partidas del centro”, lo que complica renovar colecciones y mantener el espacio activo. Solo algunas autonomías cuentan con presupuestos específicos

También la regulación resulta insuficiente: la ley obliga a tener biblioteca, pero no fija criterios sobre el espacio, el personal u horarios. Según la fundación, una normativa más concreta y recursos estables serían claves en su consolidación como espacios de aprendizaje, lectura y creatividad para toda la comunidad escolar.

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