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Tengamos la fiesta en paz: cómo hacer las presentaciones para que todo el mundo se sienta cómodo

Tanto en un entorno profesional como social se agradece que la conversación entre los presentes fluya, para lo que es fundamental saber con quién se habla. El protocolo recomienda evitar la improvisación y, si se trata con otras nacionalidades, conocer sus costumbres

¿Dos besos o la mano? ¿A quién presento primero? Ser anfitrión de un evento y hacer las presentaciones no siempre es fácil, pero el protocolo está para ayudar.Counter (Getty Images)

En el año 2001, El diario de Bridget Jones nos daba un valioso consejo para una buena salud social: “Presenta a la gente dando detalles ingeniosos”, le decía a la protagonista su amiga Shazzer, antes de una prueba de fuego en un evento de trabajo. “Sheila, él es Daniel; Daniel, ella es Sheila. A Sheila le gusta montar a caballo y viene de Nueva Zelanda. A Daniel le gusta escribir y viene de…”, continuaba —antes de ser interrumpida—, como ejemplo de lo que podría ser la conversación introductoria de un anfitrión. Esta fórmula encajaba perfectamente en el siempre polite entorno anglosajón —donde parece especialmente importante acertar socialmente—, pero más ojos despiertos vieron en ella una oportunidad para brillar en las cenas de empresa de aquellas navidades. Gracias a la comedia protagonizada por Renée Zellweger, presentar a otra persona ya no sería nunca más un deporte de riesgo.

Porque, admitámoslo, no a todo el mundo se le da bien hacer las presentaciones. Como si temieran revelar accidentalmente los secretos más oscuros de otra persona, los más relajados se limitan a soltar un nombre al aire y luego hacer bomba de humo. Los más cuidadosos, en cambio, saben que, además del nombre, hay otros datos de interés que pueden marcar la excelencia cuando introducimos a alguien nuevo en un contexto. Para esto, como explica al teléfono Marina Fernández, directora de Comunicación y Relaciones Internacionales en la Escuela Internacional de Protocolo y Eventos, no hay normas ni leyes, sino recomendaciones: “El protocolo no está para imponer y esto es súper importante; está para facilitar y para ayudar, en este caso a la interacción social”. Las recomendaciones conforman, según la experta en comunicación, una “especie de guía para saber un poco lo que hay que hacer o lo que se espera que hagamos en cada situación”.

Pero no es una guía universal, y tiene un porqué: “El protocolo nace de las costumbres y las tradiciones de los pueblos y, en este caso, las costumbres y tradiciones en cuanto a este tipo de interacción social son muy diferentes hasta en Europa, donde somos todos primos hermanos”, introduce Fernández. Y pone un ejemplo: “En el Reino Unido está muy mal vista la autopresentación. Tú estás en un pub y no llegas a un grupo y te autopresentas". En cambio, continúa: “En España o en las culturas más mediterráneas, es una cosa que a nadie le llama la atención”. Sí aconseja “conocer lo que se hace en otros países, para no meter la pata cuando uno viaja o trabaja en un entorno intercultural”.

El protocolo también es “cien por cien flexible”. De hecho, la experta apunta cierta relajación de este tipo de costumbres sociales en el apartado corporativo “por efectos de la globalización, la mezcla de influencias y la fuerza tan potente que arrastra ahora mismo el networking". Volviendo a los británicos, aunque estos siguen observándolas en un entorno más social, Fernández señala que “en una reunión de trabajo con un objetivo 100% empresarial, en la que un británico en Londres se puede encontrar con daneses, con holandeses o con nigerianos, las recomendaciones se empiezan a diluir”.

El gran melón de las presentaciones

Centrada en los usos españoles, Fernández concreta las recomendaciones que cualquier anfitrión tiene a su disposición para presentar a las personas de un evento. “De un cumpleaños a una reunión del trabajo, una de las funciones fundamentales del anfitrión es hacer que sus invitados se sientan cuidados y atendidos, que estén a gusto; entre esas cosas, está presentarlos al resto de invitados y fomentar un poco la conversación entre ellos”. Abriendo el melón, la experta en relaciones institucionales explica: “Cuando te toca presentar a dos personas que no se conocen la técnica protocolaria, la ciencia del protocolo, habla de jerarquías. Jerarquías entre las personas que van a ser presentadas”.

Adelantándose a la periodista, Fernández asegura: “Sé que esto de las jerarquías suena un poquito cayendo a lo despectivo. Pero en protocolo entendemos jerarquías simplemente como colectivos, como grupos que nos ayudan a ordenar, nada más. No tiene ninguna otra connotación”. Y prosigue: “Se entiende que el anfitrión va a presentar por categorías protocolarias: el de mayor categoría recibe la presentación, ¿pero cuáles son estas?“. Para explicarlas, habla primero del ”protocolo tradicional", el que considera a las mujeres de mayor categoría que los hombres y a las personas de mayor edad, de mayor categoría que los más jóvenes.

Sobre la categoría que se refiere al género, se pregunta: “¿Y si la persona es de género fluido?“. Sobre la de la edad, reflexiona: “Hay veces que es muy evidente qué persona es mayor, pero otras veces no”. En el ámbito profesional, esto es relativamente fácil de solucionar: “La sociología de la España de 2026 supone unos retos, por lo que ahora mismo, para considerar las categorías, lo que se está utilizando fundamentalmente es el organigrama de la empresa. Ahí está clarísimo: el presidente tiene mayor categoría que el director comercial. Es un criterio totalmente objetivo, que, al final, es lo que prefiere el protocolo; porque el protocolo es neutral”.

¿Pero y si tienes que presentar a dos personas con el mismo cargo dentro del organigrama? ¿Hay alguna forma de desempatar? Para esto, también hay trucos: podemos apoyarnos en las categorías que propone el protocolo tradicional o, como ella prefiere, “optar por la antigüedad en el cargo”. Con todo esto en mente, Fernández apela, además, a la lógica: “La clave está en entender en qué evento estás, cuál es el objetivo del evento y qué tipo de invitados tienes”.

Con estas jerarquías claras, toca saber qué conviene decir en una presentación: “Aquí hay que decidir también el grado de formalidad. Hay veces que decir el nombre es suficiente, otras es más conveniente nombre y apellido, y en los entornos más corporativos, nombre, apellido y cargo. Si lo que queremos es agilizar la fluidez en las relaciones laborales, eso es el mínimo”, aporta la experta. “Pero imagínate que la presentación tiene lugar en el cóctel de Navidad de la empresa”, entonces la cosa se complica. Fernández lo ejemplifica con una imagen: “Tú eres el anfitrión del evento, presentas a dos personas, das nombre y apellido y te vas. Entonces esas dos personas se miran a los ojos, no saben qué decirse, e inmediatamente empieza a correr la bola de hierba de las películas del oeste”. “Tú tienes que aportar algún otro dato para que esas dos personas puedan iniciar una conversación”, aclara, antes de desarrollar: “Si es un entorno social, tienes que dar algún dato como: ‘Este es fulano y es un gran jugador de mus’, porque tú sabes que la otra persona también juega al mus. Así has prendido la chispa de la conversación y te puedes retirar a seguir ejerciendo tus funciones de anfitrión”.

El diablo viste de Prada

Es fácil imaginar la situación que describe. Todos en algún momento hemos quedado atrapados en una conversación que no arranca con una persona que acabamos de conocer. Son, como ella misma dice, “situaciones incómodas, que es lo que el protocolo trata de evitar a toda costa”. Solo un buen anfitrión nos librará de ellas. Su intervención es tan determinante que no vale solo con la improvisación: “La clave del protocolo siempre es la preparación, la planificación”, recuerda Fernández. Y a su mente viene otra escena de una popular película, El diablo viste de Prada, en la que el personaje interpretado por Anne Hathaway se gana unos cuantos puntos susurrando al oído de Meryl Streep la identidad de uno de los invitados durante una fiesta: “En protocolo, cuanta más información tengas sobre los asistentes a tu evento, mejor lo vas a poder presentar”.

¿Dos besos o la mano?

La costumbre española de dar dos besos en lugar de estrechar la mano en una presentación es un tema en sí mismo. Esto, que según Fernández no sucede en otros países de nuestro entorno —“se ve raro”, asegura—, puede ser problemático. “En un entorno laboral siempre aconsejo el apretón de manos, por el género de las personas: no puede ser que yo, que soy la jefa, llegue a una reunión y me saluden con dos besos mientras que a mi equipo, en el que todos son hombres, les estrechen la mano”.

De nuevo, aquí no hay reglas ni leyes. “Pero yo siempre voy con la mano por delante, sobre todo en un primer encuentro. Muchas veces la despedida es más relajada y te despides con dos besos. En la siguiente reunión es muy posible que te saludes también así, porque en España somos mucho de la mezcla de lo social y lo laboral”. Aunque apunta: “Esto es muy de piel, muy de intuición. Pero como la intuición a veces falla, lo más recomendado es el apretón de manos. Y recomendadísimo si estamos trabajando con delegaciones extranjeras”. Poca broma cuando hay negociaciones que pueden arruinarse por un malentendido cultural.

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