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Sedo de Palmer, la planta todoterreno que engalana cualquier terraza

Considerada como siempreviva por su resistencia a condiciones de cultivo insanas para otros vegetales, su floración de inflorescencias amarillas alcanza el cenit al final del invierno

Los estéticos tonos del sedo de Palmer en floración son verdosos, amarillos y rojizos.Photos from Japan, Asia and othe of the world (Getty Images)

En la recta final de marzo no es mala cosa elevar la mirada al deambular por las calles, porque de los poyetes de las ventanas y entre los barrotes de los balcones asoma mucha belleza. Como la de varias plantas suculentas que no se detuvieron en el invierno y prosiguieron la marcha para crear tejidos nuevos, hojas lustrosas e incluso flores. En este grupo hay un género muy amplio, con gran cantidad de especies: los sedos.

Su nombre científico es Sedum, y son unas plantas consideradas como siemprevivas, por su resistencia a condiciones de cultivo insanas para otros vegetales. Aguantan las temperaturas tórridas y muchas especies también las heladas; no les molesta el sol más inclemente ni les preocupa enraizar en sustratos miserables. Tampoco temen el olvido del cultivador, que no les hará mella, pero, a poco que se las cuide mejor, responderán con un crecimiento más vigoroso. Es cierto que si se las mima en demasía algunas no estarán tan bonitas como cuando se crían en situaciones menos favorables, en las que endurecen sus tejidos y alcanzan mejores coloraciones en sus hojas. En definitiva, el género Sedum es imprescindible en cualquier terraza que se precie, para engalanarla con sus formas tan atractivas.

Por estas líneas viene a dejar ahora su hermosura uno de los más extendidos en cultivo por toda España como es el sedo de Palmer (Sedum palmeri), nombrado en honor del botánico inglés Edward Palmer (1829-1911), ávido recolector de plantas en el continente americano. Esta especie es mexicana, y se la considera naturalizada en varios países, como el nuestro o Italia, por lo ampliamente distribuida que está en el arco mediterráneo.

Se trata de otra de las plantas que han pasado de mano en mano, por la facilidad de cultivo a través de esqueje en cualquier momento del año. Así, no hay barrio de ciudad que no cuente con algún ejemplar de este sedo, que se desarrolla tanto al sol como a la sombra, aunque es con más luz directa donde vivirá mejor.

Al no necesitar de un gran volumen de tierra para estar feliz, es ideal para cubrir la parte baja de una maceta habitada por otra planta de mayor envergadura, a la que incluso ayudará a mejorar sus condiciones de cultivo. Esto es así porque, si la base de la maceta recibe sol directo, las rosetas del sedo sombrearán la pared del tiesto, y así el sustrato no alcanzará altas temperaturas, algo que debilita a la gran mayoría de plantas.

La floración se produce en la recta final del invierno, y entre marzo y abril suele alcanzar el cenit. Durante muchas semanas, las inflorescencias amarillas del sedo de Palmer producirán un maravilloso contraste cromático entre los verdes algo glaucos y los rojizos de las hojas, que adquieren esta viva coloración principalmente carmesí en invierno, sobre todo si crece con sol. Si por un casual las flores atraen a algunos pulgones negros —que casi no se verán, escondidos en la estructura de los tallitos—, es positivo para el jardín, porque de ellos se alimentarán la fauna auxiliar que luchará contra las plagas. Entre ellas están las minúsculas y simpáticas avispillas del género Aphidius, cuya presencia es esencial en cualquier terraza ajardinada.

Con el tiempo, el sedo de Palmer es una especie que se vuelve algo patilarga, como ocurre con muchos otros sedos, por lo que entonces se puede recortar justo después de la floración —dejando unos centímetros de tallo—, para que la mata brote y rejuvenezca. Hay quien prefiere efectuar esta poda al inicio de septiembre, cuando el clima se dulcifica, aunque en este momento quizás comprometa la floración de finales de invierno.

Con los trozos cortados es posible componer una nueva maceta, pinchando esos restos en un sustrato con un buen porcentaje de arena de río u otro componente mineral que mejore el drenaje y la aireación de la mezcla. El sedo de Palmer no es tiquismiquis con el tipo de sustrato, siempre que no se quede encharcado y esté húmedo de continuo.

Esta planta sencilla puede hacer por sí misma la base de un jardín en la terraza, y es perfecta para aquellas personas que viajan mucho y que se ausentan incluso en lo más tórrido del verano. Cuando regresen de su periplo vacacional, el sedo de Palmer retomará el crecimiento después del estío, y unos meses más tarde iluminará cualquier alféizar con sus racimos dorados de flores estrelladas.

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