Los conciertos de Bad Bunny en el Metropolitano llegan al Defensor del Pueblo
Los vecinos de la zona han pedido amparo ante el aumento exponencial de las molestias provocadas por los grandes eventos, que han aumentado a raíz de la cancelación de conciertos en el Santiago Bernabéu


No todos los madrileños están esperando con ansia la llegada de Bad Bunny a la capital, pues los conciertos multitudinarios están dejando de ser solo una celebración musical para convertirse también en un foco de conflicto. De hecho, la gira de Bad Bunny en el Riyadh Air Metropolitano, con diez fechas previstas entre el 30 de mayo y el 15 de junio, han llevado el malestar vecinal hasta el mismísimo Defensor del Pueblo. Cabe recordar que Bad Bunny no es el único que se ha topado con este problema, pues Shakira, con su futuro aterrizaje en el recinto del Iberdrola Music, y Karol G, que pasó por el Bernabéu, han sido también objeto de las críticas vecinales. Precisamente el hecho de que se prohibieran los grandes eventos musicales en el estadio del Real Madrid ha trasladado la presión sobre el entorno residencial que rodea al Metropolitano, que por ahora se está llevando casi todo lo que no pueden albergar otros lugares. Ganancia de pescadores colchoneros en río revuelto, pero todo puede cambiar pronto.
En el entorno de Las Rosas, la tensión sube solo con mencionar las famosas diez jornadas de Bad Bunny, que para los vecinos se traducen, según relatan ellos mismos, en 10 días de calles cortadas, atascos, ruido, suciedad y tensión vecinal. “Un panorama que se repite cada vez que el estadio acoge grandes partidos y conciertos multitudinarios”, asegura la Asociación Vecinal Las Musas-Las Rosas, que ha advertido de un incremento sostenido de este tipo de eventos en los últimos meses.
El conflicto ha escalado hasta el plano institucional. La asociación registró a finales de octubre un escrito ante el Defensor del Pueblo solicitando su intervención. El pasado 19 de marzo, su titular, Ángel Gabilondo, comunicó la admisión a trámite de la queja y requirió información al Ayuntamiento de Madrid. El movimiento supone un paso más en un conflicto que los vecinos consideran enquistado tras años de denuncias sin respuesta efectiva.
En su escrito, el colectivo sostiene que la Administración ha ignorado reiteradamente las quejas por ruido, pese a las intervenciones policiales y la elaboración de un informe técnico independiente que, según aseguran, constata la superación de los niveles acústicos permitidos. Señalan, además, las propias características del estadio —heredadas de la antigua Peineta—, con grandes aberturas laterales que actúan como amplificadores del sonido en días de evento. “Todavia no hemos recibido respuesta. La asociación irá recibiendo información puntual sobre nuestra actuación”, asegura la portavoz del Defensor del Pueblo.
“Desde 2018, los vecinos de Las Musas–Las Rosas nos hemos visto obligados a recurrir al amparo del Defensor del Pueblo ante la falta de respuesta de las autoridades a las reiteradas quejas por la instalación de un recinto deportivo con capacidad para 68.000 espectadores en el antiguo Estadio de La Peineta, que anteriormente albergaba entre 5.000 y 7.000 personas. El barrio no está en absoluto preparado para asumir este volumen de afluencia, ni por los accesos desde la M‑40 ni por las vías internas, lo que provoca un colapso circulatorio evidente, especialmente en eventos de alto riesgo, con atascos masivos tanto a la entrada como a la salida y una grave situación potencial en caso de emergencia. Además, no se han resuelto los problemas de acceso y aparcamiento para vehículos privados, dejando a vecinos, trabajadores y visitantes sin posibilidad de estacionar, y sufrimos niveles de ruido muy elevados, sobre todo durante los conciertos, que superan los límites legales, incluso después de que estos hayan sido incrementados por la propia administración”, denuncia por su parte el portavoz de la Asociación de Vecinos Las Musas–Las Rosas.
El estadio no tiene licencia para espectáculos
A ello se suma una cuestión administrativa clave: el Metropolitano no cuenta con una licencia permanente para espectáculos no deportivos. Cada concierto requiere una autorización extraordinaria que el Ayuntamiento concede apelando al “interés general y cultural”, lo que permite flexibilizar los límites de ruido. “Es evidente que los ciudadanos no forman parte de ese interés general”, reprocha la asociación.
El impacto, sin embargo, va más allá del sonido. La llegada de decenas de miles de asistentes transforma por completo la vida cotidiana del barrio: accesos bloqueados a viviendas, ausencia de zonas de aparcamiento regulado, saturación del tráfico, suciedad y ocupación intensiva del espacio público por terrazas. “Los vecinos se sienten absolutamente desamparados”, comentan.
Por ello, apoyándose en los artículos 43 y 45 de la Constitución —derecho a la salud y a un medio ambiente adecuado—, la asociación ha solicitado medidas que van desde la reducción de aforo hasta el cierre cautelar del estadio si no se corrigen las deficiencias. También plantean soluciones concretas: restringir el tráfico a residentes en días de evento, reforzar el transporte público, instalar medidores fijos de ruido y contaminación y mejorar los accesos viarios. Las quejas que por ahora cerraron el Bernabéu a la música han llegado ya al Metropolitano.
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