El Ayuntamiento de Madrid choca con sus técnicos por el uso de caucho en los parques
Una investigación del CSIC de 2023 aclara que el riesgo de las toxinas presentes en los suelos de goma varía en función de su mantenimiento y erosión natural

El caucho es el último grito en parques infantiles: su superficie blanda reduce el riesgo de lesiones, ofrece un terreno más uniforme para jugar y resulta más difícil de manipular que la arena. Gracias a estas ventajas, su presencia se ha extendido rápidamente en jardines y áreas de juego de ciudades de todo el mundo, como Madrid. Sin embargo, su popularidad no ha estado exenta de polémica. Una investigación del CSIC de 2023 concluyó que la degradación del caucho puede liberar compuestos químicos tóxicos, aunque el riesgo de exposición es bajo y depende del mantenimiento del material y la erosión a la que esté expuesto. Los servicios técnicos del Ayuntamiento de Madrid se han apoyado recientemente en ese estudio de la máxima autoridad científica del país para tumbar la instalación de caucho en el parque José María Íñigo, en el distrito Fuencarral-El Pardo, mientras que en otras zonas de la capital el Consistorio sigue apostando por esa solución.
El área de juego del parque José María Íñigo no destaca por nada en particular: es un recinto relativamente pequeño, cercado por una valla metálica de colores, que incluye un tobogán y un par de balancines. ¿Lo más problemático? El suelo de arena. La asociación vecinal La Vaguada es Nuestra critica que la presencia habitual de una colonia de gatos en las inmediaciones “genera problemas de insalubridad”, porque los animales utilizan el arenero como espacio para orinar y defecar, con los riesgos que eso conlleva en una zona que está destinada a niños de entre cero y tres años “que se llevan la arena a la boca”. A los problemas de suciedad, se suma el deterioro progresivo del terreno, “que tiende a desnivelarse con el uso”, se quejan desde la asociación.
La Vaguada es Nuestra trasladó a finales del año pasado una propuesta al consejo de proximidad de Fuencarral-El Pardo que planteaba reemplazar la arena por caucho para tratar de disuadir a los felinos. El 29 de septiembre, el Servicio de Medio Ambiente y Escena Urbana del distrito emitió un informe favorable en el que se aseguraba que la proposición para sustituir la arena por un pavimento de caucho era “viable técnicamente”. Contra todo pronóstico, y para sorpresa de los vecinos, el concejal presidente, José Antonio Martínez Páramo, frenó la medida en el pleno de enero al alegar un error en la evaluación inicial. “Lo que no vio el técnico es que cuando se instala caucho en un área infantil tiene que haber un porcentaje de espacio verde a su alrededor que drene, porque el caucho es impermeable y, por tanto, si no hay ese drenaje, se producen inundaciones y el deterioro del material”, detalló.
Los vecinos solicitaron acceso a ese documento, que, según denuncian, solo se les facilitó tras varias peticiones a través del portal de transparencia. El informe de los técnicos municipales, al que ha tenido acceso EL PAÍS, no solo señala limitaciones en el sistema de drenaje, también incluye advertencias sobre la posible toxicidad de los materiales empleados en este tipo de pavimentos. En concreto, recomienda extremar la precaución y limitar su implantación. “Aunque no se han identificado riesgos directos para los niños, desde este Servicio, aplicando el principio de precaución, se recomienda limitar su uso, reservándolo para colegios con sistemas de drenaje adecuados o grandes zonas verdes”, se puede leer en la resolución.
La base de esa decisión de los servicios técnicos del Consistorio es la investigación Caucho reciclado y superficies recreativas: una nueva mirada a la química de los microplásticos vulcanizados utilizados en parques infantiles e instalaciones deportivas, publicada por científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en 2023. Una de las autoras, Teresa Moreno, explica que el caucho de colores “contiene muchos metales”, como el zinc, y “plastificantes” en su estructura química. “Algunos de estos productos son disruptores endocrinos, por ende, tóxicos”, detalla por teléfono, al mismo tiempo que indica que la concentración de esas toxinas en el caucho no son lo suficientemente elevadas como para “producir un efecto directo” en la salud.
Respecto a la estrategia de rodear el suelo de caucho de un espacio verde, la coordinadora del Área Global Vida del CSIC se muestra reticente. “Instalar vegetación alrededor del área no solucionará el problema. Inicialmente absorberá ese compuesto, pero luego llegará al suelo igualmente. No es una solución a largo plazo”. Moreno propone como alternativa productos naturales: “El corcho natural también es suave y elástico, pero el problema es que presenta menor durabilidad que el caucho. Todos los materiales tienen ventajas e inconvenientes”.
A juicio de La Vaguada es Nuestra, la práctica reciente del propio Ayuntamiento, que ha inaugurado en los últimos meses más de tres parques infantiles con suelo de caucho, incluido uno en el mismo distrito, resulta contradictoria. La aparente discrepancia entre los criterios técnicos y las decisiones ejecutadas que denuncian los vecinos no existe para el Ayuntamiento de Madrid. Un portavoz del Área de Urbanismo asegura que “la negativa a instalar el caucho en el parque José María Íñigo no tiene nada que ver con las características del material. Aún siendo viable, no se recomendaba desde un punto de vista técnico y presupuestario”. La misma fuente apostilla que “el caucho solo puede instalarse en zonas con sistemas de drenaje. Así se establece en el artículo ocho de la Ordenanza de Gestión y Uso Eficiente del Agua en la Ciudad de Madrid. No drenaría lo suficiente, provocando islas de calor y charcos”.
Entretanto, los vecinos de la Vaguada advierten de que el estado actual del parque, con un arenero deteriorado y escaso mantenimiento, supone un potencial foco de problemas tanto para los niños como para otros usuarios y animales del entorno.
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