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Marian se hartó de pagar 1.000 euros al mes por la luz y convenció a sus vecinos para montar la primera comunidad energética de Madrid

Medio centenar de residentes de la colonia Tercio Terol, en el distrito de Carabanchel, viven con placas solares en el tejado e inspiran a otros barrios madrileños a hacer lo mismo

Los vecinos del Tercio Terol posan junto a los paneles solares que han instalado en su colonia este lunes.Víctor Sainz

Carabanchel se rebela contra la factura eléctrica. Después de que los vecinos de la colonia de Tercio de Terol recibieran durante meses facturas muy elevadas de su compañía de la luz, que alcanzaban hasta los 1.000 euros en algún caso, decidieron usar el sol que golpea sobre sus tejados para producir su propia energía. Así se han convertido en la primera comunidad energética de la ciudad de Madrid. Sus viviendas tienen varias particularidades que las hacen idóneas para esto. Primero, no tienen ningún edificio que les bloquee la luz, casi todos los vecinos son dueños de sus tejados y, además, algo cada vez más difícil de conseguir en la capital: todavía quedan vecinos.

La Comunidad Energética Tercio y Terol está hoy conformada por medio centenar de vecinos que se unieron en 2021 para poner placas solares en sus tejados. Aunque la burocracia y la presión de las eléctricas no lo están poniendo nada fácil, el experimento está saliendo tan bien que otros barrios del sur de Madrid se plantean adoptarlo. La idea cobra cada vez más fuerza en estos días, momento en que la convulsa situación internacional amenaza con llevar el precio de la luz de nuevo por encima de los 100 euros el megavatio hora.

Concretamente, el engranaje se puso en marcha después de que a una vecina del barrio, Marian Álvarez, de 59 años, le llegaran durante tres meses consecutivos facturas de Iberdrola de 1.000 euros, como ha comprobado este periódico. Los recibos cuadruplicaban el consumo habitual de su sistema de acumuladores de calor, asociado a la antigua y desaparecida Tarifa de Discriminación Horaria (antes tarifa nocturna). A Álvarez no le quedó más remedio que tomar medidas. Tras hablar con sus vecinos, decidieron movilizarse para crear juntos una cooperativa que ya es la envidia de otros barrios.

Pero el camino no ha sido fácil. Han tenido problemas relacionados con el carácter histórico y protegido de la colonia; se han enfrentado a la burocracia que implica solicitar subvenciones a la Unión Europea para este tipo de proyectos y denuncian que no han contado nunca con el apoyo del Ayuntamiento. No obstante, en el proceso de intentar conseguir facturas más asequibles han creado barrio y, sobre todo, la oportunidad de conocerse en una ciudad donde cada vez hay menos espacios para ello, como destaca Marta Pascual, de 63 años, vecina de la colonia de inspiración inglesa.

Una de las primeras orientaciones para hacer realidad su proyecto llegó de la ONG Light Humanity, que ayudó a instalar placas solares en la Cañada Real cuando Naturgy dejó el asentamiento sin electricidad. Fueron ellos quienes les convencieron de la idoneidad del barrio al no tener grandes edificios enfrente que les taparan el sol. La instalación de placas solares con la idea de ser autosuficientes es ahora solo una de las iniciativas que desarrollan desde la asociación.

Cada vecino ha invertido 2.200 euros por cada kilovatio instalado (equivalente a dos paneles). Por ejemplo, Álvarez hizo una inversión de 6.600 euros para contar con tres kilovatios en su hogar. Otros vecinos, como Marcos Martínez, de 38 años, han adquirido medio kilovatio. En su caso, además, no tiene tejado propio porque vive en un edificio cercano a la colonia, por lo que una vecina le ha cedido el suyo para la instalación de su panel solar. “Todos han compartido nuestros tejados; los vecinos han sido muy generosos”, asegura Martínez. Además, algunos han utilizado los tejados de la sede de la Obra Social San Martín de Porres.

Desde 2021 hasta ahora han pasado por muchas etapas. Algunos vecinos han decidido continuar por libre; otros han preferido esperar a la subvención; y otros se han animado, tras el apagón, a unirse a la comunidad, que actualmente cuenta con lista de espera. “Ser socio de nuestra cooperativa significa ser copropietario de una empresa energética. Es decir, consumirás tu propia energía, 100% verde, sin pagar más y recibiendo el mejor servicio”, aseguran en su página web.

En este momento, son 41 viviendas con paneles pertenecientes a 38 vecinos y a tres familias del barrio que sufren pobreza energética. Han recibido una subvención de más de 100.000 euros, que calculan les devolverá aproximadamente un 40% de lo invertido.

En este modelo, los vecinos inyectan a la red la energía generada por las placas solares instaladas. El vertido pasa a través de un contador como los que se utilizan para medir el consumo. Como todos los participantes están vinculados a la misma distribuidora, ese contador asigna la producción a cada vecino según el acuerdo de reparto establecido, es decir, si participan 10 personas, explica Martínez, se reparten a partes iguales la energía producida. Posteriormente, la compañía descuenta de la factura la energía generada por cada usuario. Además, la comunidad ofrece a los socios un estudio personalizado de la factura. “Podemos acercarnos a tu casa con un potenciómetro y medir la potencia in situ poniendo a funcionar todos los electrodomésticos”, asegura Martínez.

Solo falta el último paso. “Estamos a la espera de la autorización de Iberdrola, la distribuidora, para que active el sistema y la energía captada pase a nuestros hogares y no a la red general”, explica Álvarez desde la “moraleja de Carabanchel”, como ella misma la llama.

Vallecas y Villaverde estudian replicar el sistema

En los distritos de Vallecas y Villaverde ya se están organizando para crear dos comunidades energéticas a partir de los tejados de sus centros educativos. En el caso de Vallecas, el proyecto consiste en la instalación de placas solares en la cubierta de un colegio concertado que ha cedido el espacio mediante un acuerdo por el cual recibirá el 15% de la energía generada para su propio consumo. Además, el 10% de la producción se destinará a familias en situación de pobreza energética, mientras que el 75% restante beneficiará a vecinos y pequeños comercios que han financiado colectivamente la instalación mediante descuentos en sus facturas eléctricas.

La iniciativa tiene también vocación de crecimiento, con la idea de incorporar nuevas cubiertas y crear una red distribuida de instalaciones solares en el barrio. Uno de sus objetivos es desarrollar un modelo replicable que pueda ser utilizado por la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid para facilitar la creación de comunidades energéticas similares en otros distritos. “Actualmente se encuentra en fase de constitución legal y formalización de acuerdos, en coordinación con las administraciones implicadas”, explican desde la comunidad energética Brillaverde.

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