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El caso de K.: cómo el papel de las chicas cobra cada vez más importancia en los crímenes de las bandas juveniles

Un tribunal condena por primera vez a una mujer en una agresión entre Latin Kings y Ñetas por conducir a la víctima a un lugar a sabiendas de que iba a ser atacada

Pequeño altar en homenaje a William, en el lugar en el que fue asesinado en Villaverde, una causa de bandas juveniles en la que hay una mujer investigada.P. P.

El Ñoro, de 30 años, y su novia K., de 25, caminaban por una calle de Madrid un día de agosto de 2024, cuando se encontraron con un grupo de viejos conocidos y estalló un enfrentamiento. Entre ellos estaba un antiguo ligue de ella, que a la vez era enemigo de él. A este hombre lo llamaban Pollo. La hostilidad entre los hombres no solo estaba motivada por los celos sentimentales, sino también porque ambos pertenecían a dos bandas violentas que se han jurado odio eterno. El Ñoro formaba parte de los Ñetas, Pollo era de los Latin Kings. Entre los dos varones estalló un enfrentamiento que acabó con sangre. Ella no empuñó ningún arma, pero se ha convertido en la primera mujer en ser condenada por participar en una agresión de bandas.

Tradicionalmente, el papel de las chicas dentro de estos grupos violentos considerados organizaciones criminales por la justicia, ha sido secundario, de meros peones, incluso de juguetes usados por los miembros de pleno derecho, los varones, para satisfacer sus deseos sexuales. Pero este caso supone la primera vez que la justicia condena a una mujer por ayudar a cometer un crimen entre pandilleros. K. fue sentenciada a dos años y medio de prisión como cooperadora necesaria en una sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid a la que ha tenido acceso este periódico.

Después del primer encontronazo entre El Ñoro y Pollo aquel 13 de agosto en una plaza del distrito de Usera, el primero se tuvo que refugiar en un comercio y huir del lugar. K., la chica, se quedó en la plaza con Pollo y sus acompañantes durante unos minutos. En ese tiempo K. y su pareja se intercambiaron 10 llamadas. La primera de 18 segundos, la última de 35. En esos intercambios telefónicos, El Ñoro, su novio, le ordenó conseguir sacar a Pollo del grupo y conducirlo a una plaza cercana. “Tráeme a ese man”, le dijo. “Le deja claro que quiere resolver la disputa que acababan de mantener individual y violentamente”, recoge la sentencia.

Ella obedeció y logró que Pollo la acompañara, con el pretexto de ir charlando hasta la boca del metro. Cuando estaban de camino a esa plaza, El Ñoro salió de la nada y atacó a Pollo por la espalda con un machete. El agresor arremetió con el arma en la cabeza y, cuando la víctima cayó al suelo, continuó atacando con ferocidad. Pollo apenas pudo protegerse cubriéndose con los brazos y las piernas. Acabó con un pulgar seccionado y profundos cortes en la cara, la rodilla y la escápula.

El atacante y su novia escaparon corriendo del lugar. Poco después fueron detenidos por agentes de la Brigada de Información de la Policía Nacional de Madrid, especializados en este tipo de grupos violentos. Víctima y agresor eran de sobra conocidos por estos investigadores, pues les habían identificado en reuniones de las bandas y les habían intervenido armas en numerosas ocasiones a lo largo de los últimos años. En el móvil del atacante se encontraron muchos elementos identificativos de los Ñetas.

“K. sabía que llevaba la víctima a un lugar peligroso donde era previsible el uso de armas por parte de su novio y en un contexto de hostilidad entre bandas y de continuación, en términos de represalia, de un agrio incidente acaecido poco antes en las proximidades. Conocía el peligro concreto y probable para la integridad física e incluso para la vida del enemigo de su novio a cuya creación estaba contribuyendo de modo objetivo, y le resultó indiferente si llegaba o no a materializarse”, recoge el fallo judicial.

Hace tiempo que los agentes y fiscales especializados en la violencia de las bandas creen que ha llegado el momento de “abrir el melón” del papel de las chicas en los actos violentos de estos grupos. “Muchas veces juegan un papel crucial en los planes de ataque, aunque ellas no empuñen un arma”, señalan fuentes judiciales.

Esta condena marca un hito en la lucha en los tribunales contra estos grupos. El primer frente de batalla fueron los menores, a los que los mayores de edad de las bandas usan normalmente para cometer los peores actos violentos, incluidos asesinatos. Hace años que la justicia ya persigue a los autores intelectuales de estos crímenes de bandas, además de a los materiales. Este mes se está juzgando a tres miembros de los Dominican Don’t Play por el asesinato de un joven a las puertas de una discoteca de Fuenlabrada en octubre de 2022. Los que dispararon la pistola fueron dos menores ya juzgados y condenados, pero ahora los mayores de edad se enfrentan a la mayor pena posible del Código Penal, la prisión permanente revisable, por encargar el crimen.

Las chicas son el siguiente escalón. Aunque las normas machistas de las bandas impiden que ellas sean miembros de pleno derecho, su rol resulta decisivo en muchas de sus acciones violentas. El 28 de abril de 2022, Alejandro Pérez, miembro de los DDP, fue ejecutado por un grupo de menores de los Trinitarios cuando salía de su casa. En su móvil se encontró después una conversación con una chica que lo invitaba a verse esa misma tarde y fue asesinado en el camino a esa cita. Las chicas como cebo para atraer a los pandilleros a zonas de peligro es algo con lo que los investigadores se encuentran constantemente cuando analizan los móviles de víctimas y detenidos.

La de K. fue la primera, pero poco después, otra mujer fue condenada también como cooperadora necesaria a 21 años de prisión. En los próximos años puede que se vean más condenas como estas. En diciembre de 2022, William Bonilla, un adolescente de 15 años fue acribillado a balazos en la plaza frente a su casa, en Villaverde. La intensa investigación que siguió a ese crimen ha llevado a tres Dominican Don’t Play a prisión preventiva, pero también se encuentra investigada en la causa una mujer, que fue la que condujo el coche en el que el autor de los disparos llegó a la plaza en la que cargó contra William.

El pasado 20 de febrero, Juan Esteban Rubio, un joven de 20 años, fue apuñalado en Valladolid mortalmente en el pecho por un menor de 13. Aunque el autor de las puñaladas sea el chico, también han sido detenidas y se encuentran en un centro de menores y en prisión dos chicas que presuntamente lo acompañaban y que contribuyeron a acorralar a la víctima.

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