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La ‘rave’ del pantano del Cenajo en Albacete no afloja: “Puede que no se vayan de rositas”

La Subdelegación del Gobierno confirma identificaciones para dar con los organizadores de la Big Fucking Party. Agentes de la Guardia Civil resultaron heridos, según la AUGC

La amenaza de lluvia y nieve para estos días no disuade a los 3.500 asistentes que, según las autoridades, participan desde la pasada Nochevieja en una rave ilegal junto al pantano del Cenajo, en la localidad albaceteña de Férez. Unos 300 guardias civiles vigilan los accesos por carretera para impedir la llegada de más gente, aunque muchos de ellos han conseguido burlar esos controles a través de los caminos que rodean el embalse. Apenas un puñado de vehículos con matrícula francesa han empezado a abandonar este fin de semana la Big Fucking Party, que logró clavar su bandera en este punto de la Sierra del Segura pese a los esfuerzos de la Guardia Civil para abortar la cita en las últimas horas de 2025.

La fiesta sigue su curso, al son de la música electrónica desplegada en sus diversos escenarios, sin que se hayan notificado incidentes de gravedad. “Sí se han levantado bastantes actas por tenencia de drogas”, explica Miguel Juan Espinosa, subdelegado del Gobierno en Albacete. Sólo consta un herido por autolesiones que fue trasladado al Hospital de Hellín.

La intervención de la Guardia Civil se limita, eso sí, al perímetro de la rave, ya que se ha evitado acceder a su interior para evitar enfrentamientos como el vivido el pasado 31 de diciembre en Cordovilla, cuando varios agentes y vehículos policiales que intentaban interceptar el convoy de vehículos en esa localidad, una pedanía de Tobarra, sufrieron daños por el lanzamiento de piedras y otros objetos. Este episodio marca la diferencia respecto a otras ediciones de la Big Fucking Party, en las que, recuerda Espinosa, “no se habían producido enfrentamientos con los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado”.

El subdelegado pide que no se acerque nadie más al lugar. La rave se está celebrando a escasos metros del pantano y las lluvias que se prevén este fin de semana podrían provocar una crecida repentina complicando las labores en caso de desalojo. “Están a pie del embalse y nos da bastante miedo que el pantano pueda crecer”, afirma Espinosa, que apunta también al lodazal que podría originarse en el enjambre de caminos que llevan a la fiesta.

“Una masa hostil”

La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) ha denunciado la “absoluta falta de dirección y previsión” que ha marcado el dispositivo policial de esta rave, con un operativo preventivo que “se ha convertido en una crisis de seguridad pública que ha desbordado los recursos locales” y que ha obligado al despliegue de los agentes de las USECIC (Unidades de Seguridad Ciudadana) y de los GRS (Grupos de Reserva y Seguridad) de varias provincias. “La cadena de mando subestimó gravemente la magnitud del evento, dejando a los primeros intervinientes totalmente vendidos ante una masa hostil”, asegura la AUGC en un comunicado.

Espinosa asegura que se ha identificado a varios de los asistentes y que los organizadores del evento no saldrán, como en ocasiones anteriores, indemnes. “Es una organización criminal perfectamente organizada, con planes alternativos. Hay unos cabecillas que se encargan de las ubicaciones, de la infraestructura y de la puesta en funcionamiento. Estamos investigando y puede que esto tenga sus frutos y no se vayan de rositas”, advierte el subdelegado a EL PAÍS.

La Big Fucking Party es una fiesta que se mantiene en un secretismo absoluto hasta el día que comienza, con localizaciones que sólo se desvelan a través de mensajes privados y que, a menudo, se sitúan en zonas poco pobladas. Un espíritu que remite en algunos aspectos a Sirât, la película de Oliver Laxe que narra la búsqueda de una joven desaparecida en una rave en el desierto marroquí. Los organizadores repiten ubicación en Castilla-La Mancha, tras la edición que el año pasado se celebró en las inmediaciones del aeropuerto de Ciudad Real.

En Férez, con unos 600 habitantes, el ambiente, cuenta su alcalde, Francisco Javier Jaime, es de “tranquilidad”, pese a la “expectación” de las primeras horas. “Las caravanas de coches crearon al principio un poco de alarma, pero una vez que se supo lo que era la gente está tranquila y algunos se acercan a la zona a curiosear”, señala. Eso sí, no hay beneficio económico para el pueblo. Los asistentes tienen todo lo necesario dentro. “Algunos sí entraron los primeros días a algún supermercado o se tomaron algo, pero no nos influye mucho”.

Jaime describe la rave como “un poblado grande de caravanas y de camiones”. “Están muy bien instalados. Hay calles a las que han puesto incluso nombres”, relata el regidor sobre una fiesta asentada sobre las ruinas de Alcantarilla de Jover, una aldea expropiada en los años 60 para la construcción del embalse del Cenajo, visible cuando las aguas bajan de nivel y se puede ver un antiguo puente romano. Colectivos como la Protectora de Animales y Plantas de las Sierras del Segura y Alcaraz o la Asociación de Profesionales del Trabajo Social Tejiendo Redes han repartido un protocolo de prevención entre los asistentes para respetar el territorio y la tranquilidad de los vecinos de una comarca muy envejecida, “históricamente maltratada por el abandono institucional y las grandes obras hidráulicas”. “Disfrutad de la música y las estrellas con respeto por este territorio y su memoria”, recogen los pasquines escritos en varios idiomas, con un llamamiento expreso a los ravers para que mantengan despejada la N-330, una infraestructura “vital” para que estos pueblos puedan llegar al Hospital de Hellín.

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