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La construcción de un parking en Madrid desvela huesos y otros restos de un cementerio impulsado por Carlos IV

Los vestigios tienen valor arqueológico y los expertos los consideran correspondientes con el cementerio general del norte, construido entre 1804 y 1809

A la izquierdas, bolsa de plástico con huesos encontrados durante los trabajos arqueológicos con motivo del párking de Arapiles.

Pasó con las obras de la línea 11 de Metro de Madrid: además de los restos de una colonia falangista construida por presos republicanos, desenterraron huesos humanos, y lo que quedaba del Real Canal del Manzanares. Ocurrió con la reforma de la estación del suburbano en Gran Vía, que sacó de bajo tierra cabezas de león, azulejos y otros vestigios diseñados por el arquitecto Antonio Palacios. Y sucede también ahora con las obras para construir un aparcamiento subterráneo en la calle Arapiles de la capital, situada en el distrito de Chamberí, y por lo tanto en pleno Conjunto Histórico Recinto de la Villa de Madrid, que está reconocido como Bien de Interés Cultural: los trabajos previos han desvelado un osario del siglo XIX, según la Comunidad de Madrid, cuyos primeros huesos, aparentemente, acabaron en una bolsa de plástico. Porque los casi 500 años de capitalidad de Madrid se reflejan en algunos de sus edificios históricos, pero también en los secretos y tesoros que resguarda bajo suelo, a la espera de ser desenterrados.

“Están sacando pequeños restos, pero la obra sigue”, explica Carlos Álvarez, representante de la promotora del aparcamiento. “La licencia conlleva estudios arqueológicos que dependen de la dirección general de patrimonio de la Comunidad de Madrid”, sigue. “Y lo que han encontrado es un pequeño osario, porque esa zona era antes un cementerio”.

La intervención para construir este aparcamiento subterráneo de cuatro plantas y 130 plazas cuenta con la oposición de los vecinos, que llegaron a expresar su rechazo con pancartas colgadas de sus balcones. A nadie le puede extrañar que se hayan encontrado restos de valor arqueológico, pues los expertos esperaban dar con vestigios del cementerio general del norte, construido entre 1804 y 1809 bajo la dirección de Juan de Villanueva y el impulso de Carlos IV. ¿La razón? Que se extendía entre lo que hoy es la calle de Magallanes, con puerta a la de Arapiles (donde es la obra), calle de Fernando el Católico, Plaza del Conde del Valle Suchil y Rodríguez San Pedro.

Así, la Dirección General de Patrimonio (DGP) ya advirtió en 2020 de que esta intervención requeriría de “control arqueológico intensivo de los movimientos de tierras necesarios”, según se lee en documentación interna a la que accedió EL PAÍS. Y se añade: “El control arqueológico de todos los movimientos de tierra consistirá en la presencia de un arqueólogo de forma intensiva y continuada, mientras se realicen los movimientos de tierra que la ejecución del proyecto tiene previsto”.

Ese protocolo, que lleva a paralizar inmediatamente la obra en cuanto se encuentra algo de valor histórico, es el que se activó con los huesos encontrados en la obra de este aparcamiento.

“Se está realizando una Intervención Arqueológica que ha sido prescrita y autorizada con carácter previo por la Dirección General de Patrimonio Cultural y Oficina del Español de la Comunidad de Madrid con motivo del Proyecto de Aparcamiento Subterráneo situado en la Calle Arapiles 8 al encontrarse en una zona de interés arqueológico“, explica un portavoz de la Consejería de Cultura del gobierno regional, que dirige el consejero Mariano de Paco Serrano. ”Estos restos óseos exhumados pertenecen al siglo XIX, a falta de análisis más profundos", añaden. “Debieron formar parte de una fosa común u osario que normalmente estaban presentes en los cementerios para desahogo y limpieza de estos”, amplían. “Como materiales arqueológicos asociados, únicamente se han recuperado tres posibles monedas, que aparecieron unidas y en las que no se puede leer nada hasta que nos sean restauradas”.

Pero las obras continúan. Y con ellas, previsiblemente, los descubrimientos de valor arqueológico. Porque el corazón de Madrid sigue guardando bajo tierra numerosos secretos.

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