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Rosa Crujeiras, la primera universitaria de la familia llega a rectora: “Quiero devolver a la educación pública lo que me dio”

La nueva máxima autoridad de la Universidad de Santiago prepara medidas para apoyar a los estudiantes vulnerables y fomentar el pensamiento crítico ante la ola reaccionaria

Rosa Crujeiras, nueva rectora de la Universidad de Santiago, el pasado viernes en el claustro del Pazo de Fonseca.ÓSCAR CORRAL

Galicia, 1988. Un inspector de Educación escucha a un maestro rural maravillado por el talento matemático de una de sus alumnas. El profesor cree que hay que apoyar a aquella brillante niña de 10 años. Su interlocutor le pregunta dónde vive la cría. Tras saber que es vecina de Artes, una pequeña parroquia del municipio marinero de Ribeira (A Coruña), el funcionario dicta sentencia: “Con que sepa las cuatro reglas es suficiente”. La escolar se llamaba Rosa Crujeiras Casais y acaba de ser elegida rectora de la Universidad de Santiago (USC) porque su familia y el maestro ignoraron el veredicto.

Hija de marinero y ama de casa, nieta de una trabajadora de una conservera y de otra mujer analfabeta, Crujeiras se convirtió en la primera persona de su familia que se sentó en un aula universitaria. Entre las preocupaciones que guían el proyecto de esta matemática, de 48 años y madre de dos hijos, está combatir la desigualdad de oportunidades entre el alumnado. “No podemos hablar de excelencia y rendimiento académico si no vemos las circunstancias en las que se desenvuelven nuestros estudiantes”, esgrime la primera mujer que corona la cima de la educación superior en Galicia. “Tenemos que implantar políticas sociales que atiendan sus situaciones de vulnerabilidad para que nadie quede fuera del sistema”.

Catedrática de Estadística, la nueva rectora señala como causas de esas vulnerabilidades los disparados precios del alojamiento en la turística ciudad del Apóstol y el aumento en Galicia de los hogares de cristal, aquellos en los que cualquier gasto imprevisto rompe la frágil economía familiar. Ya ha iniciado contactos con los gobiernos locales de las dos ciudades que abarca la USC (Santiago y Lugo) para buscar soluciones. Además de crear más plazas en las residencias públicas, les propone a estos ayuntamientos programas para que los estudiantes compartan vivienda con familias monoparentales o con personas mayores que viven en soledad. Crujeiras quiere acercar también la universidad a los nuevos gallegos, esos jóvenes inmigrantes gracias a los cuales la caída de natalidad que arrastra la avejentada Galicia no se traduce en una pérdida de población.

Mientras el número de universidades privadas no deja de crecer en España, Crujeiras advierte de que “el aumento de esa oferta en absoluto garantiza la igualdad de oportunidades”. Critica que “no se facilite” que el sistema público pueda acoger a todo el que quiere estudiar en él. Pone un ejemplo: la falta de plazas suficientes en la USC obliga a sus alumnos a cursar en la privada el Máster de Enseñanza Secundaria, que es además habilitante. Pasa lo mismo con otros títulos. “Yo vengo de la enseñanza pública, de un colegio rural, y fue esa enseñanza pública la que me permitió llegar hasta aquí. Creo que tenemos que seguir defendiendo esto, porque como sociedad no podemos desaprovechar talento por falta de recursos”, incide.

A Galicia la privatización de la educación superior llegó en 2022 con alfombra roja. Ese año, la Xunta permitió la puesta en marcha del primer centro de este tipo, la Universidad Intercontinental de la Empresa (UIE), propiedad de Abanca, principal banco de la comunidad. La fuerte oposición de las universidades de Santiago, A Coruña y Vigo fue ignorada por el Gobierno de Alberto Núñez Feijóo, que permitió a la UIE impartir carreras que ya existen en la pública pese a que la normativa gallega restringe la multiplicación de títulos. Crujeiras critica que esas limitaciones sobre duplicidades “no se le apliquen a la privada” y defiende el papel de “cohesión social” y la calidad académica que atesoran las instituciones públicas: “La pública no puede competir con la privada en simplificación y precarización. Tenemos que exigir un marco de competencia donde a la pública se le permita ejercer el rol que tiene con medios y recursos”. La financiación universitaria, sostiene, debería alcanzar el 1% del PIB.

La nueva rectora de Santiago dirigía hasta ahora el Centro de Investigación e Tecnoloxía Matemática de Galicia (CITMAga) e hizo carrera investigadora dentro y fuera de la universidad en la que se formó. Estuvo en Lovaina, en Bélgica, y regresó a Galicia “gracias a una carambola” en 2009, en pleno derrumbe económico. Cuando para casi todos los investigadores era imposible el retorno, a ella se le abrió un hueco milagroso en el departamento de Estadística. “No volví por las condiciones, las de Bélgica no tenían ni punto de comparación, pero lo hice porque quiero devolver a la universidad pública y a la educación pública parte de lo que a mí me dio”, explica. Ahora se propone mejorar las condiciones para que regresen del extranjero otros talentos formados en la USC, sobre todo ante la oleada de jubilaciones que tendrá que afrontar la institución en los próximos años. Facilitar el relevo generacional de la plantilla, tanto en la docencia e investigación como entre el personal de administración y servicios, es otra de sus preocupaciones.

“Buenos días, jefa”

Crujeiras ha tocado todos los palos universitarios. Además de haber sido vicerrectora y ocupar puestos de gestión en su facultad, se ha mantenido al pie del cañón en el aula, impartiendo matemáticas ante estudiantes de disciplinas tan dispares como Filología, Enfermería o Ingeniería. Sometida estos últimos meses al foco de las redes sociales, ha percibido cómo prenden los discursos reaccionarios en una parte de los universitarios. Desde su gobierno, se propone “potenciar el pensamiento crítico y promover el feminismo, la igualdad, los derechos humanos, la cultura y la memoria democrática”: “Somos un espacio de pensamiento crítico y reflexión, pero no todas las posiciones o argumentos son admisibles. Cuando chocan con los derechos sociales y la igualdad, no tienen cabida en la universidad”.

En 2018, Crujeiras tecleó en Google el nombre de aquel maestro rural que se preocupó por que no desperdiciara su talento matemático: Francisco Sóñora Luna. Descubrió con sorpresa que, además de dar clase en un instituto de secundaria en Noia (A Coruña), era profesor asociado de la Universidad de Santiago y decidió contactarlo. Fue entonces cuando él le habló del inspector de Educación que consideraba “suficiente” para una niña de aldea saber “las cuatro reglas”. En Artes, ese pequeño lugar donde se crio, el pasado jueves se celebró por todo lo alto el triunfo de su ilustre vecina en las elecciones. No dejaron de llegar felicitaciones a la casa de Os de Pena, como se conoce a su familia. A la mañana siguiente, la nueva rectora recibió en su móvil un mensaje del maestro Sóñora: “Buenos días, jefa”.

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