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El genocida nazi Maks, ‘El Carnicero’, se queda sin escudo en Valencia

El Gobierno ordena retirar la simbología fascista de la tumba del general croata Luburić, asesinado en Carcaixent, cuya violencia sorprendió incluso a los jerarcas del III Reich

Funeral de Vjekoslav Luburić, celebrado en Carcaixent, en 1969.

En el archivo personal del criminal de guerra Vjekoslav Luburić se puede leer: “El escudo croata está compuesto de 25 campos cuadrados en cinco líneas horizontales y cinco verticales. Los cuadros son blancos y rojos alternativamente”. Desde 1976, siete años después de su asesinato, tal escudo adorna la tumba de Luburić en el cementerio de Carcaixent, a 48 kilómetros de Valencia. Hasta ahora: el Gobierno acaba de incluir este inquietante panteón en el Catálogo de Símbolos y Elementos contrarios a la memoria democrática. El escudo debe ser retirado de inmediato y el lugar incorporará paneles informativos sobre las actividades del muerto: las matanzas de serbios, judíos, gitanos…en los campos de concentración de la Croacia aliada del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Maks (el carnicero) Luburić sorprendió por su determinación y violencia hasta a los jerarcas del III Reich.

El escudo de la actual Croacia democrática es diferente. Su diseño data de 1990 y presenta diferencias con el utilizado durante el régimen de Ante Pavelić, el presidente croata durante el nazismo. Pavelić está enterrado en el cementerio de san Isidro de Madrid. En el actual escudo, por ejemplo, el primer cuadrado es rojo y no blanco (aunque la secuencia contraria de colores también figura en escudos croatas anteriores a los años cuarenta). Y ahora no aparece una espada, como la de la tumba Luburić. La resolución del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, con fecha de 16 de abril, lo indica con estas palabras: “Sobre un pedestal de granito negro se alza una cruz de bronce, bajo la que se encuentra el escudo de la Ustaša, representado por una espada y el tablero de ajedrez croata con el primer cuadrado blanco, símbolo del Estado Independiente de Croacia”.

El documento legal añade: “En la Europa de entreguerras hubo numerosos colaboracionistas con los nazis que, una vez ocupados sus países, desencadenaron políticas genocidas contra la población serbia, la judía y la gitana, en definitiva, contra sus propios conciudadanos. Maks (el carnicero) Luburić fue uno de los más destacados. No en vano, fue uno de los dirigentes del campo de concentración y exterminio de Jasenovac que, entre 1941 y 1945, asesinó a entre 56.000 y 97.000 personas (serbios, judíos, romaníes y comunistas, entre otros)”.

El mismo Luburić se definía tranquilamente como “criminal de guerra por la gracia de Dios”. Así lo hizo en mayo de 1961, en una carta dirigida jefe del Tercio 34 de la Guardia Civil de Valencia, Ildefonso Martínez. La carta se encuentra también en el archivo personal del croata, hallado casualmente en pleno siglo XXI en una casa de campo abandonada.

Las relaciones de Vjekoslav Luburić con las autoridades franquistas eran fluidas. Con el franciscano Miguel Oltra, un teólogo de la máxima confianza de la esposa de Franco, Carmen Polo, llegó a compartir negocios y cuentas bancarias.

El franquismo había recibido con los brazos abiertos al fugitivo croata desde el primer momento, cuando huyó de los Balcanes perseguido por los partisanos de Tito y los ejércitos aliados. El régimen de Franco le facilitó una identidad falsa (Vicente Pérez García), impulsó sus negocios (primero una granja en Benigànim y más tarde una imprenta en Carcaixent) y le ofreció protección, aunque no muy eficaz en el momento clave: el 20 de abril de 1969 (tal día como hoy), otro inmigrante de origen croata, IlijaStanić, entonces de 23 años, lo asesinó a golpes en el domicilio de Carcaixent. Stanić esquivó a la policía franquista y a la Interpol durante décadas. Fue localizado por este periodista en Sarajevo muchos años más tarde, en 2003, cuando el delito estaba prescrito judicialmente.

La prensa franquista siempre atribuyó el crimen a una conspiración de la entonces Yugoslavia comunista. Ilija Stanić sería, en consecuencia, un espía enviado por el mariscal Tito con la finalidad de infiltrarse en la organización de Vjekoslav Luburić, obtener información y, finalmente, acabar con él. Porque el general encabezaba una organización de exiliados croatas que no se limitaba a imprimir panfletos anticomunistas, también fomentaba acciones violentas contra diplomáticos yugoslavos en países occidentales. Sin embargo, la versión periodística ofrecida por Stanić en 2003 incluye lagunas y contradicciones que autorizan a dudar de su completa adscripción a los servicios secretos de Tito.

En cualquier caso, tanto si el crimen fue motivado por una conspiración política como si arrancó de causas personales, nada cambia desde el punto de vista de las víctimas y de la memoria democrática: Luburić ordenó asesinar a decenas de miles de personas inocentes. Y la presencia de su tumba en un lugar preferente del cementerio de Carcaixent siempre ha incomodado a los demócratas.

El ayuntamiento intentó exhumar el cadáver, pero los hijos de Luburić, que poseen una concesión por 99 años, siempre se han opuesto. Por su parte, Conrado Daza, portavoz de Podem en Carcaixent, ha llevado el caso ante la Alianza Internacional de Recuerdo del Holocausto, el Defensor del Pueblo de Croacia, el Museo de las Víctimas del Genocidio Serbio, la Fiscalía de Valencia y la Dirección General de Promoción de la Memoria Democrática. Así se detalla en la resolución ministerial, que finalmente se ha hecho eco de la reivindicación.

En los años setenta del siglo pasado, un joven Arcadi España participó en las pintadas con las que una mañana despertó el pueblo: “Fora feixistes de Carcaixent” (“Fuera fascistas de Carcaixent). El actual ministro de Hacienda lamenta, emocionado, que su padre no llegara a ver cómo un Gobierno –en el cual su hijo gestiona una cartera clave– haya decidido que la tumba incluya unos paneles para explicar exactamente lo mismo que supadre ya decía en los setenta: que Luburić fue un fascista.

Francesc Bayarri es autor del libro ‘Cita a Sarajevo’ (Austrohongaresa de Vapors)

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