El concierto de Pau Casals que el Golpe de Estado desbarató
El Palau de la Música acoge la Novena de Beethoven en homenaje al violonchelista y a la soprano Conxita Badia


El maestro Pau Casals, su orquesta, el Orfeó Gracienc y la soprano Conxita Badia estaban aquel 18 de julio de 1936 ensayando en el Palau de la Música la Novena sinfonía de Beethoven que iban a interpretar un día después en el Teatre Grec en Montjuïc. Un emisario de la Generalitat interrumpió entonces a los músicos y les comunicó que se había producido un alzamiento militar y que el concierto se anulaba. Todos se dispusieron a guardar sus instrumentos e irse corriendo a sus casas pero Casals les dijo: ‘Amigos, cantemos juntos la Oda a la Alegría porque no sabemos cuándo nos volveremos a ver’. No se equivocó: no se volvieron a reunir y el concierto, que iba a inaugurar la Olimpiada Popular en contraposición a los Juegos de Berlín, con Hitler al frente, nunca se celebró.
Justo 90 años después, el Palau acogerá el martes, aniversario de la proclamación de la República, esa misma sinfonía, interpretada por la Orquesta Simfònica de Sant Cugat e inscrita en el Any Conxita Badia (1897-1975) que conmemora el 50 aniversario de su muerte. Mireia Domènech, comisaria y bisnieta de la soprano y también pianista, maestra y compositora, cuenta que esa frase de Casals se ha ido transmitiendo por tradición oral a los familiares de los músicos. Su abuela Mariona, hija de Conxita, así lo explicaba.
Domènech afirma que Casals era un visionario y que intuyó lo peor. “Hubo gente que se fue al frente o al exilio. Mi bisabuela resistió hasta 1937 y con sus tres hijas se marchó a París por consejo de Casals. Allí cantó en el Pabellón de la República de la Exposición Universal”. La guerra quebró la Orquesta Pau Casals, que funcionaba con regularidad y que fue una de las primeras de España en la que los músicos cobraban y eran profesionales. Habían tocado muchas veces la Novena.
El Año Conxita Badia, que cuenta con el apoyo de la Generalitat, ha organizado 150 actos, incluidos conciertos, una gira y la edición de un disco con grabaciones de la soprano. La idea de recuperar el espíritu de aquel concierto partió de una persona vinculada a la orquesta de Sant Cugat cuando se presentó el programa conmemorativo. “No es solo un homenaje a ellos dos. Es para todos esos músicos comprometidos con la República y las Olimpiadas populares”, dice Domènech, que añade: “Décadas después, la Oda a la Alegría, ese canto a la paz, ha acabado siendo el himno europeo”.

Además de la Novena, el repertorio incluye la pieza La rosa als llavis, de Eduard Toldrà, que había ganado el premio Isaac Albéniz, equivalente ahora, que había ganado el premio Isaac Albéniz, equivalente al premio nacional de música y que nunca recibió al estallar la guerra. Salvador Brotons, director de la orquesta de Sant Cugat, explica que cuando se le concedió, la soprano y sus amigos fueron a casa de Toldrà con una rosa en los labios para anunciarle la distinción. La partitura quedó en un cajón hasta que ella regresó del exilio en Argentina en 1947 y se interpretó en el Palau en un gesto no muy del agrado del franquismo. Brotons también ha orquestado canciones que compuso Badia.
Discípula de Enric Granados -estudió en su academia-, Pau Casals -escribió canciones para ella- y de Manuel de Falla -compartieron exilio en Argentina- , Badia se dedicó básicamente a su regreso a Barcelona a dar clases teniendo como alumna, por ejemplo, Montserrat Caballé. Nunca perdió el contacto con Casals a quien visitó a menudo en Francia. Badia está considerada como una célebre soprano, pero es desconocida para el gran público. La guerra truncó su carrera, pero su bisnieta está segura de que sería más popular de haber sido un hombre. “A la más perfecta liederista que nunca haya oido. ¿Los ángeles cantaban con tanta perfección?”, le dedicó el tenor Francesc Viñas en 1933. Tras el concierto del Palau, el Any Conxita Badia hará paradas en Viena, Londres y París y culminará en junio en un acto en el Palau de la Generalitat.
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