El problema de las bajas sin cubrir de los monitores de alumnos con trastornos: “Sin este apoyo, los niños están perdidos”
El pasado mes de septiembre, 2.800 horas de veladoras quedaron pendientes por la falta de sustitutos debido a la precariedad laboral


En una escuela del Eixample de Barcelona cuentan con cuatro monitoras de apoyo educativo que asiste a los alumnos con discapacidad o algún trastorno de aprendizaje —las denominadas vetlladores en la jerga escolar—, lo que se traduce en 60 horas de atención. Hace unas semanas, una de ellas cogió una baja, pero la entidad que gestiona este servicio no envió sustituta. “Dicen que no tienen personal para tan pocas horas. Nosotros conocemos veladores y les decimos que se ofrezcan a la empresa”, apuntan desde la dirección de la escuela. Cuando esto sucede, el centro debe hacer malabarismos y repartir, como puede, el resto de recursos para atender a estos alumnos. “Vamos moviendo recursos y personal según la urgencia”, admite la dirección.
El problema de las dificultades para encontrar sustitutos lo sufren muchas escuelas. “Hasta ahora era una empresa de Sevilla y no te cogían el teléfono. Si la veladora te cogía la baja no se cubría y además hay un máximo de horas”, explican desde una escuela de Rubí que cuenta con dos monitoras de apoyo, una de las cuales con bajas reiteradas el curso pasado que no se cubrieron.
Solo el mes de septiembre pasado quedaron 2.775 horas sin cubrir, lo que representa un 5% del total, según datos del Departamento de Educación obtenidos por transparencia. Lo que el Departamento no detalla es la media de horas sin cubrir de todo el curso pasado y se limita a asegurar que “se ejecutó el 94,5% del presupuesto total para este servicio”.
Las veladoras son uno de los pilares principales que sostiene el modelo de escuela inclusiva, para lograr que alumnos con discapacidad puedan ser escolarizados en centros ordinarios y no de educación especial. Pero no se trata de un personal propio del Departamento, sino que el servicio se licita y se subcontratan varias empresas. Precisamente, en enero entró en vigor el nuevo contrato, con un valor de 62 millones para casi dos cursos (desde enero de 2026 a agosto de 2027) y que fue adjudicado a Fundesplai, la Fundación Pere Tarrés y Bàsic Serveis Educatius. El nuevo contrato prevé una dotación de 62.316 horas semanales (más 2.129 de veladoras sanitarias) y un coste de 39 millones por curso, un 32% más que anteriormente, con una dotación congelada desde el curso 2023-24.
Los pliegos del contrato indican que este personal debe tener el título de monitor de ocio educativo -como los del comedor o extraescolares-, pero el curso específico de velador no es un requisito obligado, como también admite Fundesplai. En cambio, para la llamada veladora sanitaria -que realiza tareas más concretas de cuidados sanitarios- sí se pide un curso de primeros auxilios y un curso de capacitación en el centro de atención primaria.
Otro de los aspectos que fija el contrato es que, en caso de ausencia de la monitora o veladora (es un sector muy feminizado), “ya sea de forma puntual por un día o unas horas, la empresa adjudicataria lo tendrá que sustituir el mismo día, o como máximo al día siguiente”. Las empresas admiten que les cuesta encontrar personal para realizar un trabajo de corto tiempo, con sueldos bajos y que implican desplazamiento. “Son trabajos precarios, de pocas horas y con mucha rotación”, resume Froilan Salgado, director operativo de Fundesplai. “Cuesta encontrar gente para bajas cortas y jornadas reducidas o en territorios muy descentralizados”, admite la Fundació Pere Tarrés.
“El no cubrir las bajas es una realidad desde hace tiempo. “Y si llega una sustituta es porque, en la mayoría de casos, las buscan las direcciones”, apunta Marta Fucho, veladora en las Terres de l’Ebre y activista por mejorar las condiciones del colectivo. “Somos la obra barata del Departamento”, lamenta, al mismo tiempo que recuerda la importancia de esta figura en las escuelas. “Si falta la veladora el alumno queda desatendido, se rompe su rutina y desaparece la persona de referencia, y entonces eso les genera angustia y pueden causar disrupciones, así que es difícil que los profesores puedan continuar la clase”.
El problema es que estos déficits del sistema se acaban traduciendo directamente en desatención a los alumnos, y en algunos casos la presencia de la monitora de apoyo es clave. Como para el hijo de Pilar, que padece una enfermedad minoritaria que leprovoca una pluridiscapacidad, donde se unen aspectos sanitarios con trastornos de aprendizaje. En su escuela, ubicada en el Vallès Occidental, no cuentan con SIEI -el especialista que trata de forma individualizada, fuera del aula, a estos alumnos, pero sí con veladora -el apoyo se realiza dentro del aula-. Hace un tiempo contaba con 20 horas semanales de esta monitora para su hijo, una cifra que se fue reduciendo hasta las cinco actuales, aunque su caso está en revisión. “Eso es una hora al día. Mi hijo está en 5º de primaria y hay muchas materias troncales sin cubrir, en que no tiene apoyo”, lamenta la madre. “Sin la veladora estos niños están perdidos y necesitan más atención de la maestra, y si son disruptivos interrumpen constantemente la clase. Yo lucho por la veladora de mi hijo, pero también por la maestra y por el resto de compañeros”, zanja la madre.
Reclaman enfermeras escolares
Madres como Pilar, con hijos que necesitan asistencia sanitaria, reclaman que los centros cuenten con una enfermera escolar, y no consideran adecuada la figura de la veladora sanitaria. “Hay que hacer efectivo el decreto de escuela inclusiva, pero se han sacado de la manga la figura de la veladora sanitaria, con una miniformación en el CAP, pero tienen competencia para administrar medicamentos. No son personal sanitario y asumen responsabilidades que no les corresponden, y eso es dejadez de la administración”, reclama esta madre.
En la reivindicación coincide el Colegio de Enfermeras de Barcelona. Su presidente, Borja Manzanares, considera que la veladora sanitaria “no es la solución” y reclama la implantación progresiva de la figura de la enfermera escolar en cada centro.
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