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GABRIEL RUFIÁN
Opinión

El dilema de Rufián

Ante las próximas elecciones españolas Rufián en persona y sus votantes catalanes deberán decidir qué ponen delante: la izquierda o el independentismo

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, durante un diálogo sobre el futuro de la izquierda alternativa, en la sala Galileo Galilei.Álvaro García

Los recientes comicios autonómicos en Extremadura, Aragón y Castilla y León han mostrado sobradamente el fracaso electoral de los partidos a la izquierda del PSOE, causado por su contumaz e incomprensible división y acaso también por una desorientación ideológica incapacitante. Con su sintetismo habitual, Gabriel Rufián lo resumió así tras la debacle castellano-leonesa: “Cero escaños a la izquierda del PSOE. No hacer algo es pura negligencia”.

El “algo” que propone Rufián es el famoso frente de izquierdas en el cual su propio partido (suponiendo que esté a la izquierda del PSOE) y otros partidos de la izquierda llamada “plurinacional” ya han dicho que no piensan participar. El próximo 9 de abril veremos en Barcelona si Rufián puede ser la argamasa que una a Podemos (o lo que queda de Podemos) y a Sumar (o lo queda de Sumar), siempre con el permiso de Izquierda Unida, que a diferencia de las otras dos formaciones todavía bebe de la ortodoxia organizativa del PCE.

La operación Rufián entraña un riesgo: ¿puede un independentista catalán encabezar un frente de izquierdas español? (En un extremo: ¿podría presidir el Gobierno?) Ante las próximas elecciones españolas Rufián en persona y sus votantes catalanes deberán decidir qué ponen delante: la izquierda o el independentismo. En términos prácticos, Rufián tendrá que decidir si encabeza una lista en Madrid o se enfrenta a su partido en Barcelona, donde por cierto en 2023 no obtuvo precisamente un resultado particularmente brillante (ERC bajó de siete a cuatro diputados en dicha circunscripción).

En el contexto europeo existe un precedente que puede resultar instructivo. Antes de las elecciones legislativas de 2024, los belgas podían preguntarse si un independentista flamenco podía ser el primer ministro de Bélgica. Desde el 3 de febrero de 2025, la respuesta es “sí”: el primer ministro de Bélgica, Bart De Wever, pertenece a un partido cuyo objetivo político final es la independencia de Flandes. Lo interesante del caso es que De Wever ha tenido que afrontar un dilema parecido al de Rufián: o anteponía el independentismo flamenco a su ideología conservadora o anteponía su ideología conservadora al independentismo flamenco. Su último libro, Over welvaart (“Sobre la prosperidad”), es la expresión más gráfica de la segunda opción. Con motivo de la aparición de la traducción francesa de la obra, el diario bruselense L’Echo lo entrevistó y De Wever se retrató ante toda Europa: su receta para la prosperidad pasa por reducir las prestaciones sociales y trabar un acuerdo con Rusia para para recuperar el acceso a energía barata, algo que considera “de sentido común”.

A Rufián no se le ve abogando por reducir las prestaciones sociales, pero la posición a la izquierda del PSOE (y del independentismo) respecto a Rusia es otra cosa. La semana pasada, sin ir más lejos, Izquierda Unida rechazó sonoramente la decisión del presidente Pedro Sánchez de comprometer un nuevo paquete de ayudas de 1.000 millones de euros a Kíev que no son para seguir defendiéndose de ninguna agresión rusa sino “para continuar la guerra de Ucrania”.

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