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Ventas, flirteos y deserciones: Las familias del cava se van de casa

Aventuras comerciales, la posibilidad de hacer caja y el desgaste del modelo de negocio más tradicional impulsan cambios en linajes icónicos del Penedès

Las extensiones de viñedos dominan el paisaje en el Penedès.Massimiliano Minocri

El negocio del cava vive días de mudanza. El progresivo goteo de marcas familiares que optan por desvincularse del control que ejerce el Consejo Regulador y las operaciones de venta que implican a bodegas legendarias, como Freixenet y Codorníu, ponen al sector en una situación reputacional insólita. Justo cuando el escenario comercial está repleto de incertidumbres, con la guerra arancelaria sumando tensión a la feroz competencia del mercado de los espumosos, la marca cava tiene que lidiar con debates internos que azuzan rivalidades y causan más dolores de cabeza que brindis de celebración. Esta semana se harán públicos los resultados de ventas de 2025, con el recuerdo de que el último balance público reflejó una caída del 13%. La tendencia choca con los números divulgados por Corpinnat, el grupo de productores díscolos que se desmarcan del Consejo Regulador del Cava y que, tras reportar un aumento de las expediciones del 34,8% y un repunte de la facturación del 27%, identifica el año 2025 como “un punto de inflexión” sin vuelta atrás.

El Penedès es la cuna del cava, un territorio que vive muy pendiente de todo lo que rodea a la uva y al negocio del vino espumoso. Las cifras del cava siguen siendo grandiosas, con una facturación global que supera los 2.000 millones de euros, con presencia en más de 100 países y un volumen exportador que roza el 70%, pero el sector transita por un camino serpenteante y ha dejado referentes en la cuneta. La reciente venta del 100% de Freixenet a la alemana Henkell era algo que se veía venir desde que, justo hace ocho años, la compañía alemana entró en el accionariado de la bodega que históricamente estuvo controlada por los apellidos Ferrer y Bonet. “Pedro Ferrer seguirá vinculado a la compañía, ya que asume el cargo de presidente de honor de Freixenet, junto a José Luis Bonet”, reza el comunicado que emitió la compañía el pasado 3 de marzo, tras rubricarse el traspaso de todas las acciones a Alemania.

Freixenet es un gigante que despacha 100 millones de botellas y que tiene tanto poder de arrastre como capacidad de influencia para condicionar la imagen pública del sector. Algo que no siempre ha sentado bien entre el colectivo de productores más partidarios de apostar por la diferenciación que por el impacto de los grandes volúmenes. En el eterno debate, Freixenet había tratado de nadar entre dos aguas, alegando que más botellas no tiene por qué implicar un perjuicio para la calidad del producto. Al quedar totalmente en manos de Henkell, la toma de decisiones se aleja del Penedès.

Codorníu es otra de las grandes marcas del cava. Fundada en 1551, no solo ha lucido la vitola de ser la empresa familiar más antigua de España, sino que fue ejemplo de cómo hacer prosperar un poderoso negocio sin perder el vínculo de sangre Raventós. Sin embargo, según cuentan fuentes que en algún momento tuvieron que intervenir en la gestión de la firma, la diferencia de intereses generó no pocas tensiones familiares. El fondo norteamericano Carlyle entró en Codorníu en 2018 y controla casi el 70% de las acciones. El fondo está inmerso en un proceso de sondeo de mercado para valorar la posible venta o fusión de Codorníu. “No sería ninguna sorpresa que Codorníu se integrara en un grupo más grande”, avanzó el consejero delegado Sergio Fuster, el pasado mes de septiembre en una entrevista a EL PAÍS. También en el caso de Juvé&Camps, otra bodega histórica conocida por sus gamas premium, a la familia Juvé le llegó la hora de desprenderse de parte de sus acciones y se las vendió a Scranton, la sociedad inversora de Grifols.

El vínculo que tienen con el cava antiguos referentes que dieron difusión y empaque al producto se diluye al mismo ritmo al que varias bodegas deciden irse de la casa madre para buscar refugio en un sello alternativo. Corpinnat se presenta como un colectivo de productores más puristas, centrados en elaborar espumosos con una crianza mínima de 18 meses y que dicen huir de las estrategias que persiguen ganar ventas a costa de ajustar los precios a la baja. El precio medio de cada botella que se vende es de 20,4 euros, el doble del precio medio de aquellas que llevan la etiqueta cava.

El Consejo Regulador del Cava rechaza que se pueda presentar al cava como un producto despreocupado por la calidad y defiende que impulsa un “programa global de prestigio” para reforzar la imagen de un sector que despacha más de 200 millones de botellas anuales y que engloba a más de 300 bodegas asociadas. Jaume Serra, la marca que controla el grupo murciano Garcia Carrión, vende 40 millones de botellas. El presidente de la DO Cava es Javier Pagés, exdirector general de Codorníu. Pagés suele evitar en público entrar en peleas con las bodegas que han renegado del cava, pero en el Consejo Regulador cunde la idea de que la descoordinación y el individualismo penalizan la imagen del producto y desorientan al consumidor.

Las ventas de Corpinnat apenas superan los 3 millones de botellas y la facturación es de 34 millones de euros, muy lejos de los números del cava. “Corpinnat ha dejado de ser un proyecto emergente”, asegura Pere Llopart, presidente de la asociación. Su apellido remite a una de las marcas clásicas del Penedés, lo mismo que el del número dos de la asociación, Roc Gramona. A Corpinnat, que empezó con seis bodegas y ya cuenta con 21, también se han unido más linajes muy ligados a la viña: Nadal, Torelló, Recaredo o Torelló Mata con Kripta. “El año 2025 marcó un punto de inflexión”, asevera Pere Llopart. El y Roc Gramona, en un acto reciente para facilitar el balance del último ejercicio, evitaron avanzar datos sobre cuántas bodegas llaman a la puerta de Corpinnat para optar a ser miembros de la asociación, pero señalan que hay candidatos.

Hechos como la venta de Freixenet a la alemana Henkell, ¿incentivan la mudanza o detiene deserciones en el cava? “Cualquier suceso que afecte al sector tiene un impacto”, se limitó analizar a Llopart.

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