El entrenador acusado de agresiones sexuales a dos menores defiende que no veía “delito” en las relaciones
El preparador de un equipo de baloncesto del Cercle Catòlic de L’Hospitalet afronta una petición de pena de 43 años de prisión


El entrenador de baloncesto del Centre Catòlic de L’Hospitalet, S. G. M., acusado por cuatro abusos sexuales a dos chicas menores que jugaban en su equipo ha admitido este jueves haber tenido relaciones sexuales en tres de esos encuentros, pero de forma consentida y, según ha sostenido, sin consciencia de estar incumpliendo la ley por la edad de las chicas: “No lo veía como un delito”, ha dicho, tras admitir que poco antes había mantenido una relación de pareja con otra niña del club, de 15 años. Fiscalía pide para él, que tenía 20 años, una pena de prisión de 43 años por esos abusos a unas niñas que contaban, en el momento de los hechos, 14 y 15 años. Para evitar su revictimización, las dos víctimas han pedido testificar a puerta cerrada, protegidas por un biombo para evitar cruces de miradas con el acusado y acompañadas por trabajadoras sociales. El juicio ha quedado suspendido hasta el 9 de abril después de que el abogado del defendido pidiera que se escuchara el testimonio de un psicólogo y un psiquiatra a raíz de los problemas que arrastra el hombre.
Según la descripción de los hechos del acusado, entre él y sus dos presuntas víctimas en 2019 existía una relación de afinidad por cuestiones personales, cuestión que, según ha relatado, le permitió mantener conversaciones por Whatsapp con ellas en una primera fase y, después, quedar en su casa, donde se cometieron los abusos sexuales, según relata el escrito fiscal. Los Mossos d’Esquadra detuvieron al acusado en 2021, después de que otra chica le denunciara por haber intentado con ella hechos similares. Una vez arrestado, saltaron las alarmas, porque constaban dos denuncias similares anteriores.
Una joven a la que también había entrenado el acusado ha comparecido como testigo este jueves y ha explicado una historia similar, que no fue a más, pero que acabó desembocando en una denuncia en el club que concluyó con su despido como entrenador. Ha reconocido que en aquel momento, cuando contaba 14 años, reconoció sentir “incomodidad” por el tono que tomaba la conversación por whatsap con el entrenador, una vez que ella ya había dejado de formar parte de su equipo. Ha explicado cómo S. G. M. fue a verla al entrenamiento en el Centre Catòlic, justamente un día al que no asistió. Después, ya de noche, un 13 de enero de 2021, le envió un mensaje e iniciaron una conversación, en la que le dijo que era su “prefe”, que fue a más. Después, tras comentarlo con una amiga, decidieron trasladarlo al club y, si bien un coordinador le recomendó en primera instancia que borrara los mensajes, el entrenador fue apartado de sus funciones por el club.
En uno de los casos relatados por la Fiscalía, el entrenador logró que una de las jugadoras, de 14 años, fuera a su domicilio en junio de 2018, donde mantuvieron relaciones sexuales. Otras dos agresiones sexuales se repetirían con una segunda víctima del equipo en julio del mismo año también en su piso. Con esa misma víctima hay otra acusación: durante un campeonato que el equipo jugó en Comarruga, en Semana Santa, cuando el entrenador envió un whatsapp a otra jugadora durante la última noche de la concentración para que fuera a su habitación, donde después de beber bebidas alcohólicas supuestamente le practicó sexo oral y la penetró vaginalmente aprovechándose de su estado de semiinconsciencia. Este último caso es el único que ha negado S.G.M., mientras que en los otros tres casos, según su versión, las relaciones fueron consentidas.
S. G. M. ha mostrado en todo momento una actitud serena y ha rechazado la idea de haber abusado de las niñas: “No lo haría”, ha dicho, si bien sí ha asegurado que no quería que los hechos fueran conocidos porque no será bien vistas las relaciones de un entrenador con jugadoras. Ha rechazado que el tema de la edad fuera relevante —“yo venía de una relación con una chica de un año más“, se ha defendido—, si bien en un mensaje enviado a una testigo escribió: “Algo me atraes, el problema es la edad”. La joven ha dicho que le instó a borrar los mensajes que le había enviado “porque se podía meter en un lío”.
La serenidad del acusado ha contrastado con las de las víctimas y con la de la madre de una de ellas, a quien por momentos le costaba responder a las preguntas de la fiscal, que ha llevado la batuta de los interrogatorios durante toda la vista. Esa madre ha indicado que su hija ha perdido la alegría que le caracterizaba desde que saltó el caso y que le costó tres años reconocer los hechos. “Estaba fatal, no logró contárnoslo a nosotras. Yo me enteré cuando fuimos a los Mossos e hizo la declaración y la leí”, ha explicado, para relatar después de que su hija sufre problemas de sueño desde enero pasado, cuando llegó la citación del juicio.
La madre de la otra víctima ha asegurado que su hija lo ha pasado “fatal”, pero que desde el momento en el que se lo contó tuvo muy claro cuál era el paso a dar: denunciar ante los Mossos d’Esquadra. “Estaba muy agobiada y llorando muchísimo. Sabía que era un paso muy importante pero no quería que hubiera más víctimas”, ha dicho.
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