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Jordi Pujol Ferrusola, un rey Midas de las comisiones y los ‘pelotazos’

Los empresarios defienden en el juicio la legalidad de los pagos al hijo mayor del ‘expresident’, pero admiten que no hay justificación documental de sus labores

Jordi Pujol Ferrusola es el único de los siete hijos del expresidente catalán que ha acudido, esta semana, a las sesiones del juicio contra la familia en la Audiencia Nacional. Desde que el juez eximió a los acusados de la obligación de estar allí cada día, la bancada permanece casi siempre vacía, desangelada. Pero ahí ha estado, atento, el primogénito, escuchando los testimonios de empresarios de los que recibió, durante años, comisiones millonarias por supuestas labores de intermediación sin rastro documental; o con los que emprendió negocios que en algunos casos fueron verdaderos pelotazos. Sin que ninguno de los testigos haya vinculado esos pagos tan generosos a actividades ilícitas, lo que ha quedado claro estos días es que Júnior fue un intermediario sin igual, el rey Midas de los comisionistas.

Si el expresidente Jordi Pujol, de 95 años, es el protagonista político de un juicio histórico, el foco jurídico está puesto en su hijo mayor. Buena parte de los testigos que comparecen estas semanas han sido llamados para aclarar sus negocios con el hombre que, entre otras cosas, se encargó de gestionar la fortuna oculta por la familia en Andorra durante casi tres décadas. La Fiscalía pide 29 años de cárcel para el mayor de los Pujol Ferrusola. Considera que los pagos de las empresas, algunas adjudicatarias de la Generalitat, no respondían a ningún trabajo real, sino que eran una tapadera por su papel como “conseguidor” en adjudicaciones públicas. La tesis de Anticorrupción, en última instancia, es que esos pagos nutrieron los fondos de la familia en el extranjero y que, por lo tanto, la fortuna oculta a Hacienda procede de la corrupción política, algo que los Pujol niegan con vehemencia.

Nada de eso ha quedado acreditado, como era de prever, por los testimonios de estos días, que sin embargo sí han trazado un perfil del primogénito como hombre de negocios. Júnior había tejido una amplia red de contactos y se movía con habilidad en casi cualquier sector económico para ofrecer sus “oportunidades de negocio” a empresarios. Mediante “gestiones” y “asesorías”, siempre verbales, se embolsó cantidades astronómicas, la mayoría de ellas cerradas después de 2003, último año de gobierno de su padre al frente de la Generalitat. Los testigos le han descrito como un “intermediario” o “agente” que manejaba información de mucho valor.

Jordi Pujol Ferrusola me llamó y me ofreció un comprador”, relató Francesc Xavier Tauler, exconsejero delegado de la constructora Copisa, sobre la venta de unas plantas fotovoltaicas. “Él se había enterado de que teníamos la participación de esta planta en venta [...] y nos puso en contacto con el comprador. Yo personalmente pacté con él el porcentaje a pagarle”, explicó el directivo, acusado en el caso 3% (el supuesto pago de comisiones a la extinta Convergència). Tauler admitió su amistad con el primogénito y se esforzó en justificar los pagos. “Es muy importante captar la oportunidad de negocio. Entiendo que hay un trabajo previo en busca de esta oportunidad de negocio para ofrecérselo a las empresas”, insistió. Admitió que no se le solicitaba ninguna documentación que avalase su labor de asesoría: “Normalmente se paga a éxito, son comisiones de éxito”.

En esa dirección navegaron otros directivos de Copisa. Como Orlando de Prorrata-Doria, que indicó al tribunal que supieron que se iba a ampliar una refinería en Cartagena a través de Jordi Pujol Ferrusola. “Él nos dijo que se iba a iniciar el proyecto de contratación de todos los paquetes en que se dividía la ampliación de Cartagena”. “¿Y creyó en él fielmente?”, le preguntó el fiscal, Fernando Bermejo, ante el desembolso que supone comenzar a movilizar recursos. “Sí”, respondió Prorrata-Doria: “Era una información anticipada”. El fiscal insistió en si no se firmó “ningún contrato” o si le pidió “algún informe”. “No. Era una persona de confianza que trabajaba con nosotros en otros negocios”, ahondó. Tampoco se interesó el empresario en saber cómo Júnior había obtenido esa información.

Otros testigos sembraron algunas dudas sobre la labor de este conseguidor. Martín Francisco Sicilia, directivo de Técnicas Reunidas (encargada de la ampliación de la refinería de Repsol en Cartagena), aseguró al tribunal que nadie le dijo que Copisa debía pagar a Jordi Pujol Ferrusola por ayudar a que esta constructora lograra una subcontratación de una parte del proyecto. Y de hecho, según afirmó, “no encajaba” ese tipo de “intermediación externa” que supuestamente hizo al anticipar información, ya que “todo el mundo sabía” que la refinería se iba a ampliar.

De los testimonios se deduce que Pujol sabía moverse. Manuel López-Feliú, que tenía una empresa de inversiones fotovoltaicas, también situó a Pujol Ferrusola en una operación del sector donde él participó: “Él nos comunicó la oportunidad de venta de una planta. El era el agente del vendedor”. Salvador Heras, de Nous Associats, dijo que colaboró con el acusado para “buscar clientes para el puerto de Barcelona y zonas de actividades logísticas”. “Si algún proyecto salía”, dijo, “nos partíamos la cantidad a medias”. El fiscal quiso saber “cómo le ayudaba, qué trabajos hacía”, y Heras contestó que eran “gestiones comerciales”, al tiempo que negó haberle solicitado a Júnior que intercediera para favorecer adjudicaciones públicas a otra empresa.

La desmemoria de los testigos

El juicio también está revelando que el tiempo no pasa en balde. La antigüedad de muchas de esas operaciones ha hecho que algunos testigos sean incapaces, o eso dicen, de recordar. Ignacio Armengol, exdirector de autobuses de TMB, admitió que conocía a Júnior pero no recuerda que le vendiera un proyecto de world ecofuel, combustibles limpios para introducir en la flota. Y eso pese a que, como le recordó el fiscal, existe un correo en el que le dice al acusado que, a propósito del producto, las pruebas “no pintan demasiado bien”. Preguntado por ese documento, no supo responder: “De verdad que no lo recuerdo”.

La desmemoria alcanzó también a José Gomis, un exdirectivo de la multinacional Isolux. El fiscal le preguntó por Azul de Cortés, un proyecto para construir un resort de lujo en México. Explicó que un grupo de personas invirtió en la compra (Jordi Pujol Ferrusola aportó el 20%) y, al vender al Grupo Isolux por 126 millones, todos ellos multiplicaron por seis su inversión. De los detalles, Gomis dijo no recordar gran cosa: “Me habla de hace 20 años”.

El hijo del expresidente cerró negocios suculentos en el extranjero, pero también en casa. Su mujer, Mercè Gironès, compró unas fincas en Palamós (Girona) por 217.000 euros y las vendió por 4,8 millones a Promopalamós. Uno de los directivos de esta empresa, Esteban Ayats, defendió que compraron “a precio de mercado”, similar al de otras fincas cercanas. El caso es que se sabía que el suelo iba a pasar de rústico a urbanizable, de ahí su aumento de valor.

Para despejar cualquier sospecha sobre un acceso a información privilegiada, el abogado de Jordi Pujol Ferrusola, Cristóbal Martell, recordó que en los objetivos del plan urbanístico local ya se contemplaba ese cambio de usos y señaló que la última palabra la tuvo la Generalitat en 2007. “¿Y quién gobernaba en Cataluña en 2007?“, preguntó al testigo. ”Convergència", respondió, erróneamente, Ayats, porque lo cierto es que a los mandos del Govern estaba entonces el tripartito de izquierdas (PSC, ERC e Iniciativa). Una prueba, para la defensa, de que los negocios de Júnior nada tienen que ver con la ascendencia política del padre al frente de la Generalitat, tesis principal de la Fiscalía Anticorrupción.

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