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CONCIERTOS
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Fades: Descaro y reivindicación en Razzmatazz 2

El trío “queer” cerró su gira entre gritos reivindicativos y seducción coreografiada

Salió el trío a escena. Ataviados como corresponde, entre mallas finas, tejidos ceñidos a la figura, faldas, maquillaje y desenvoltura de bailarinas de club contoneándose con orgullo y lucimiento. Ferran Pi, Vicenç Calafell y Ángel Exojo, filólogos catalanes que utilizan la lengua de Terenci Moix en El sexe dels àngels como vía de reivindicación del colectivo queer. Sonaba Minifalda, uno de sus éxitos, y el público enloquecía. Ellos cantaban, pero no se les oía. No hacían gestos de ser conscientes de ello, pero ante la ausencia de voces, el público, que casi llenaba Razzmatazz 2, decidió que sería el colectivo quien cantase preguntándose a voz en grito “mai has vist una maricona amb aquestes corbes?”.

El trío, aún mudo, se paseaba las manos por el cuerpo, delimitando su coqueteo. La sala cantaba. ¿Una performance más de Fades?, ¿importaba si cantaban si en realidad ya lo hacía el público como parte de la fiesta?, ¿no era acaso lo más importante estar allí, con ellos, como cuando Yung Beef apenas cantaba en sus conciertos? Bruscamente dejaron el escenario. Sí, era algo tan vulgar como un fallo técnico. Fades iniciando el último concierto de la gira que les ha permitido coquetear con la popularidad.

El trío de origen mallorquín está en uno de esos momentos que pueden anteceder a la gloria, con un reconocimiento ascendente y una gira que cerraban tras una setentena de conciertos. Poco a poco se ha hecho un lugar en el imaginario musical catalán con su descaro, su aparatoso pop bailable con trasfondo popular, sus aires de música de auto de choque, fiesta de verano y humor descarado y reivindicativo, procaz. Volvieron al rato a escena y retomaron Minifalda, y aunque sus voces filtradas no sonaban nítidas, para eso estaba allí el público, para seguir cantando con ellos, solos en escena con sus coreografías y contoneos, con la pista instrumental como base y las celebradas sacudidas de nalgas como complemento.

Gloss era bramado en sus frases definitivas: “Llavis tallats (m’hi poso gloss)/vols un petó? (m’hi poso gloss)/soc una meuca, soc la boss”, no menos que friquis con su “tu ets sa meva Kitty”, antesala de la autodefinición, “somos unas pseudoestrellas con mensaje político”, lo que condujo a un parlamento donde coincidieron los aspectos centrales de su propuesta ideológica, la reivindicación queer y la defensa del catalán. Fades, nombre tomado para desactivar el insulto que les dedicaban los sectores más primitivos de la masculinidad, en su salsa.

Aún se espesaría más. Interpretando su versión de California Gurls de Katy Perry, en ellos Catalonian Girls, salieron las madres de Fades al escenario en una escena de ternura familiar. Las señoras, emocionadísimas y abrazadas a sus hijos con orgullo indisimulable, se acabaron quedando solas en escena, sus hijos habían de cambiarse de ropa, y lo mejor es que hablaron sin que les desconectasen el autotune, sonando así sus emocionadas voces apitufadas. Descoco y risas en una noche de fiesta y de reivindicación, no en vano las madres lucían las camisetas del grupo, en las que se lee “No t’entenc, sóc catalana”, una muestra de su posicionamiento contra la gentrificación derivada del turismo y la consecuente pérdida del idioma.

A todo esto el sonido era un batiburrillo de electrónica, pop, un poco de dancehall, otro poco de K Pop, mucho descaro y más aún bombos a velocidad de vértigo mediante un sonido atropellado y poco perfilado. Todo tenía ese deliberado aire amateur que daba verosimilitud a la sinceridad no estilizada de la propuesta, una casi broma que se ha hecho grande encontrando su público, muy joven. Tras el cambio de ropa y las madres de nuevo en camerino, Cacaolat remitía el concierto al terreno de la balada, mientras que Casual lo viraba al dancehall antes de que los beats volviesen a subir la velocidad de su acento para encarar el último tramo de la fiesta. Bombó de licor y Afterparty antecedieron a la declaración oficial, aquel era el último concierto en un buen tiempo, pues el trío se va a recluir a componer un nuevo disco. Lo cerraron con Massa rossa, gritos de tourists go home y sus dos grandes hits, Mon cheri go home y Artificial. Aún querían seguir, pero el micro se quedó sin conexión mientras todo el equipo, por supuesto madres incluidas, salió a escena para celebrar una gran noche más de Fades. Les quedan muchas más.

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