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En busca de la almohada a cinco euros: un mercadillo vende los objetos de un hotel antes de su reforma

Con todas las entradas agotadas, un hotel del entorno de la plaza de Cataluña abre sus puertas antes de una transformación que marcará el salto a cinco estrellas

Hotel 45 Times Barcelona

Hospedarse en un hotel de lujo suele asociarse a la búsqueda de una experiencia concreta que se resume en una buena noche de sueño seguida de un buen desayuno por la mañana. Cuando uno visita un hotel, aparece casi siempre la idea “eso podría estar en mi propia casa”: buenos colchones, sábanas suaves y almohadas perfectas. Este fin de semana, esa posibilidad se vuelve real. El 45 Times Barcelona Hotel, entre la plaza de Cataluña y el paseo de Gràcia, ha abierto sus puertas durante tres días para vender su mobiliario y sus objetos cotidianos antes de iniciar una reforma integral con la que aspira a subir de categoría, de cuatro a cinco estrellas. Lo que ya era lujo quiere ir un paso más allá y la oportunidad de comprar una silla de una habitación de hotel o un espejo poco convencional ha agotado todas las entradas del mercadillo. La gente celebra poder llevarse a casa a precios de Wallapop parte de ese confort al que un día aspiró.

En la antigua sede del banco Banesto, probablemente con una de las vistas más privilegiadas de la plaza Cataluña, absolutamente todo está a la venta: velas a dos euros, almohadas a cinco euros, sillas cómodas de habitaciones a 50 euros, cafeteras de cápsulas por menos de 20 euros o un cofre por 50. El mercadillo, que dura todo el fin de semana (o hasta que se termine el stock), permite la entrada de 40 personas por hora y todos los tickets ya están agotados.

El público es variado, desde interioristas, personas que trabajan en el sector turístico y quienes buscan resolver una casa a bajo coste. Parejas, grupos de amigas o personas que vienen solas, llegan con bolsas o maletas, con los ojos atentos en busca de aquello que necesitan o que acaban descubriendo allí mismo, atraídos por los bajos precios. “Puedes montar tu habitación, es una oportunidad de renovar tu casa. Imagínate, todo un hotel desmantelado”, comenta Eva Rosell, barcelonesa, que entra por primera vez en este edificio.

Ha venido con una amiga a ver qué encuentra porque sigue la tendencia de los mercadillos en Instagram. “No pude dejar de venir”, dice. En su bolsa de plástico de supermercado lleva varios artículos de cocina. Explica que incluso lo que no está a la venta ahora, por cuestiones de logística, como los grandes espejos de las habitaciones o algunas estructuras metálicas decorativas, se podrá negociar cuando empiece la reforma.

No se trata de una ruina ni de un cierre abrupto. “El estilo de marca al que aspiramos ya no corresponde con lo que tenemos aquí y hay una necesidad de cambiarlo todo para adaptarnos a la nueva identidad”, explica Daniel Madrigal, empleado de la red hotelera, que asegura que todo el personal se mantendrá pese a la reforma que viene por delante. Según él, la compañía compró el espacio hace un año y mantuvo los objetos tal como estaban desde entonces, siendo este el primer gran cambio. “Estamos en una posición muy estratégica, en una ubicación clave, y la nueva etapa exige transformaciones”.

El salto a cinco estrellas dejará atrás todo lo que se pueda. En la terraza, sillas, sofás, cojines y plantas esperan un nuevo destino. “Mira, esa silla nos va muy bien para tomar un poco el sol en la terraza”, comenta una pareja de rusos que acaba de comprar un piso en Alicante y busca muebles para equiparlo. Los precios explican la prisa: biombos a 45 euros, bandejas a siete, perchas a 10, bolsas de tela a uno, enchufes a uno, interruptores a 0,50, funda de colchón a 20. Las caleras, a 15 euros, volaron en menos de 20 minutos. “¿Está a tres euros? Pues igual cojo más de una. Haz una foto, que es lo mejor”, dice alguien antes de seguir.

Todo está en tránsito y la gente carga las compras como puede: champús, acondicionadores, ramitos de flores decorativos, cubiteras con pinzas de bar, pufs, mesas de centro, luminarias, salseros, vasos de chupito y tronas para bebé. “Esas sillas son muy chulas”, comenta una mujer mientras calcula si le caben en el ascensor.

La organización confía en que el stock aguante todo el fin de semana. El mercadillo, organizado por Arquitectura del Orden, busca dar una segunda vida a objetos que de otro modo acabarían en el punto limpio y, por primera vez, se celebra en un gran hotel. “Almohadas, colchones y sábanas hay muchas. Vasos, espejos y lo demás, es lo que hay”, resume Astrid Romero, una de las fundadoras, que se define como referente en el vaciado de casas.

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