¿Los chicos con las chicas deben bailar?: ya no es así en el baile más tradicional de la Seu d’Urgell
El Ball Cerdà, patrimonio cultural de interés nacional desde 2016, se abre a parejas del mismo sexo a demanda del Colectivo Feminista del municipio
Desde el siglo XVI, los muchachos jóvenes de distintas zonas del Pirineo catalán presentan de forma festiva a sus prometidas a todos los habitantes del pueblo. De este modo formalizan su compromiso de casarse con ellas. A lo largo de los años, esta tradición se ha convertido en todo un símbolo de las comarcas de la Cerdanya, el Ripollès, el Pallars Jussà o la Seu d’Urgell, donde por primera vez, este año las parejas de baile podrán estar formadas por bailarines del mismo sexo.
Este domingo, durante la Fiesta Mayor del municipio, se cumplirá una década desde que el Ball Cerdà -responde al gentilicio de la Cerdanya- fue declarado por la Generalitat de Cataluña como Elemento Festivo Patrimonial de Interés Nacional. La posibilidad de que personas del mismo sexo bailen en pareja responde a una demanda del Colectivo Feminista del Alt Urgell que, en una reunión con el Ayuntamiento y la organización de la danza, acordaron incluir este nuevo formato. “En sus inicios sí que podía tener más sentido hablar de parejas como tal, pero los tiempos cambian y la concepción de las relaciones también, por lo que la tradición ha evolucionado hacia una forma de mostrar las relaciones familiares o de amistad”, explica a EL PAÍS Dolors Carrillo, miembro de la organización.
El año pasado ya hubo un primer baile inclusivo coincidiendo con el Día Internacional de la LGTBIfobia: el Ball Cerdà Queer, cuya propuesta fue a petición del Ateneu de l’Alt Urgell. “No lo habíamos incluido antes porque no se había planteado como ahora. Siempre ha habido cambios estéticos, pero no en profundidad”, señala Joan Barrera, alcalde de la Seu d’Urgell.
El acuerdo al que se llegó en la reunión a tres bandas fue que se respetara en todo momento la indumentaria, es decir, que el hombre vista con el traje masculino, y la mujer, el femenino, para no romper con la tradición. En la misma línea, Carrillo recuerda que ya se plantearon otras reivindicaciones como el elevado coste para elaborar la indumentaria. “Desde la organización planteamos la posibilidad de organizar un banco de vestidos porque su confección es muy compleja y hay ediciones en las que participan muchas parejas”, detalla. Carrillo asegura que la noticia ha gozado de un buen recibimiento en el municipio. “No entiendo por qué motivo debería haber reacciones negativas a algo así”, puntualiza.
La organización prevé que este domingo unas 300 personas se reúnan en la plaza de Patalín de la Seu d’Urgell tras una semana de ensayos previos y de una trabajada puesta en escena. En esta edición, la danza estará repartida en tres grupos por la elevada participación. En los mismos ensayos han participado, según la organización, una veintena de parejas formadas por niños y niñas de entre 3 y 8 años; otras 20 de entre 9 y 15 años; y otro centenar de parejas de más de 16. Otra novedad es la recuperación del baile durante las fiestas de Carnaval, cuya celebración se perdió en 1936 por el estallido de la Guerra Civil.
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