Patrullas vecinales nocturnas organizadas por WhatsApp: el barrio sevillano de La Macarena donde prende la chispa de la extrema derecha
Los vecinos demandan al alcalde que elimine albergues y garantice la seguridad, mientras más de 50 asociaciones alertan del riesgo de que cale el discurso de la ultraderecha


Van en grupos de 10 o 20 personas -que llegaron a alcanzar el centenar en algunas noches de la pasada semana-. Son jóvenes, la mayoría varones, pero también hay algunas mujeres, y varios llevan el rostro tapado. Quedan a través de un grupo de WhatsApp -que ya alcanza los 550 miembros- en calles concretas de la barriada del Cerezo, en el distrito sevillano de La Macarena, para expulsar, principalmente a los gorrillas, pero también a personas sin hogar o a los que beben alcohol en bancos o parques. Son patrulleros vecinales que ha decidido vigilar el barrio por su propia cuenta como alternativa al, recalcan, “abandono” por parte del Ayuntamiento ante los problemas de seguridad y convivencia que llevan años denunciando. Con su actitud, sin embargo, han contribuido a incrementar la sensación de tensión en la zona, tal y como han denunciado más de 50 colectivos y entidades de La Macarena, que han secundado un manifiesto en el que reclaman una mayor implicación de las instituciones, especialmente las municipales, para evitar que la situación se agrave y que acabe prendiendo la violencia y el discurso del odio.
El Ayuntamiento, principal interpelado, se ha limitado a circunscribir el problema a un asunto de seguridad ciudad ciudadana, lanzando la pelota al tejado del Gobierno a quien le exige que movilice más agentes de Policía Nacional. “Es obligación de todos buscar soluciones y no echar la culpa al Ayuntamiento de algo que es de competencia estatal”, dijo el viernes pasado el portavoz municipal, Juan Bueno. El subdelegado del Gobierno, Ignacio Toscano, respondió advirtiendo de que buena parte de las denuncias de los vecinos, como “ruidos a altas horas de la noche, consumo de alcohol, aparcamientos, problemas con el tráfico, uso indebido de los espacios públicos o problemas de convivencia”, son competencia de la administración local.

Más allá del intercambio de responsabilidades políticas, la presencia de estos patrulleros civiles es el último síntoma de una fractura social que lleva larvándose décadas en el barrio de la Macarena, cuya realidad socioeconómica es compleja y frágil. El distrito es el que más nacionalidades extranjeras aglutina de Sevilla (12.926 personas, casi el 20% del total), por detrás de Cerro-Amate (14.440), según el estudio Sevilla en cifras del Ayuntamiento con datos del censo de 2025; y concentra el 80% de los centros de día y albergues para personas sin hogar. Un desequilibrio que la falta de recursos y medios públicos para atender a la población más vulnerable -una circunstancia a la que ya se refirió el actual alcalde, el popular José Luis Sanz, en 2022, cuando era candidato, durante una visita al Cerezo- no ha hecho sino agravar.
En los últimos años los vecinos han ido advirtiendo de la progresiva degradación de la convivencia en el barrio. “Nos mueve el hecho de que cada vez que salimos a la calle nos encontramos con los ‘gorrillas’ haciendo sus necesidades en la calle, pidiéndonos 1,40 euros por aparcar nuestro coche y amenazando con rayárnoslo si no les pagamos, desafiándonos, sin poder dormir la siesta o por la noche porque están bebiendo alcohol en zonas comunes o en parques, teniendo a gente en situación de calle, pidiendo dinero para satisfacer sus necesidades toxicológicas, que llamamos a la Policía Local y no atiende nuestras llamadas…”, describe la situación Marga Torres, portavoz de SOS El Cerezo Sevilla, una de las plataformas promotoras de las patrullas vecinales.
“Es un caldo de cultivo que ha estallado”, indica Ángela Lara, vecina de La Macarena y miembro del colectivo Haciendo Barrio y de la APDHA, impulsora del manifiesto alertando de la presencia de las patrullas. “Esto es un problema estructural de pobreza en la ciudad de Sevilla, que se está extendiendo porque los ayuntamientos han abandonado los barrios. Y cuando abandonas algo, los discursos de ultraderecha, de radicalismo, del pobre contra el pobre, llegan al ciudadano”, abunda Macarena Olid, portavoz de APDHA en Sevilla.
Una situación que, como indica Olid, se ha agravado en los últimos meses con las obras del metro en la calle doctor Fedriani, paralela al Parlamento de Andalucía y una de las arterias principales de La Macarena, donde los gorrillas solían trabajar y que los han obligando a concentrarse en las calles adyacentes de la barriada del Cerezo. Tampoco ayuda que el Ayuntamiento del PP, por imposición de Vox para apoyar los presupuestos municipales, haya reducido el número de plazas de los albergues. “Es una estrategia de la ultraderecha para generar más degradación. Al no haber plazas, hay más gente sin hogar en las calles y eso genera mayor sensación de inseguridad y es normal que el vecindario asuma esas consignas que llevan aparejada una peligrosa carga de odio y racismo”, sostiene Lara, tal y como se advierte en el manifiesto.
“Los gorrillas están ya a raya gracias a nosotros, y porque vamos a salir hoy y porque saldremos todos los días”, advierte Torres. Sostiene que tienen el respaldo de la mayoría de los vecinos, una convicción que, junto a la pasividad del Ayuntamiento a la hora de censurar este tipo de conductas, entiende que legitima su forma de actuar. “Empezamos de manera espontánea, este es un grupo apolítico”, afirma. “Solo queremos que venga aquí el alcalde, que tiene a un barrio encendido, que se está levantando contra la desidia”, advierte Torres. De él esperan que “ponga los albergues en otros barrios, más vigilancia para impedir que se pida dinero a las personas que están aparcando y que las autoridades respondan en cuanto a limpieza y seguridad”, un mensaje similar al que lanzó la portavoz municipal de Vox la semana pasada en esas mismas calles.
Temor a réplicas en otros barrios
En esa reunión de este domingo -a la que acudieron unas 200 personas, según indica Torres-, se han establecido las normas de los patrulleros de ahora en adelante. En un vídeo difundido en redes, Torres enumera las nuevas consignas: el objetivo principal es la seguridad del barrio; se organizan en dos o tres grupos; se elimina la capucha -“somos personas a cara descubierta”-; llevarán chalecos identificativos; “a las personas sin hogar no se les va a tocar, solo a quienes estén cometiendo actos delictivos”; no se les dice insultos, ni racistas, ni xenófobos: “son personas, vamos a por ellos, pero con educación”.
Uno de los temores es que este tipo de respuesta vecinal se replique en otros barrios sevillanos con problemas de convivencia y con un grado de degradación y abandono por parte de las administraciones similar. “Nadie atiende a nuestras llamadas por los botellones, hemos tenido oleadas de robos, hubo una temporada donde decenas de chavales quedaban para pelearse con armas blancas... pero estamos en contra de las patrullas vecinales. Son un ejemplo del fracaso institucional”, advierte Carmen Montero, presidenta de la Asociación de Vecinos de La Negrilla, donde ha circulado una quedada para patrullar las calles. Advierte del riesgo de que, como se ha percibido en alguno de los vídeos de La Macarena, se infiltren personas violentas. Fuentes oficiales señalan a este diario que se está realizando un control sobre las patrullas para vigilar la presencia de grupos ultra. En otro barrio, Su Eminencia, no ha surtido efecto la llamada a la contención y ya se ha organizado una patrulla este viernes contra la venta ambulante ilegal.
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