Kitchen devuelve el foco a la corrupción que sacó del poder al PP
Los populares señalan que es “prehistoria” y no afecta a Feijóo, pero el caso limita la corrupción como estrategia de oposición


Cuando estaba su momento más bajo en el liderazgo del PP, el que empezó a hundirle, tras un resultado pésimo en las elecciones catalanas de 2021 —fue el octavo partido, superado por Vox y Ciudadanos— Pablo Casado jugó a la desesperada: intentó vender la sede central en la calle Génova, manchada por la corrupción. Por esos días, Casado se quejaba amargamente a quien quería escucharle: “yo sabía que me tenía que comer el caso Gürtel, eso estaba ahí cuando yo gané el Congreso, pero nadie me avisó de que además me tendría que comer la Kitchen. Eso es nuevo, nadie nos dijo que había eso en el armario”. En ese momento, fue Alberto Núñez Feijóo, entonces presidente de Galicia, uno de los que más claramente se opuso a la venta de la sede. No era por ahí, decía Feijóo. Había que aguantar el tirón.
Cinco años después, el caso Kitchen vuelve a asomar al PP al agujero negro que provocó la moción de censura de 2018 y que le sacó del poder, al que aún no ha conseguido volver, aunque ahora tiene la mayoría de las autonomías y casi todos los ayuntamientos importantes.
La declaración de Mariano Rajoy este jueves como testigo —para indignación de los socialistas, que siempre pensaron que debía haber sido imputado—, solo unos días después de que lo hiciera Luis Bárcenas, que le apuntó no solo como conocedor de la financiación ilegal sino como instructor de la operación Kitchen, es un momento decisivo para la imagen del PP, aunque diversos miembros de la cúpula y diputados consultados insisten en que esto ya no mueve un solo voto. “En tiempos de polarización, esto ya no mueve, como tampoco los casos del PSOE deciden el voto. Es mucho más inquietante para el PP la batalla con Vox y esto de la prioridad nacional, que es una guerra importante que demuestra cierta utilidad de Vox y es una victoria concreta. Rajoy no cometerá errores, se mueve bien ante un tribunal, es su mundo, y sí, esto nos recordará por qué nos echaron y hasta nos fuimos a 66 escaños, el mínimo histórico, pero ya se acabó esa historia”, resume un veterano que vivió en primera fila la época de Rajoy.
Efectivamente, el presidente tiene mucha experiencia y ya ha declarado tres veces en procesos de este nivel como testigo, pero también parece muy difícil creer que pudiera organizarse una operación de este calibre en el aparato de seguridad del Estado y lo decidiera el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, amigo íntimo del presidente, sin pedirle autorización. “Si Jorge Fernández Díaz no implica a Rajoy, y no lo va a hacer, el caso está superado”, señala un diputado del PP.
Un miembro de la actual dirección, que no estuvo entonces en primera línea, coincide con el veterano que señala que el PP ahora está en otras preocupaciones. “Esto es prehistoria. Todo va demasiado rápido. Es algo que pasó hace 15 años. Rajoy salió hace 8. La preocupación de nuestra gente es ahora el tema de la prioridad nacional que estamos pactando con Vox. En la izquierda están muy revolucionados creyendo que eso nos hace daño, pero ojo porque si miramos encuestas con detalle puede que no solo muchos votantes del PP sino también varios del PSOE estén de acuerdo con que se atienda antes a los nacionales en los servicios sociales”, asegura.
Mientras, como hizo en 2021, cuando criticó a Casado por intentar vender la sede —nunca lo logró y Feijóo sigue en el mismo despacho que fue de Mariano Rajoy y cuya obra, según demostró la justicia, se pagó con dinero negro—, el actual líder del PP ha ordenado mantener el tipo, no perder la calma y confiar en que Kitchen pasará muy rápido mientras los casos del PSOE serán más lentos y además más recientes, porque afectan directamente a colaboradores estrechos del presidente Pedro Sánchez, algo que a él no le sucede.
“Esta semana el Gobierno nos ha pedido que echemos a Rajoy del PP por lo que dijo Bárcenas y lo que está saliendo en Kitchen. ¿Están seguros de decir eso con lo que tiene Zapatero por delante? ¿De verdad creen que Feijóo va a perder algún voto por algo que pasó hace 15 años? Suerte con eso", sentencia otro miembro de la cúpula. El PP de momento no cuenta con Rajoy en la campaña andaluza, aunque desde el PP andaluz dicen que eso estaba previsto antes de Kitchen, pero no parece que Feijóo vaya a renegar de él. “Llevan 15 años investigándole y no ha sido nunca imputado. Feijóo logró unir a Aznar y Rajoy, y va a seguir reivindicándolos como historia del PP”, señalan en la cúpula. Aunque es probable que el expresidente desaparezca de escena una temporada, como ha hecho otras veces.
Sin embargo, aunque todos jueguen a que los casos ya no tienen desgaste —miembros del Gobierno insisten en que los casos Ábalos y Cerdán ya hicieron el daño fuerte en 2025 y ahora los votantes están en otra cosa porque ya se cortaron esas cabezas, y miembros del PP señalan que casos como el de Kitchen y otros que quedan por juzgar son agua pasada— lo cierto es que este miércoles hubo un cierto giro en la estrategia del PP en el Congreso. Durante los últimos meses, los populares han fiado toda su estrategia al acoso al Gobierno por la corrupción y especialmente a Sánchez por su entorno familiar imputado. Este miércoles se vio a Feijóo ensayando un tímido giro, tratando de centrarse más en la idea de que el país no funciona, del caos en las infraestructuras o los servicios públicos deficientes, que en la corrupción.
Y después se vivió un momento particular, porque la portavoz, Ester Muñoz, intentó volver a la corrupción como hacía siempre con María Jesús Montero, pero se encontró a un Carlos Cuerpo rocoso que quiere hablar de economía, de autónomos, de energía, de medidas para ayudar a empresas y trabajadores para hacer frente a las consecuencias de la guerra de Irán. Si eso se consolida, el PP pierde un escaparate para su ofensiva antisanchista, precisamente uno de los objetivos de la elección de Cuerpo, con poco perfil político frente a la otra gran opción, Félix Bolaños, como vicepresidente primero.
Por eso la llegada de Kitchen, que coincide en el tiempo con el caso Ábalos, puede que no tenga el desgaste para el PP que le gustaría al PSOE, pero sí puede tener un efecto diferente: limitar mucho la corrupción como elemento casi único de la estrategia de oposición del PP. Este miércoles en el Congreso todos los ministros del PSOE lo utilizaron como defensa. “Con el PP en el Gobierno, y usted ya estaba ahí, algunos que tenían que luchar contra el crimen en Interior se dedicaron a encubrirlo”, le espetó Fernando Grande Marlaska a la diputada del PP Ana Belén Vázquez, que en la época de Rajoy ya se dedicaba a temas de Interior. “El PP está empezando a ver que la corrupción no va a llegar viva a la campaña electoral. Con eso no nos ganan. Necesitan entrar en algún asunto con tirón, es Vox el que les gana proponiendo cuestiones como la prioridad nacional”, sentencia un ministro.
“Si Vox no estuviera en un momento tan difícil internamente, con tantos problemas y crisis de crecimiento, sería el gran beneficiario de este momento con juicios a la vez contra el PP y el PSOE. Pero el PP sabe que la corrupción se está agotando como tema de oposición. En el año que queda tienen que dar un giro o seguirán estancados o perdiendo con Vox”, resume otro ministro. Kitchen no mueve pues montañas políticas, y todos esperan que Rajoy sea la roca habitual y trate de salir ileso de su prueba más difícil, pero en el fondo sí parece que puede acabar provocando lentas oscilaciones de la agenda de la política española, cada vez más agotada de vivir en un permanente in crescendo de acusaciones cruzadas y palabras cada vez más gruesas para ganarse un efímero aplauso en el Congreso.


























































