Un ‘after’ en la tercera planta
El abogado de Aldama se interesa por dónde se encontraba Pardo de Vera a su defendido. Koldo suplicaba trabajo para Jésica porque “si no, Jose me corta los huevos”


El famoso abogado Choclán, defensor de Aldama, recuerda a Isabel Pardo de Vera, expresidenta de Adif, que ella ha dicho que donde más veía a su defendido en el ministerio era en la tercera planta. “¿Y qué hay en la tercera planta?”, pregunta picante Choclán, al que le interesa subrayar la familiaridad entre Ábalos y Aldama (en la tercera planta está el despacho del ministro). Y empieza Pardo de Vera: “Pues llegas allí, y te encuentras en un hall enorme. A la izquierda se ve una puerta que hay que timbrar. Entonces entonces aparecen los bedeles, se abre esa puerta y a veces allí estaban los tres”.
La descripción es exacta a la de cuando te explican dónde hay un after. Es decir, al despacho de Ábalos había que entrar como a un after. Todo en principio despejado y discreto, una puertita ahí sola, unos porteros mirándote de arriba abajo y, cuando entras, los de siempre al fondo. Igual hasta era un after de verdad. Si hay una ciudad capaz de soportar que el despacho de un ministro sea un after, es Madrid. Lo mismo alguna vez, saliendo de El Amante, un tipo alto y fuerte de gafas se acercó para decirte que para tomar la siguiente había un sitio “cojonudo” por Nuevos Ministerios, el Tercera Planta. No fuiste porque le olía la ropa un poco a chistorra.
Sinceramente, se han visto cosas peores. Pero mejores no. Entrabas allí a las once de la mañana a tomar la última y salías con una concesión de Puertos del Estado y un sello en la mano.
“A mí me chocaba ver en el despacho del ministro al señor Koldo y a Aldama, por una cuestión ética”, dice Isabel Pardo de Vera. Le preguntan si enchufó a Jésica Rodríguez en Adif. Dice que a ella le llegó el currículum, que se lo envió Koldo de parte del ministro. Que entiende que fue de parte del ministro porque Koldo le puso eso de que moviese el currículum: “Si no, Jose me corta los huevos”. El WhatsApp íntegro fue: “Solo una cosa, que llamen a la chica para que inicie los trámites para la contratación como administrativa de Joseba [García, hermano de Koldo y empleado en Ineco], que, si no, Jose me corta los huevos”.
Pardo de Vera dice que puso a circular el currículum y se desentendió. “Y nada más. Sin mayor importancia. No conocía a esa señora [Jésica] ni sabía a qué venía”. Sin importancia ninguna. Es decir, o recibía currículums todos los días con esos mensajes o es que los huevos de Koldo le importaban bien poco.
Isabel Pardo de Vera responde a las preguntas que le hacen y luego sigue hablando hasta que el presidente del tribunal, Andrés Martínez Arrieta, la anima a parar. Esto es curioso porque cuando uno va a declarar a un juicio, generalmente elige con cuidado las palabras, pero Pardo de Vera está eligiendo monólogos. Habla y a ratos se enreda, y lo que hace Arrieta es pararla por si termina haciéndose daño. Estas cosas pasan todo el rato, no solo en el Supremo. Contestas tan bien a una pregunta que te vienes arriba, sigues hablando y acabas metido en un renuncio del que no sabes ni por dónde salir. Todos necesitamos a un Martínez Arrieta en nuestra vida.
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