El Congreso tumba por segunda vez una propuesta para prohibir el burka
La mayoría de las derechas en la Cámara se muestra a favor, pero sus diferencias políticas impiden el acuerdo


Los fenómenos paranormales abundan en la política española, de ahí que se asomen con frecuencia a su teatro principal, el Congreso de los Diputados. El primero de tales fenómenos es que, aunque gobierne la izquierda, en el Parlamento se sienta una mayoría de derechas, como se pone de manifiesto cuando se votan cuestiones sobre política económica o fiscal. Esa mayoría está claramente a favor de prohibir el velo integral musulmán en los espacios públicos. Pero las rencillas entre esos grupos de derechas, que a menudo representan nacionalismos contrapuestos —el español o el catalán— imposibilita el acuerdo. Con ese panorama, el Congreso se dispone a tumbar este martes una propuesta para impedir la exhibición pública de tales prendas por segunda vez en los últimos dos meses. Y no será la última ocasión en que el Congreso debata un asunto muy grato a las guerras culturales que impregnan la política de hoy.
La segunda parte de la comedia Burka, la prohibición acabó como la primera: con el rechazo de la Cámara tras haber constatado que la Cámara está a favor. En febrero lo propuso la extrema derecha y entonces Junts lo frenó bajo el lema “ni burka ni Vox”. Esta vez era el grupo catalán el que lo planteaba y Vox le devolvió la papeleta parafraseando el eslogan independentista de dos meses atrás: “Ni burka ni Junts”, concluyó la diputada Blanca Armario. Solo Junts apoyó su propuesta, ERC y PNV se abstuvieron y el resto fueron votos en contra.
Lo cierto es que la formación de Carles Puigdemont se lo puso fácil a la derecha española, tanto a Vox para rechazar la iniciativa frontalmente como al PP para marcar distancias. Y es que Junts mezclaba en la misma propuesta de ley la prohibición del burka y el niqab con otro asunto inaceptable para los diputados populares y ultras: el traspaso de competencias de seguridad a Cataluña.
En el campo contrario, la izquierda —PSOE, Sumar, ERC, EH Bildu y Podemos— reiteró que no está a favor del uso de tales prendas, pero invocó la libertad religiosa y argumentó que prohibirlas supondría expulsar del espacio público a las mujeres que las usan, voluntaria o forzosamente. En medio, el PNV. Por boca de su siempre mesurado jurista Mikel Legarda, volvió a defender la apertura de un debate en una subcomisión especial en la que, antes de decidir, se escucharía a voces especializadas en el tema. De momento, solo el PSOE se ha adherido a la idea. “No tenemos miedo a este debate”, aseguró la socialista Andrea Fernández.
En defensa de la propuesta de Junts, su experto jurídico, Josep Pagès, repartió palos a ambos lados. Echó por delante que su grupo deplora el “racismo de Vox” y el de “los imitadores que le salen como setas, también en Cataluña”, diáfana alusión a su competidor electoral de Aliança Catalana. Del mismo modo cargó contra la izquierda “acomplejada” y “sectaria” , que se escuda “detrás de la diversidad” para dejar en manos de la ultraderecha un debate que, afirmó, concierne a la igualdad entre hombres y mujeres.
Andrea Fernández reprochó a Junts que para afrontar esta cuestión “se limite a exigir competencias policiales”. Frente a los prohibicionistas que apelan a razones de seguridad, la socialista recordó que la ley en vigor ya permite a la policía ordenar que se quite la máscara a quien oculte el rostro. Gerardo Pisarello, de Sumar, defendió el “derecho de las mujeres a taparse o destaparse” y acusó a los proponentes de “estigmatizar y criminalizar a los inmigrantes pobres”. Con observaciones similares, Pilar Vallugera, de ERC, proclamó que se empieza con este tipo de debate y “se acaba gritando ‘musulmán el que no bote’ en el campo del Espanyol”. En la misma onda, Bel Pozueta, de EH Bildu, sostuvo que la derecha “no admite cultura ni religión diferentes a las suyas”, mientras Noemí Santana, de Podemos, interpretó que se pretende imponer “cómo visten las mujeres”.
Esta última declaración escandalizó a la popular Cristina Teniente, quien combatió que se apele a la libertad religiosa cuando lo que está en juego es “la dignidad de las mujeres”. “Convivir es poder mirarse a los ojos, la libertad tiene que ser visible y las mujeres no pueden ser invisibles”, apuntó la diputada del PP.
El segundo gatillazo en dos meses no significa que el Congreso haya dicho la última palabra. El debate seguramente volverá porque el PP ha registrado otra propuesta prohibicionista. Y si no, queda la alternativa de la subcomisión propuesta por el PNV.
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