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Frustración en Génova ante el nuevo retraso en las negociaciones con Vox: “El problema no es el qué, sino el cuándo”

La dirección popular sostiene que ignora “cuál es el punto de fricción programático” que impide el acuerdo

Dvd1311 ( 23/03/26) Cuca Gamarra, Vicesecretaria general de Regeneración Institucional del Partido Popular, atiende a los medios de comunicación en la sede del partido en la calle Genova, Madrid. Foto: Víctor SainzVíctor Sainz

Pese a que se esperaba lo contrario, las elecciones en Castilla y León parecen haber retrasado de nuevo los acuerdos entre el PP y Vox para conformar los tres Gobiernos autonómicos. Así lo admiten con frustración en la dirección del PP, donde una semana después de las últimas elecciones reconocen que, de nuevo, las conversaciones se han estancado por decisión de la extrema derecha. “El problema no es el qué, sino el cuándo”, subrayan fuentes de la cúpula popular. Génova asegura que ignora “cuál es el punto de fricción programático” que impide el acuerdo, porque ahí no está el inconveniente, sino en la voluntad de Vox, que otra vez no da muestras de querer un entendimiento. Así, el plazo límite que fijó Alberto Núñez Feijóo para alcanzar un pacto, el 1 de abril, se encuentra en estos momentos en el aire, salvo una sorpresa de última hora que de repente encarrile las conversaciones.

La dirección del PP admitió este lunes que los tiempos se están alargando ―Extremadura cumplió el domingo tres meses sin Gobierno desde las elecciones― y que no está en su mano acelerarlos, porque Vox tiene la sartén por el mango. “Cuanto antes [se cierre el acuerdo] mejor, pero la clave es que se puedan cerrar. A veces los momentos se alargan y no pasa nada, porque se trata de hacer las cosas bien”, argumentó este domingo la vicesecretaria Cuca Gamarra en la rueda de prensa tras el comité de dirección popular.

La dirigente del PP evitó responder a las acusaciones que Santiago Abascal lanzó contra Génova este domingo en una entrevista en ABC, en la que acusó a la cúpula de Feijóo de estar detrás de la “guerra sucia” interna contra él. El líder de Vox cree que el movimiento encabezado por el exdirigente de su partido Iván Espinosa de los Monteros, que le reclama que se someta un congreso extraordinario, está alentado por Génova, lo que ha vuelto a enfriar al máximo la relación entre las dos formaciones de la derecha. “Vox está lanzando mensajes de frustración con nosotros”, admiten resignados en la cúpula popular, decididos a poner la otra mejilla y a esperar el momento en el que a Abascal se le pase el enfado.

“Nosotros estamos centrados en hablar con Vox, no en hablar de Vox. Porque tenemos una responsabilidad que afecta a cinco millones de españoles. Esto es en lo que estamos. Nuestra relación con Vox es única y exclusivamente hablar con ellos para dar estabilidad a las comunidades autónomas”, se excusó Gamarra, preguntada por si Génova está maniobrando con los críticos de Vox para segarle a Abascal la hierba bajo los pies. En privado, fuentes de la dirección del PP niegan tajantes cualquier participación en un contubernio. “Es como si nos acusa Sánchez de estar detrás de las críticas de Joaquín Leguina o de Alfonso Guerra en su contra”, se quejan en Génova. “No vamos a frustrar al electorado de la derecha entrando en una espiral de ataques cruzados con Vox”, apuntan en el equipo de Feijóo, quien además ha dado orden expresa de no responder a los ataques. Todo sea por el acuerdo.

El problema para el PP es cómo apaciguar las aguas con Abascal si el líder de Vox cree que el movimiento crítico para descabalgarle de la presidencia de su partido está manejado precisamente por el PP. “Queda que ellos asuman su realidad y la que dijo su presidente, que van a entrar en los Gobiernos”, argumentan en la dirección popular, agarrándose a que el líder de la extrema derecha ha anunciado su intención de que su partido entre en los tres Gobiernos autonómicos con el PP ―Extremadura, Aragón y Castilla y León―. Si van a gobernar, es porque tarde o temprano van a acordar, deducen en el PP, pero otra cosa es cuándo. Los tiempos no son algo menor porque la imagen de inestabilidad también pesa a los populares, que mientras siguen sin entenderse con sus socios están tratando, a la vez, de erosionar al Gobierno por sus discusiones internas entre el PSOE y Sumar, como la del último Consejo de Ministros. Gamarra lo calificó ayer de “esperpéntico” y lo bautizó como el “motín de La Moncloa”.

El pacto que más urge es el extremeño, porque es la comunidad que lleva más tiempo sin Gobierno, y porque distintas fuentes populares afirman que estaba prácticamente hecho ya antes de las elecciones en Castilla y León. Paradójicamente, pese a las aparentes diferencias ideológicas entre el PP de María Guardiola y Vox, los populares transmiten que no han tenido ningún problema en el acuerdo programático con la extrema derecha, ni tampoco en el reparto de áreas. El partido de Abascal alcanzó en Castilla y León un nuevo techo con un 19% de los votos, pero no manejó bien las expectativas y ha entrado en una aparente etapa de debilidad por no haber superado la barrera simbólica del 20%, lo que para algunos en el PP está detrás del enfriamiento de los acuerdos, aunque todo podría cambiar de un momento a otro. “El resultado de Vox en Castilla y León, que todo el mundo intuía que iba a facilitar las cosas”, analiza una fuente del PP extremeño, “ha hecho que Vox no quiera anunciar un pacto inmediato que transmita que lo hace presionado precisamente por ese resultado”.

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