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“Ahora pónmelo con tono agresivo”: así han empezado a utilizar la IA los diputados del Congreso

Las herramientas de inteligencia artificial han llegado también a la vida parlamentaria, como ayuda en la investigación en incluso en la oratoria

Dos diputados alzan la mano en el Congreso, el pasado 17 de marzo. Gustavo Valiente (Europa Press)

Aitor Esteban toma la palabra. El diputado del PNV se dirige a Mariano Rajoy, candidato y presidente en funciones, con estas palabras: “Si bien me quieres, Juan, tus obras me lo dirán. Refrán que me he permitido personalizar para la ocasión, adaptándolo de la siguiente manera: Si bien me quieres, Mariano, da menos leña y más grano”. Es el debate de investidura en el Congreso de los Diputados, 27 de octubre de 2016, pasan las tres y media de la tarde y la sesión se acaba de reanudar después de un receso.

Cuando llega su turno, Rajoy responde con lo que se convierte ipso facto en un pedazo de la historia popular de esa Cámara: “Más leña y más grano. A mí lo único que se me ha ocurrido es: si quieres grano, Aitor, te dejaré mi tractor. Es lo único que se me ocurre a estas horas de la tarde. Es la diferencia entre pedir y que te den y la diferencia con currárselo, que es el tractor”, afirma, y desata las risas y aplausos del hemiciclo.

Este intercambio no fue elaborado a partir de inteligencia artificial (IA), pero un buen puñado de las intervenciones, respuestas o interpelaciones que escuchamos hoy en el Congreso sí se han apoyado en alguna de las nuevas herramientas disponibles, no solo para la búsqueda de datos, sino para la propia construcción del discurso. Esta tecnología avanzada, que se ha extendido ya en múltiples ámbitos de la vida, desde el académico hasta el cultural, no ha pasado de largo tampoco en la vida parlamentaria.

La IA ha mejorado mucho en los últimos años, te prepara intervenciones muy rápidamente e incluso te las moldea a un cierto estilo que tú le digas”, afirma un uno de los cargos electos en la cafetería de la Cámara, y explica su forma de utilizarlo: “Yo cojo Chat GPT y le pongo todos los elementos que quiero que incluya, ideas, trozos de informes… Y me saca un primer borrador. Entonces lo vuelvo a enviar y le digo: ‘Ahora ponlo en tono más agresivo”. “O se le puede pedir: hazlo estilo Cayetana [Álvarez de Toledo] o estilo no sé quién, según quién te guste”.

La casi decena de diputados y asesores de diferentes partidos que han dado su testimonio para este reportaje lo hace bajo anonimato, en unos casos, por el temor a reacción pública; en otros, por equidad con quienes ocultan su nombre.

El día que tiene lugar esta conversación, 18 de febrero, se celebra una sesión de control al Gobierno de alto voltaje, pese a la ausencia del presidente, Pedro Sánchez, que justamente se encuentra de viaje en Nueva Delhi (India) para participar en la Impact IA Summit y defender una industria de la inteligencia artificial más “humana” y pensada “para el bien”.

En Madrid, a esas mismas horas, el hemiciclo está enfrascado en la noticia que acaba de estallar, la acusación de abuso sexual contra el entonces director adjunto operativo de la Policía Nacional por parte de una subordinada. En varias ocasiones, la oposición estalla en peticiones de dimisión, a todo pulmón y con fuerte taconeos en el suelo, contra el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska. Al cabo de un rato, ocurre lo mismo contra el titular de Transportes, Óscar Puente. Ningún tumulto que uno oiga por televisión cuando ve noticias del Congreso se acerca a la agresividad real que se vive en la sede parlamentaria en persona, ni los gritos, ni las mofas ni los zapateos, tampoco muchos comentarios que escapan a los micrófonos pero sí llegan, y de forma muy inteligible, estando allí.

Otra diputada, ducha en el uso de las diferentes posibilidades de la inteligencia artificial, se refiere precisamente a esta dinámica tribal para defender la tecnología: “En las sesiones plenarias no percibo que se use la IA porque ahí los partidos van a golpe de argumentario y la IA les daría intervenciones mucho más racionales y centradas en el fondo de los temas”, afirma. Tampoco les invitaría a los zapatazos, probablemente. Sin embargo, sí cree que su utilización se va extendiendo poco a poco en comisiones y otro tipo de actividades relacionadas con las labores legislativas, como la investigación.

Esta política defiende la utilidad para sacar adelante lo que define como un “volumen de trabajo ingente”: “Un real decreto ley tiene, por ejemplo, 700 páginas, si en una semana se votan tres, ¿cómo puedes leerlo y entenderlo de verdad? A mí me cunde mucho más el tiempo que a otros, no hay que demonizar la IA. En jurisprudencia es muy buena. Pero cuando alguna vez le he pedido que me prepare intervenciones no me sirve, encuentro un poco de sesgo PSOE”, afirma, dejando claro que no pertenece a este partido. Otro legislador explica que suele encargar “esqueletos de discursos” a la máquina, aunque “sin abusar” porque no quiere perder la frescura, aunque sí ha externalizado a la IA la mayor parte de sus publicaciones en la red social X, que son muy frecuentes.

El uso de la IA, sin ser mayoritario ni masivo, está empezando a tomar fuerza. Las herramientas más comunes utilizadas por los diputados que echan mano de la IA son Chat GPT, Copilot o Gemini entre otras. Y, más especializadas en oratoria, figuran Rationale, DebateAI, Orai o diferentes instrumentos para verificación de datos. La velocidad y eficiencia que pueden aportar estos diferentes recursos resulta evidente, la cuestión de fondo estriba en si la dinámica parlamentaria puede mejorar con ellas.

“Depende”, responde Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política, “si lo usase alguien como Donald Trump, probablemente cometería menos errores y diría menos tonterías, sería más respetuoso y se portaría de forma más racional”. Sin embargo, “si Winston Churchill le hubiese preguntado a la IA sobre la entrada en la Segunda Guerra Mundial, probablemente la IA le hubiese respondido que eso era irresponsable y ahora viviríamos en una Europa muy diferente, hitleriana”, añade el autor del libro Una teoría crítica de la inteligencia artificial.

A su juicio, y en línea con el mensaje de esta obra, “el discurso para inaugurar una obra pública bien puede encargarse a la IA, pero cierta política de altura requiere una audacia, una osadía imposible con esa racionalidad no humana”.

Existe un cierto patrón de edad entre los más reacios a utilizar esta herramienta y los menos, que son de menos años. Algunos legisladores relativamente jóvenes, sin embargo, no solo no utilizan ninguna herramienta de IA, sino que se expresan de forma muy crítica al respecto: “No sé ni cómo se usa”, afirma un diputado, “de hecho, intento escribir a mano los discursos de menos de 10 minutos”, añade. Acepta que la IA puede resultar práctica para búsqueda de información, pero, aun así, se declara partidario de “leer y buscar”, porque le ayuda a memorizarlo.

Al margen de los cargos electos, el uso de la nueva tecnología también depende en buena medida de los asesores de los propios políticos. Un legislador veterano afirma que no utiliza estas herramientas de forma directa, pero sospecha que “sí lo hacen” quienes le preparan algunos documentos, por la celeridad con la que recibe los escritos y por el estilo. Un joven asesor de otro diputado explica que recurre a la tecnología para preparar los borradores de comunicados de prensa y que lo que le sorprendió, al empezar a trabajar en la cámara un año antes, es lo poco que se usaba.

Julio Gonzalo, catedrático del área de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la UNED, especialista en inteligencia artificial, se muestra escéptico sobre la redacción artificial: “El discurso público en redes sociales ya está muy contaminado por la IA generativa, y empieza a generar hartazgo y rechazo. En Twitter y LinkedIn, por ejemplo, una gran parte de las intervenciones son tan uniformes estilísticamente que casi nadie parece tener voz propia”, afirma. Una vez preparado el borrador de una intervención, sin embargo, “la IA puede ser una buena herramienta como adversaria: puede servir para detectar puntos débiles en el discurso, prever contraargumentos, etc. Incluso, en ocasiones, para pulir errores de estilo”, añade.

Aun así, a su juicio, “si se busca atención, ya no se puede delegar en la IA los discursos, porque los volverá predecibles y planos”.

Un diputado de ERC, Joan Capdevila, anunció en una sesión de pleno y diputación permanente el 28 de marzo de 2023 que la había utilizado. Lo hizo como mofa a una moción de los populares y dijo así: “Leía con atención la moción del PP —sin recochineo—, la leía con atención y, sin saber cómo, se me ocurrió, me pregunté —con el debido respeto—, al ser tan chata, tan blanda, tan ramploncita y repetitiva, que —perdóneme la maldad su señoría— si habían recurrido a ChatGPT para elaborarla”. Capdevila, relató allí mismo, recurrió a ChatGPT para su respuesta y leyó: “Las propuestas del Partido Popular están vacías de contenido y solo favorecen a las élites [...]”. Cuando terminó la cita, comentó: “¡Quién sabe si esta es la primera vez que en esta Cámara se usa el ChatGPT para componer un discurso! O no. Declarada y abiertamente, creo que esta es la primera. Dudoso honor, debo admitir”.

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