Visto para sentencia el juicio al matrimonio alemán que encerró a sus hijos casi cuatro años en una casa de Oviedo
La fiscalía pide penas de 25 años y la defensa la libre absolución


Tras quedar suspendido el pasado día 13 de marzo, el juicio al matrimonio alemán que mantuvo aislados a sus tres hijos durante cerca de cuatro años en una casa a las afueras de Oviedo ha quedado visto para sentencia después de que los padres hiciesen uso de la última palabra para asegurar que, aunque reconocen que la situación era anómala, siempre trataron de hacer lo mejor para los gemelos, que ahora tienen 9 años, y su hermano mayor, de 11, según han trasladado sus abogados defensores.
Los padres, un alemán de 53 años y una mujer de 48 con doble nacionalidad, alemana y estadounidense, se enfrentan a penas de 25 años y cuatro meses de prisión por delitos de violencia psíquica habitual en el ámbito familiar, detención ilegal y abandono de familia, de los que le acusa la fiscalía y la acusación particular, mientras que los abogados de la defensa piden la libre absolución.
El matrimonio, según sus abogados, también ha aprovechado el turno de última palabra para mostrar su confianza en poder ver reunida de nuevo a su familia y en poder recuperar el vínculo paternofilial con los niños, actualmente bajo la custodia de los Servicios Sociales del Principado, por lo que ha trasladado su voluntad de colaborar con la justicia y la administración para reconducir esa situación.
Según el abogado de la madre, Javier Muñoz, los progenitores declararon ante el tribunal “desde su convicción y desde su corazón”, e insistieron en que siempre habían actuado en pro del interés de sus hijos y trasladaron su confianza en las autoridades españolas y la justicia.
Para la defensa, no puede hablarse de detención ilegal, sino de un “aislamiento voluntario” por parte de unos padres que habían estado enfermos de coronavirus, y que presentaban un “miedo insuperable” a enfermar de nuevo, por lo que decidieron autoconfinarse y educar a sus hijos en una casa que, según su declaración, en ningún caso fue “la de los horrores”, como fue bautizada.
No obstante, según las declaraciones de los agentes que participaron en la operación, los niños llevaban pañales, dormían en cunas y un camastro sin patas. Sus últimos zapatos se habían comprado en 2019 y los pequeños convivían también con un gato en muy malas condiciones de higiene y salud. Las ventanas de la vivienda estaban cerradas y no corría el aire.
Los niños nunca fueron escolarizados en España, por lo que los gemelos no sabían leer ni escribir, y no tuvieron un seguimiento sanitario de su salud.
En la vivienda, había una evidente falta de higiene; condiciones precarias de salubridad y una sorprendente cantidad de medicamentos almacenados.
Tras su liberación, los niños quedaron bajo el auspicio de los servicios sociales del Principado que sigue manteniendo su custodia. “Son niños cuyas secuelas de lo que vivieron iban a aparecer con posterioridad y se está trabajando de una manera muy intensiva con ellos, tanto el personal educador como psicólogos, porque realmente lo necesitan”, señaló hace unos días la consejera de Derechos Sociales, Marta del Arco.
De momento no se prevé que los niños puedan ser adoptados; no obstante, la acogida puede ser una opción.
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