Elisa Mouliaá: “Puede que haya sido torpe, pero yo no he mentido”
La actriz que denunció a Errejón por agresión sexual reconoce a EL PAÍS haber atravesado un proceso acechada por sus contradicciones y una sobreexposición mediática

Su cara ocupa media pantalla. Elisa Mouliaá entra por videollamada a los programas desde un café. Se enzarza con un tertuliano desde el pasillo de su casa. Critica a quienes se lucran con su dolor y, un segundo después, dice que merece cobrar por su testimonio. Mouliaá resiste el envite de un juez que llega a cuestionarle cuánto tiempo estuvo el acusado “chupándole las tetas”. Se rompe a las puertas de un juzgado. Y un buen día, cuando ya no puede más, reconoce, se retira de un proceso por agresión sexual contra el exlíder de Podemos Íñigo Errejón. Después, cuando se da cuenta de que la Fiscalía no lo va a acusar y de que está aún más sola, vuelve a la carga. “Seguiré hasta el final”, anuncia en una entrevista a este periódico en el que enfrenta todas las contradicciones a las que ha estado sometida este año.
En una cafetería de Madrid, donde estudiaba sus guiones como actriz en un tiempo que le parece lejanísimo al que sueña con volver, responde a todos más de un año después de que EL PAÍS le pidiera una entrevista.
Pregunta. ¿Por qué ha tardado tanto en hablar con nosotros?
Respuesta. Porque aunque le ha procesado el juez por mi caso, ahora hay otra denuncia por violación y siento que ya no llevo todo el peso yo sola. [La segunda denuncia a la que se refiere Mouliaá fue archivada este lunes porque la mujer, que acusaba a Errejón de agresión sexual, no fue a ratificarla. Su abogado, el mismo que representa a Mouliaá, registró esta segunda denuncia sin revelar la identidad de la denunciante y solicitó a la jueza la condición de testigo protegido para ella]. De alguna manera la justicia ha reconocido que lo que denuncié era serio. Y eso me da la serenidad suficiente para poder hablar ahora con más perspectiva y responsabilidad.
Mouliaá pasó en poco tiempo de convertirse en una mujer que alzaba la voz contra la violencia machista —la primera que daba su nombre y ponía su cara en el escándalo sexual contra Errejón— a representar el papel más antagónico posible de lo que algunos esperan de una mujer que ha denunciado una agresión sexual. Ella lo sabe: “Yo sé que no le caigo bien a todo el mundo, pero no te tiene que caer bien una víctima”.
P. ¿Cree que se ha expuesto demasiado mediáticamente y que eso la ha podido perjudicar en su proceso?
R. Lo único que he hecho ha sido contestar de forma educada a los medios que me buscaban constantemente. Yo no he ido a las puertas de nadie ni he hecho campañas. Y lo único que he hecho también ha sido desmentir bulos sobre mi vida y mi pasado. Una víctima debe parecer buenecita, calladita... Pero la realidad es que da igual cómo seas. Si hablas, eres una exagerada. Si callas, es porque mientes. Si te equivocas en algo, eres una loca. Es una trampa constante. Por eso creo que también hay un mensaje peligroso en todo esto: están utilizando mi caso para domesticar y asustar a las mujeres para que no se atrevan a denunciar a sus acosadores.
P. ¿Se arrepiente de haber tenido esa exposición?
R. No me arrepiento porque gracias a que hablé ahora hay una mujer que por fin ha denunciado. Lo ha hecho de forma anónima, probablemente después de lo que me han hecho a mí. Por tanto, creo que mi sufrimiento ha servido para algo.
P. Se ha metido en algún jardín, como el de las teorías conspiranoicas, ¿no cree que le han hecho perder credibilidad?
R. Puede ser que a veces haya sido torpe, pero yo no he mentido. Pero es porque no tengo nada que ocultar. Cuando estás emocionalmente desbordada puedes decir cosas de forma poco medida. He pasado por momentos muy duros y eso también se refleja. Pero una cosa es ser imperfecta y otra mentir. Y yo no he mentido.
P. ¿Qué es lo que le hubiera gustado borrar?
R. Lo que dije sobre el karma de aquella chica. Esa semana ocurrió una desgracia muy grave y entendí inmediatamente que hay cosas que, por muy dolida que estés, no se pueden verbalizar. Fue una reacción nacida de la herida y de la sensación de traición. Creo que todos los seres humanos, en determinadas circunstancias vitales, podemos cruzar límites que normalmente no cruzaríamos.
Mouliaá se refiere a que hace más de medio año falleció en un accidente la hija de los amigos que organizaron la fiesta donde había ocurrido la presunta agresión. Los dos declararon como testigos en la causa, donde afirmaron que no recordaban “nada raro” de ese día. Mouliaá consideró que habían contactado antes de su declaración con Errejón y que se pusieron de su parte. La relación con ambos se rompió antes de que ella denunciase al exdiputado por otras razones. Hace un mes, Mouliaá estalló en X y públicamente acusó a la que fuera su amiga de que la muerte de su hija era producto del karma, por haberse alineado con Errejón. Y las redes explotaron de nuevo contra la actriz.
P. ¿Cree que uno de sus errores ha sido participar en ese circo mediático?
R. Sí, entiendo, pero ¿qué hago?, ¿me quedo calladita ante los bulos? Pues no. Yo entiendo que no le caigo bien a todo el mundo. Pero es que no te tiene que caer bien una víctima. Pero prefiero hablar y que me entierren viva, a callarme.

P. Ha acusado a los medios de lucrarse con su dolor pero usted ha cobrado por su testimonio, ¿cuánto dinero ha ganado?
R. Algunos medios han generado muchísimo contenido y audiencia con mi caso. Lo mínimo que puede existir es una compensación por mi tiempo, porque además estos procesos judiciales cuestan muchísimo dinero. Con las entrevistas percibí 54.000 euros y se donó todo el 8-M pasado ante notario. A una ONG vinculada a Safe Home, un proyecto de negocio que estoy desarrollando, que busca ayudar a mujeres víctimas de violencia.
P. Pero si se lo dona a una ONG de su negocio, suena a que lo está financiando.
R. No es para financiar mi negocio. Es una ONG externa que colabora con el proyecto social. El dinero está destinado a apoyar a mujeres en situaciones vulnerables, darles acogida, alta en seguridad social, formación y trabajo.
P. La Fiscalía da una versión de los hechos contraria a su testimonio y pide la absolución de Errejón.
R. Sí. La Fiscalía se contradice a sí misma, porque en el primer escrito sí que le acusa, y pidió que se le procesara. Después, pidió la absolución. Me pareció muy ruin. Una cosa es no acusar y otra cosa es decir que hubo consentimiento cuando yo he presentado tantas pruebas y testimonios que apuntan a lo contrario. Parece que si no tienes un vídeo donde te están violando directamente, no sirve para nada.
P. En la fiesta, el Ministerio Público afirma que los dos decidieron entrar en un dormitorio “para mantener mayor intimidad” y los asistentes no apoyaron su relato.
R. Eso no es cierto. Yo estaba bailando tranquilamente y este señor me cogió del brazo y me llevó a una habitación. Allí la situación fue muy desagradable y violenta. Cuando me tiró a la cama y se desnudó fue un momento profundamente humillante.
Además, existe un mensaje del mismo día de los hechos que lo prueba. Es un mensaje que envié a la chica de la fiesta a la que le conté todo al llegar a casa, y que está incorporado al procedimiento. En ese mensaje ya explico que me había cogido del brazo y me había llevado a una habitación. No fue una decisión conjunta de dos personas que buscaban intimidad. Fue algo que ocurrió porque él me llevó allí. Fue algo muy agresivo.
P. Luego decide ir a su casa.
R. Mucha gente juzga eso sin entender cómo funcionan estas situaciones. Después de salir de esa habitación tengo muchas lagunas. Recuerdo salir de la habitación y Errejón me agarró y me dijo: “Nos vamos dentro de 20 minutos”. Estaba mucho más borracha. No sé la razón por la que me fui a su casa, pero lo que sí sé es que acabé allí. En la vida hay contradicciones, pero una cosa es acabar en un sitio y otra muy distinta consentir lo que ocurrió antes o después. Lo importante es que puse límites, me fui y conseguí que no me violara.
P. ¿No cree que retirarse del proceso, aunque haya sido momentáneo, le puede perjudicar?, ¿por qué lo hizo?
R. Cuando lo hice sentí alivio porque el juez ya lo había procesado. Era como si la verdad pudiera caminar sola. También, quería demostrar que no quería dinero. Pero no podía más porque me enteré de otras dos argentinas a las que agredió que no se atrevían a dar el paso y h ay una línea muy fina entre ser valiente y destruirte a ti misma. Nunca me hubiera imaginado que la Fiscalía iba a hacer un escrito de absolución. Ahora voy a seguir hasta el final.
P. ¿Cómo fue el momento previo a poner la denuncia hace un año?, ¿alguien le recomendó en algún momento que no se metiera en esto?
R. Denuncié porque me salió de dentro. No podía soportar que ciertas conductas quedaran impunes ni que se blanqueara a determinadas personas. Nadie me preparó para lo que vino después. Cuando denuncié ni siquiera tenía abogado todavía. Y de repente apareció toda la presión mediática.

P. ¿A una amiga le diría que denunciara?
R. Le diría que denunciar es importante, pero también que el sistema puede ser muy duro con las víctimas. Si existe la posibilidad de hacerlo de forma anónima o con protección, es algo que debería considerarse seriamente. Porque el nivel de exposición, acoso y descrédito que puedes sufrir es enorme.
P. ¿Conoce a más mujeres que acusen a Errejón?
R. Sí. He hablado con más de 10 mujeres que relatan experiencias similares, 11 si contamos la última denuncia. Todas compartimos patrones muy parecidos: mujeres muy empáticas, resilientes, con historias de vida complejas y a las que es más fácil manipular emocionalmente.
P. ¿Cómo cree que a Errejón le dio tiempo a saber todo eso de usted esa noche?
R. No sé si es algo consciente o intuitivo. Pero cuando hablas con otras víctimas ves que hay perfiles muy parecidos. Muchas hemos vivido situaciones de maltrato físico o psicológico.
P. ¿Cómo se siente ahora?
R. Tengo la conciencia tranquila. Me acuesto sabiendo que hice lo que tenía que hacer. Cada día que pasa y cada paso del proceso judicial me reafirma en la decisión que tomé. Y, a pesar de todo lo que he vivido, cada día me siento más orgullosa de haber denunciado.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































