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Beny murió en un emboscada entre placas solares en Plasencia de Jalón (Zaragoza)

Tres hombres ingresan en prisión provisional por matar a tiros y después quemar a Francisco H., de 29 años, en una zona de monte

Detención de uno de los sospechosos del crimen de Francisco H., el pasado 2 de diciembre en Plasencia de Jalón (Zaragoza). Guardia Civil (EFE)

Hace apenas unos días que el crimen en un campo de placas solares que conmocionó a la provincia de Zaragoza el pasado 2 de diciembre ha dejado de estar entre sombras. Francisco H., de 29 años, conocido como Beny, perdió la vida en una zona de monte dentro del pequeño municipio de Plasencia de Jalón, de 325 habitantes y situado a unos 40 kilómetros al oeste de la capital. Unos vecinos encontraron su cuerpo a primera hora de la mañana, medio quemado, en un paraje de difícil acceso y en el que apenas había testigos. Su coche, un viejo Ford Mondeo modelo ranchera, no estaba muy lejos, a unos 600 metros, oculto tras unos arbustos y completamente calcinado. Con la detención de tres hombres vecinos de la comarca de Valdejalón, el pasado 12 de marzo, ha comenzado a entrar algo de luz en una muerte de la que todavía quedan incógnitas.

A comienzos de esta semana, y cuando la jueza ya había enviado a prisión provisional a los tres arrestados, la Guardia Civil informó sobre esta investigación en una rueda de prensa en Zaragoza. Aunque parte del caso todavía está secreto y, por tanto, no podían entrar en detalles, explicaron cómo ocurrió el crimen y expusieron parte de las armas intervenidas a los arrestados.

Allí el teniente coronel Óscar Vergara contó que Beny no perdió la vida en el lugar que lo encontraron, conocido como el paraje de La Lomaza, sino que fue trasladado hasta allí cuando ya había fallecido tras recibir varios disparos. Por la forma en la que terminó, mantuvo que había “una intencionalidad clara” de quitarle la vida. “Nosotros somos guardias civiles, no juristas”, aclaró el investigador. “Por el nivel de ensañamiento, hemos pensado que se trata de un asesinato”, dijo Vergara.

La víctima había quedado la víspera con dos de los detenidos, a los que conocía. La familia contó que eran amigos y estaban intentando cerrar un trato de la venta de un animal, señalan fuentes conocedoras de la investigación. Se fueron a un camino del municipio, donde se inició una persecución en la que terminó recibiendo varios disparos por la espalda. El informe forense señaló otras heridas que se habían producido después del fallecimiento, como un golpe en la cabeza o cortes de arma blanca en el rostro.

De momento, el crimen se investiga como un homicidio, aunque esto no impide, según la jueza que lleva el caso, que pueda considerarse después un asesinato, tal y como ya contempla el Ministerio Fiscal. La jueza, titular de la plaza nº2 del Tribunal de Instancia de La Almunia, envió el pasado sábado a prisión provisional a los tres detenidos: Rafael G.C., alias Pato, de 53 años, Salvador G. G., de 37 años, y José G. H., de 23 años. Un grupo de familiares de la víctima increpó a uno de ellos fuera del precinto policial, cuando los agentes le conducían hasta los juzgados. “Cobarde, desgraciado. ¿No podíais uno contra uno?“, le gritaban. Los tres implicados son vecinos de la zona y cuentan con antecedentes por delitos comunes. La instructora consideró que existían “motivos bastantes para considerarlos —a cada uno de ellos— criminalmente responsables” de la muerte de Beny. Ninguno de ellos declaró en sede judicial.

La hipótesis principal de su muerte es que le quitaron la vida por una deuda económica o de drogas. Sin embargo, por el ensañamiento que sufrió, no se han descartado otros motivos que tengan que ver con algún tipo de rencilla personal. Todavía se investiga si hay más personas que encubrieron a los tres arrestados.

Durante la investigación, bautizada operación Heliosencia, en alusión al dios griego del sol y al municipio en el que ocurrió el crimen, los agentes de la Guardia Civil tuvieron que aplacar las ansias de justicia de los familiares del fallecido. Les convencieron de que pondrían todos los medios para dar con los autores, para que fueran juzgados legalmente y no ocurriera “ninguna desgracia más”, contó el teniente coronel el lunes.

Desde el 2 de diciembre, los investigadores iniciaron un trabajo de largo recorrido. El examen de la zona en la que fue hallado el cuerpo de Beny se prolongó durante semanas. Mapearon el terreno con drones, vaciaron una balsa cercana por la sospecha de que podía estar allí el arma homicida, recuperaron el teléfono del fallecido y mandaron a analizar restos de ADN hallados en la ropa de la víctima que no se había quemado. De forma paralela, se entrevistaron con familiares y personas con las que el fallecido contactó aquel día y reconstruyeron su última noche con vida.

Tras la muerte de Beny, dos de los sospechosos detenidos se marcharon de la comarca. Uno de ellos estuvo “autodesterrado” durante mes y medio, pero regresó y volvió a sus rutinas. Otro se instaló con su familia en Paterna (Valencia), donde fue arrestado. El tercero permaneció en la zona, haciendo vida normal.

Las pesquisas tuvieron su punto álgido el 12 de marzo, cuando detuvieron a los tres sospechoso en Paterna (Valencia), Lumpiaque (Zaragoza) y Sabiñánigo (Huesca) durante un operativo con grandes medidas de seguridad. La peligrosidad de uno de ellos hizo que la Unidad Especial de Intervención (UEI), formada por agentes expertos en operaciones de alto riesgo, acudiera a su domicilio. En los cinco registros, los agentes encontraron “indicios relevantes de la participación de los detenidos en el asesinato”.

El operativo policial intervino una gran cantidad de armas. Entre ellas había una escopeta del calibre 12 y diferente munición, armas cortas detonadoras (que simulan el fuego real) y otras de airsoft (que disparan proyectiles de plástico), cuya estética y peso podía hacer que se confunda fácilmente con armas de fuego real, además de una gran cantidad de armas blancas, entre ellas machetes.

Dos de los arrestados están investigados, además de por el homicidio, por tenencia ilícita de armas, y un tercero ha sumado el tráfico de estupefacientes, ya que en su vivienda se intervino un paquete con 50 gramos de metanfetamina guardado en la nevera y 1,2 kilos de cogollos de marihuana, además de envoltorios y otros utensilios, como bridas, para distribuir la droga en dosis. Tras las últimas actuaciones, los investigadores han enviado a analizar las armas intervenidas para ver si coinciden con las utilizadas contra la víctima.

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