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La renuncia de Yolanda Díaz acelera el debate sobre el liderazgo en la izquierda: ¿y ahora qué?

El paso atrás anunciado por la vicepresidenta segunda alienta una reflexión interna sobre la sucesión. Los partidos aún no han decidido el método para elegir al candidato

La ministra de Sanidad, Mónica García, y el ministro de Consumo, Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, la semana pasada en el Congreso. Eduardo Parra (Europa Press)

El paso atrás anunciado por Yolanda Díaz este miércoles ni ha sorprendido en la izquierda ni cambia su hoja de ruta. Pero la renuncia a volver a ser candidata acelera un debate muy complejo sobre el liderazgo del espacio político sin que, de momento, haya un sucesor claro. Y dispara todo tipo de elucubraciones. “Se esperaba, pero el problema viene ahora”, resume sobre esta incertidumbre una fuente del partido de la vicepresidenta segunda. Las miradas se vuelven a partir de este miércoles hacia el acto del sábado pasado, donde Izquierda Unida, Más Madrid, Comunes y Movimiento Sumar escenificaron su alianza para las próximas generales, con varios posibles aspirantes a una candidatura. Unos más expuestos que otros. “Lo lógico sería que el futuro líder saliera de ahí, pero no tiene por qué ser necesariamente así”, apunta una fuente del grupo parlamentario. De momento, la ministra de Trabajo, tal y como anunció en su carta pública, se concentrará en la labor de gobierno para tratar de impulsar desde ahí a los suyos, pero al quitarse de la futura ecuación electoral, puede allanar el camino para un acuerdo amplio incluso con Podemos que permita a la izquierda rentabilizar votos en las provincias más pequeñas.

“La decisión deja todo abierto. Yolanda Día se ha quitado la presión de encima y ahora esa presión está en el resto”, interpreta un diputado. Nadie de la dirección del partido de Ione Belarra quiso ayer pronunciarse en público, pero algunas voces internas entienden que el escenario cambia, si bien recelan del protagonismo de Más Madrid —en origen, una escisión del propio Podemos— en ese nuevo espacio.

“La decisión de Díaz ha caído como fruta madura”, afirma otro parlamentario. En la misma línea, un dirigente opina que los tiempos para el anuncio han sido acertados: la agitación del portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, con su debate para poner de acuerdo a la izquierda soberanista y estatal, contribuyó a elevar las expectativas sobre el acto del sábado, que desbordó las previsiones de la organización, y la ausencia de la vicepresidenta anticipó el movimiento de ayer.

De momento, no hay nada decidido, aunque en privado se lleva meses hablando de nombres, más allá del interés público suscitado por el propio Rufián, que tiene un encaje complicado. Perfiles como el del ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, es uno de los más repetidos en esas conversaciones informales y goza de un enorme respaldo dentro del espacio. Desde un departamento pequeño como el de Consumo ha colocado en la agenda pública debates importantes, poniendo en la diana a las compañías aéreas por los sobrecostes abusivos, o a los portales inmobiliarios, además de lograr consensos inusuales en el Congreso esta legislatura (como la unanimidad en la ley ELA, o el visto bueno a la de atención a la clientela). El CIS arroja desde hace meses una valoración en ascenso, colocándolo entre los tres ministros con mejor imagen, a muy poca distancia del titular de Economía, Carlos Cuerpo, y de la de Defensa, Margarita Robles. Los mayores obstáculos, el bajo conocimiento (solo un 30,2% de los españoles sabe quién es frente al 57% que identifica a Mónica García); y que él mismo ha declinado postularse cada vez que le preguntan.

Sobre el escenario de la presentación celebrada en el Círculo de Bellas Artes la semana pasada también estaban otros ministros: Ernest Urtasun, de Cultura, miembro de los Comunes, pero a la vez portavoz de Movimiento Sumar, lo que algunos creen que podría facilitar acuerdos; y García, responsable de Sanidad y colíder de Más Madrid, una de las más jaleadas por el auditorio. Entre los participantes, Antonio Maíllo, coordinador federal de IU y de momento, candidato a la Junta de la coalición Por Andalucía. Él mismo se ha autodescartado, centrado en los comicios autonómicos de junio, aunque su partido ha espoleado el proceso de unidad y ha exigido de manera abierta esa renovación de liderazgos.

Del mismo modo, rechazó ser una opción la semana pasada en RNE Lara Hernández, líder de Movimiento Sumar. Entre el público, la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ahora apartada de la primera línea, pero que para algunos puede funcionar aún como activo electoral dentro y fuera de Cataluña. E incluso dirigentes sindicales, como el de CC OO, Unai Sordo, al que también han señalado desde algunos ámbitos de la izquierda. Ninguno se da por aludido, y los partidos aseguran que ese debate llevará aún tiempo, porque deben sumarse otras fuerzas políticas a la coalición. La discusión sobre el nombre, que no será Sumar, se resolverá antes, insisten.

“¿Qué toca ahora? Lo dicho: trabajar más, seguir construyendo poco a poco, con mimo y de forma silenciosa. ¿Candidatos? Como dijimos el sábado, lo que importa es el qué y el cómo, no el quién", zanjan fuentes del partido creado por Díaz en 2023.

Falta decidir igualmente el método para su elección: consenso o primarias. IU ha apuntado al primero como preferible. “Será en todo caso fruto de un trabajo colectivo”, indican en Movimiento Sumar.

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