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'IN MEMORIAM'
Opinión

Muere José Tudela, un incansable luchador por la convivencia democrática

El profesor de Derecho Constitucional, antiguo letrado mayor de las Cortes de Aragón, consiguió impulsar el diálogo entre el mundo académico, el político y el de los medios

El letrado de las Cortes de Aragón y profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Zaragoza, José Tudela Aranda durante el seminario "La amnistía a examen", en febrero de 2024.José del Olmo (EFE)

El repentino fallecimiento de José Tudela Aranda el pasado sábado ha provocado una profunda consternación en el mundo del derecho constitucional y la ciencia política; en España y fuera de ella, muy singularmente en Hispanoamérica, donde impulsó importantes iniciativas.

Pepe Tudela, como era conocido, nació en Madrid hace 63 años. Doctor en Derecho y Licenciado en Ciencias Políticas, accedió al puesto de letrado en las Cortes de Aragón, y se trasladó a vivir a Zaragoza, donde labró su proyecto de vida, junto a su querida Pilar, y desde donde desarrolló un extraordinariamente fructífero quehacer profesional.

En las Cortes de Aragón, en las que desempeñó el cargo de letrado mayor (1995-2003), entabló una profunda relación profesional y personal con quien determinaría de forma decisiva su futuro: Manuel Giménez Abad. El asesinato del jurista y político aragonés por la banda terrorista ETA en 2001 llevó a las Cortes a crear la fundación que lleva su nombre. Ya entonces Pepe Tudela fue nombrado secretario general, cargo que ha desempeñado ininterrumpidamente hasta su fallecimiento. Su gran acierto estratégico fue establecer para la fundación unos objetivos que, vinculados a las preocupaciones de Giménez Abad, contribuyeron decisivamente a promover una continua renovación de su memoria en cada una de las actividades organizadas.

Impulsado por su vitalidad y constante voluntad de generar espacios para el diálogo y la reflexión plural, la labor desarrollada por Pepe al frente de la fundación ha conferido a Zaragoza la condición de indiscutible centro de referencia para nuestro derecho constitucional. Será difícil comprender la fundación sin sus iniciativas, sus ideas y sus ideales.

Pepe unía a su inagotable capacidad emprendedora una condición humana que le permitía congregar personas de un amplísimo espectro, sin exclusiones, huyendo del sectarismo y aunando esfuerzos. Así lo atestigua el amplio abanico de relaciones de colaboración que entabló desde la fundación.

Muy destacable fue su labor orientada a promover la presencia de académicos españoles en foros internacionales en los que estaba en juego la propia credibilidad de nuestro país como sistema democrático, en ocasiones superando la incomprensión de quienes más conscientes tenían que haber sido de su trascendencia.

Sus colaboraciones con el Forum of Federations han situado en el ámbito internacional el análisis de la realidad autonómica española, al igual que los encuentros celebrados con la Fundación Friedrich Ebert. Porque Pepe Tudela fue un decidido valedor de la descentralización política y una persona que contribuyó activamente a su estudio y debate. Otra de sus preocupaciones esenciales fue el Estado de derecho y los retos a los que este se enfrenta en la actualidad. Su compromiso activo con la democracia constitucional queda patente en la que ya es desgraciadamente su última obra: En defensa del Estado de Derecho. Los seminarios sobre tan poliédrica temática organizados junto con la Fundación Konrad Adenauer, celebrados primero en Altea (Alicante), después en el Monasterio de Piedra y en 2025 en Calatayud (Zaragoza), han contribuido de un modo relevante a la tarea tan poco desarrollada en España de impulsar el diálogo entre el mundo académico, el político y el de los medios de comunicación.

Expresión directa de su compromiso activo con la universidad pública y su renovación generacional es la iniciativa Nuevos Horizontes que, bajo la batuta de Pepe Tudela, ha creado un fértil espacio de encuentro y debate entre los jóvenes investigadores del derecho constitucional que están realizando su tesis doctoral y estudiosos consolidados.

Pero Pepe tenía otras aficiones mucho más allá del ámbito académico. Fue un apasionado de los viajes más inverosímiles. Cada año nos sorprendía con nuevas andanzas junto con Pilar. Viajes en los que daba rienda suelta a su pasión por la fotografía y la literatura. Buena prueba de ello es su sugerente libro Viaje a Irán. Los azulejos negros del desierto.

Dicen que nadie es imprescindible. Será. Pero la ausencia de Pepe Tudela nos depara, especialmente a quienes trabajamos el Derecho Constitucional y la Ciencia Política, un futuro con un enorme vacío humano e intelectual. Y es que, como canta una antigua sevillana, “Algo se muere en el alma cuando un amigo se va. Y va dejando una huella que no se puede borrar”.

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