Los ganadores del polémico Gordo en Villamanín hacen cola: “Se destrozan familias por 3.000 euros”
Los abogados de la Comisión de Fiestas atienden en persona a los premiados que no se han registrado virtualmente en la plataforma del reparto de 26,5 millones


Maruja se impacienta. “¡Tardan mucho en salir!”, se queja sentada en una silla de plástico de las escuelas donde su generación estudió y que hoy, yermo de niños Villamanín (León, 800 habitantes), es un coworking. “Cagondiós, Maruja, que les están pagando con billetes de cinco”, bromean sus vecinos, de pie, pacientes en una cola de unas 40 personas que aguardan asistencia jurídica para solucionar flecos del famoso Gordo que cayó en el pueblo pero con un asterisco: había papeletas no compulsadas.
Desafortunados afortunados, se creen, desde que conocieron ese pellizco: tocarían unos 80.000 euros por participación pero han acordado una quita para que a todo el mundo le llegue el mismo dinero (26,5 millones repartidos entre todos). Se quedarán en 59.000 netos, bienvenidos en la montaña leonesa de futuro negro como el carbón que ya no extraen. “Te despertaste el día 22 [de diciembre, fecha de la Lotería] sin nada… y vale más pájaro en mano”, apunta una mujer, con otra paisana en su línea: “Nada teníamos, y si cobramos algo pues mejor”.
La lluvia da tregua ocasional entre esas cumbres nevadas, de cielo gris y ocasionales ráfagas de agua. La Comisión de festejos del pueblo, responsable de aquello que han definido como error y que ha causado el trastorno, ha habilitado junto a su equipo legal una plataforma para que los premiados se registren y se mojen: deben decidir si validan la quita acordada en asamblea el pasado 26 de diciembre o si reclaman la cantidad completa y para ello denuncian, sinónimo de ralentización de los pagos y gastos judiciales. La única pesimista, la mayor, Maruja: “¡No se va a cobrar! Con tanto movimiento…”. Los demás asumen que alguna solución habrá y perdonan a esos muchachos que anualmente organizan las fiestas, las loterías y demás jaujas y que se han visto en el entuerto.
“Llamamos a la tranquilidad, fue un error de los chicos, son buena gente de toda la vida y llegaremos a buen puerto, toda la gente se lleva bien y no hay mal rollo, es un pueblo unido”, expone su hija. Nadie da nombres porque una cosa es hablar y otra posicionarse en un tema espinoso que, aseguran, no ha traído la división o el guerracivilismo que se auguraba, como comenta un hombre. “En los pueblos hay poca gente pero pasa como en la ciudad, siempre hay tensión pero los que hablan no tienen lotería y los que tenemos no hablamos”, observa otro. Solo se identifica Roberto Herrera, de 42 años y de Avilés (Asturias), que ha venido con su madre. “A mí me da igual, vengo con ella. ¡60.000 euros es chatarra, yo trabajo en el percebe! Ya lo ha registrado pero viene a preguntar”, afirma, y critica la piedad con los de la comisión: “Son unos pufistas, no puedes sacar los décimos que quieras”.

El abogado de la comisión -ahora asociación por motivos formales-, Antonio Gómez, ha informado a última hora de que llevan más del 50% de los boletos, sintiéndose “más que satisfechos y eufóricos” por la acogida y buena sintonía, “con cero incidentes personales”. Gómez ha precisado que empezarán a pagar cuando se registren todos los implicados y que “no constan denuncias”. Ana, una de las integrantes del grupo, ha agradecido “los mensajes de cariño y de apoyo”, ha insistido en disculparse y ha lamentado las “acusaciones” porque actuaron “sin mala intención”, además de admitir que han sido “las peores navidades” de su vida por tanto jaleo.
Los presentes muestran dos perfiles: los que no se apañan con Internet o no tienen correo electrónico -“No me fío por si doy donde no tengo que dar”- o los que poseen boletos repartidos y quieren asegurarse. Pasen, pasen. Persianas bajadas contra los curiosos, portátiles con la web del registro abierta, formularios a mano para que los poseedores del premio se decanten. Tres abogados, dos en cabinas cerradas y uno en la salita exterior, atienden consultas.
Allí explican que Hacienda exige pulcritud, que si tienen varias papeletas es mejor registrarlas a medias, que les enseñen las fotos del numerito, el 79.432 de marras, que miren en spam. El ajetreo se nota en el contiguo Hogar del Jubilado, sobre el cual se celebró la asamblea del 26 de diciembre, más intensa, acordándose el reparto equitativo con una cesión aproximada del 10% que deberá ser ratificado individualmente… o elevado a la justicia, lo cual de momento no consta.
El bar vive un goteo gradual de parroquianos y posteriores integrantes de la cola que se entremezclan con los nativos que hacen crujir el periódico al leerlo junto a un chupito de hierbas, echan la partida sobre el tapete verde con un ojo a la película de sobremesa en la tele. Los corrillos de barra y de cola alumbran reflexiones dispares. “¡Con 60.000 euros no te compras un coche!”, calcula alguno; “¿Cómo va a haber mal ambiente? Fue sin querer, aquí somos civilizados y no matamos a nadie”, defiende otro; “Nací pobre y moriré pobre, nací en pelotas y moriré en pelotas”, comenta aquel, antropólogo; “¡Solo faltan los Antidisturbios!”, se asombra este al ver a la Guardia Civil y a Protección Civil; “Igual en tres años los 60.000 valen menos, además del coste de los abogados y tal”, mantiene otro agraciado; “No he visto revuelo, es verdad que puede dividir un poco pero los que se llevaban bien se seguirán llevando bien y los que se llevaban mal seguirán llevándose mal, que la gente es muy avariciosa”, vaticina otro; el cenizo: “Si se destrozan familias por tierruchas de 3.000 euros, imagina por 60.000”.
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