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EE UU impone la ley del silencio en la reunión entre Marruecos y el Polisario en Madrid

Rabat reclama un recorte de la misión de la ONU para el Sáhara tras presentar un nuevo plan de autonomía más extenso

El diálogo sobre el futuro del Sáhara entre Marruecos y el Frente Polisario impulsado por Estados Unidos se ha iniciado aparentemente este domingo en Madrid sin más confirmación oficial que la mención del Ministerio de Asuntos Exteriores Español a una “reunión multilateral” y la presencia expresa de los jefes de la diplomacia de la Argelia y Mauritania. El hermetismo oficial sobre las primeras negociaciones directas entre las partes en conflicto en más de seis años es patente tanto en Rabat como en Argel, así como en las capitales de “otros representantes que acuden a Madrid”, según informó el sábado el departamento dirigido por José Manuel Albares.

Washington parece haber impuesto la ley del silencio, la discreción más absoluta, como condición inexcusable para auspiciar una nueva ronda de conversaciones en su Embajada en Madrid, en las que el Gobierno español no figura involucrado más allá de un papel de facilitador del encuentro. Masad Boulos, enviado para asuntos de África del presidente Donald Trump, y el representante de su país en la ONU, Michael Waltz, coordinan la reunión en presencia de Staffan de Mistura, enviado de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental.

Marruecos ofrece un estatuto de autonomía bajo su soberanía para la excolonia española, que controla desde hace 50 años y sigue estando considerada por la ONU como “territorio no autónomo” o pendiente de descolonización. Para ello ha elaborado en los últimos meses un nuevo texto legal, mucho más amplio del que presentó inicialmente en 2007.

El Frente Polisario defiende la autodeterminación mediante un referéndum en el que se incluya la opción de la independencia. Esta milicia saharaui y su dirección política ha sido acogida, junto con miles de civiles exiliados, en Tinduf, en el suroeste de Argelia, colindante con el disputado territorio. Mauritania, que controló durante apenas tres años el sur del Sáhara Occidental tras la salida de las tropas coloniales españolas en 1976, participa habitualmente en este tipo de negociaciones.

La iniciativa de diálogo apadrinado en Madrid por EE UU parte de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada el pasado 31 de octubre sin votos en contra, que planteó “una verdadera autonomía” como el objetivo “más factible” para una solución política del contencioso sobre la antigua colonia española. El pasado 29 de enero, la UE avaló también que el plan de autonomía propuesto por Marruecos sea la base de una salida política para el Sáhara “con el fin de alcanzar una solución justa, duradera y mutuamente aceptada del conflicto”.

La reciente resolución del Consejo de Seguridad abre la vía a una revisión semestral de la situación de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso). Sobre esta misión pende en abril la amenaza de su desmantelamiento, como propugna Marruecos, o de ver recortadas gran parte de sus competencias recientes reducciones de presupuestos en la ONU. La Minurso ya ha visto limitadas sus funciones en la práctica a las de un observador sobre el terreno, en un territorio controlado en un 80% por Marruecos, frente al 20% en manos del Polisario, tras la reanudación hostilidades entre las partes en 2020 al cabo de casi tres décadas de alto el fuego.

La rama militar del Polisario lanzó un ataque el sábado contra bases marroquíes en el Sáhara donde causó bajas mortales y daños materiales, según un comunicado de la organización saharaui que no ha sido comentado por fuentes marroquíes. Argelia, principal aliado del Frente Polisario, y Marruecos mantienen disputas fronterizas desde 1963, cuando ambos países se enfrentaron abiertamente en la llamada Guerra de las Arenas.

El pasado día 4, tropas argelinas irrumpieron en territorio marroquí en la frontera oriental de Figuig para retirar mojones presuntamente colocados por agricultores marroquíes en la línea de delimitación territorial, según consta en una interpelación parlamentaria al Gobierno. En 2025, Rabat suscribió contratos de compra de armamento con EE UU por un monto de 8.500 millones de euros (7.200 millones de euros), hasta convertirse en el mejor cliente militar de Washington en África.

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