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Regularización Extraordinaria de Inmigrantes
Análisis

No era tan difícil

La forma en la que se ha cerrado el acuerdo no desvirtúa el resultado, que para los inmigrantes es claramente mejor que textos anteriores mucho más restrictivos

Cerca de medio millón de personas podrán salir, por fin, de la clandestinidad, de una vida con menos derechos que el resto. La medida es incluso más flexible y generosa de lo que se esperaba. Probablemente, la única forma de que llegue a todos, de que ponga el contador a cero como reclamaban quienes impulsaron la regularización. Para miles de personas, esta decisión marca la diferencia entre seguir sobreviviendo o empezar con dignidad una nueva vida lejos de casa.

El texto aún pasará por muchas despachos hasta definirse, pero ya se conocen las claves: beneficiará a todos aquellos que estuviesen en España antes del 31 de diciembre de 2025 y que puedan demostrar cinco meses de residencia en el país. Con los papeles que puedan, sin que la burocracia sea un nuevo obstáculo. Cubrirá además a los solicitantes de asilo, un colectivo de cientos de miles de personas que, aun sin estar en la irregularidad total, iban a caer en ella tarde o temprano. No hay requisitos extras que obliguen a tener un contrato o a demostrar una vulnerabilidad extrema, como exigían el PP o el PNV. Es una medida para casi todos.

El Gobierno de coalición se apunta un tanto ante su electorado más sensible. Pero sobre todo se lo apunta Podemos, que ha empujado al PSOE hasta aquí ―y ha corrido para anunciarlo― para dejar claro de quién es el mérito. No hay duda de que es una decisión valiente de Pedro Sánchez en un momento en el que se ha normalizado llamar a los extranjeros criminales ―le cuestionarán dentro y fuera de España―, pero tampoco hay que ser ingenuos. No es solo altruismo. El cálculo es político. También económico. Y un nuevo fracaso de la negociación parlamentaria.

La regularización lleva meses funcionando como moneda de cambio en la relación entre el PSOE y Podemos. La formación de Ione Belarra llevaba tiempo remando a la contra y bloqueando cualquier negociación que no pasara por sus condiciones, que básicamente era una regularización casi sin condiciones. Era un pulso al todo o nada. Y acabó ganando el todo. Detrás de esta negociación, sin embargo, hay algo más que los migrantes: el apoyo a los Presupuestos, el salvavidas de Pedro Sánchez para agotar la legislatura. La regularización saca a cientos de miles de personas de la precariedad administrativa, pero también compra estabilidad parlamentaria.

Pero mucha gente se ha quedado fuera de la foto de la victoria.

La forma en la que se ha cerrado el acuerdo no desvirtúa el resultado, que para los inmigrantes es claramente mejor que textos anteriores mucho más restrictivos. Pero sí desnaturaliza la esencia de la medida. La regularización nació como una Iniciativa Legislativa Popular con más de 700.000 firmas. Su espíritu original era que se debatiera y se aprobara en el Congreso. Pero allí ha pasado más de un año y medio acumulando polvo. El mismo PSOE que ahora la saca adelante por decreto la despreció en un primer momento. Luego rectificó y la reactivó para terminar dejándola morir cuando vio que Junts y el PNV no iban a darle sus votos. Los grupos parlamentarios que batallaron para que saliese adelante llevaban desde el verano sin noticias de los avances.

Ahora ya las tienen: regularizar inmigrantes que viven en la precariedad no era tan difícil.

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