Sánchez viaja a París molesto con Macron y otros europeos por su tibieza con Trump
El presidente español reclama a sus socios más contundencia para evitar que el líder de EEUU dé el salto a Groenlandia


Ha pasado casi un año desde que Donald Trump está en el poder, y la política de apaciguamiento por la que han apostado la mayoría de los líderes europeos, con la clara excepción del español Pedro Sánchez, no parece estar dando los resultados esperados, al menos según la visión del Ejecutivo. Trump ya ha dado el salto de la intervención militar directa en un país importante como Venezuela, con una de las mayores reservas de petróleo del mundo, y ahora amenaza con el siguiente y más comprometido para la Unión Europea: tomar el control de Groenlandia, territorio de Dinamarca.
Esta dinámica ha terminado de convencer al Gobierno español, con Pedro Sánchez a la cabeza, de que la política de apaciguamiento de Trump ha sido un error y hay que optar por hacerle frente de manera más directa, siempre de forma política. Por eso el presidente español acude este martes a París, a una reunión de la coalición de voluntarios sobre Ucrania auspiciada por Emmanuel Macron, con una evidente discrepancia con la manera en que los otros líderes europeos están respondiendo a la operación militar de EE UU en Caracas para capturar a Nicolás Maduro y llevarlo a Nueva York.
Sánchez ha decidido estar en París una vez más, y para ello se saltará el acto de la Pascua Militar, previsto dos horas antes del encuentro en la capital francesa, pero viajará convencido de que los otros líderes europeos, en especial los grandes -Francia, Reino Unido, Alemania, Italia- se están equivocando en su forma de enfrentarse al gran problema que plantea Trump y su intervencionismo en América Latina que deja fuera de juego a la UE.
El debate sobre apaciguamiento o choque es eterno en la política internacional, y siempre se recuerda el gran ejemplo del intento de Inglaterra y Francia por apaciguar a Hitler en la Conferencia de Múnich en 1938 aceptando su invasión de los Sudetes, que solo sirvió para envalentonarlo más hasta que finalmente invadió Polonia en 1939 y ahí empezó la II Guerra Mundial.
En La Moncloa quieren evitar estas comparaciones bélicas, porque la situación es muy diferente a la de 1938, pero el debate político de fondo es similar y en el Gobierno español creen que ha llegado la hora de que Europa plante cara a Trump con un mensaje rotundo que no es el que se pactó en el comunicado de este domingo, del que solo se descolgó Hungría. En privado, el malestar con estas posiciones de los socios europeos es muy evidente, pero incluso en público el propio ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha señalado que le habría gustado “un comunicado más duro” de la UE.
Sánchez y Albares se movieron mucho el fin de semana para lograr un frente de rechazo a la operación militar de Trump, y lo lograron en América Latina —el presidente habló incluso con la mexicana Claudia Sheinbaum, con la que se han restablecido cierta normalidad en las relaciones después una larga tensión por la cuestión de la conquista española de México— pero no en Europa, donde el presidente español está muy solo en la contundencia máxima con el líder de EE UU.
El presidente español parece convencido de que después de Venezuela viene Groenlandia, y por eso en sus mensajes en redes ha citado este territorio danés. “Es un error claro estos mensajes suaves con Trump, que de alguna manera bendicen su actuación en Venezuela. ¿Cuándo ataque Groenlandia lo van a bendecir también? ¿Qué tiene que pasar para dar ese salto? España no busca estar sola en la UE, pero no se va a quedar quieta y está decidida a ir por delante, como hizo con Palestina, donde al final casi todos los países acabaron moviéndose hacia la posición española y reconocieron a Palestina", señala un miembro del Ejecutivo.
Sánchez, un europeísta convencido, cree que es clave que la UE haga un movimiento más fuerte que demuestre su peso real en el mundo. El presidente, según coinciden distintas fuentes del Gobierno, no entiende por qué países muy relevantes de América Latina como Brasil, México, Colombia, Chile y Uruguay pueden “rechazar” abiertamente este ataque, como hicieron en un comunicado conjunto con España el domingo, pero los socios de la UE se niegan a utilizar la palabra rechazo o condena, que no estaba en el comunicado a 26 del domingo.
La gran diferencia entre la posición de Sánchez y el resto de socios europeos queda muy en evidencia si se comparan precisamente los mensajes que han lanzado el español y el francés Macron, el anfitrión de la cumbre en París, que está convocada para hablar de Ucrania pero inevitablemente el debate llegará también a Venezuela al menos en los encuentros informales, porque es un asunto central en este momento.
Mientras Sánchez insiste en que España “no reconoció a Maduro pero tampoco reconocerá una intervención que viola el derecho internacional”, y no hace ninguna mención a María Corina Machado, Macron presume de haber hablado con la líder de la oposición venezolana y en otro mensaje se alegró por la intervención de EE UU: “el pueblo venezolano está hoy liberado de la dictadura de Nicolás Maduro y no puede sino celebrarlo”, llegó a escribir antes de que quedara más claro que Trump no tiene intenciones de momento de acabar con ese régimen y está negociando con Delcy Rodríguez para mantenerlo siempre que EE UU pueda dominar la escena y poner sus condiciones. Este último movimiento de Trump de mantener a Rodríguez y descartar a Machado como eje de la nueva situación en Venezuela, que ha descolocado a la derecha española y europea, es para La Moncloa una prueba más de que es un error apostar por el apaciguamiento con Trump porque él no está pensando en la democracia venezolana sino en imponer los intereses económicos de EE UU en la región y controlarla, algo que para el Ejecutivo español la UE, con enormes intereses en la zonal, no debería permitir.
Y además de todo este análisis estratégico internacional y de largo plazo, Sánchez mira también a la política nacional y de nuevo se coloca a la izquierda, donde el sentimiento anti Trump es más fuerte. El presidente y su equipo han preparado un arranque de año con varias medidas, reuniones y anuncios para intentar recuperar la agenda después de un final de año desastroso para el Ejecutivo, agobiado por las causas de corrupción y de acoso sexual de miembros importantes de la anterior cúpula del PSOE, pero de momento está toda la atención concentrada en una situación internacional que Sánchez de nuevo interpreta como una oportunidad para explicar a los progresistas por qué sigue valiendo la pena tener un Gobierno que se opone a Trump y que plantea una visión alternativa del mundo. De hecho el presidente y su Ejecutivo reivindican ahora con más fuerza su decisión de plantarse ante Trump y rechazar el compromiso del 5% del gasto en defensa que todos los demás socios europeos sí aceptaron y, según recuerdan en La Moncloa, no ha servido para aplacar las ansias intervencionistas del presidente de EE UU.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Sobre la firma





























































