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Ibiza, el ‘banco’ que financió las Guerras Púnicas

Un estudio revela por qué las monedas romanas, cartaginesas e íberas del siglo III a. C. en Hispania procedían de la misma mina 

La República de Roma sufrió el 2 de agosto del año 216 a. C. un gigantesco desastre militar. Las tropas del general cartaginés Aníbal Barca derrotaron a su ejército de casi 90.000 hombres en Cannas (Italia), en el trascurso de una de las grandes batallas de la Segunda Guerra Púnica. Tras la debacle, las arcas de Roma se vaciaron y se mostraron incapaces de pagar los salarios de los costosos ejércitos que seguían operando en la península Ibérica, uno de sus territorios más preciados. Sin embargo, las legiones en Hispania continuaron recibiendo su salario, a pesar de que en Roma no quedaba una moneda. El historiador y arqueólogo David Martínez Chico, del Grup de Recerca en Arqueologia del Mediterrani (GRAM) y del Departament de Prehistòria, Arqueologia i Història Antiga de la Universitat de València, ha descubierto, gracias a una técnica llamada isótopos de plomo, cómo Roma lo logró: reciclando moneda cartaginense acuñada con la plata extraída de la mina S’Argentera (Ibiza). Lo curioso es que este yacimiento argentífero servía también para producir las monedas de Cartago y de las tribus íberas. Amigos, enemigos, adversarios, aliados o sometidos todos extraían la plata del mismo lugar. ¿Cómo era posible?

En el estudio El origen del metal en un cuadrigato hispano (215-214 a. C.), publicado en la revista Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, Martínez Chico explica que el cuadrigato fue una moneda de plata emitida por la Republica romana en el siglo III a. C. Con ella se pagaba a las legiones de Hispania. En una cara se distinguía el busto del dios Jano y en la otra, una cuadriga, bajo la que se leía la palabra Roma. Hasta ahora se suponía que solo “algunas series de cuadrigatos” fueron acuñadas en la península Ibérica entre los años 215-214 a. C. El resto del dinero necesario para las soldadas tendría que provenir de Roma.

Para confirmarlo o descartarlo, el experto analizó con isótopos de plomo cinco monedas del siglo III a. C. halladas en España: un cuadrigato procedente de Sevilla, tres dracmas ibéricas acuñados en Saguntum (Valencia), Iltirta (Lérida) y Kum (Tarragona), además de un cuarto de shekel hispano-cartaginés. El análisis demostró que todas las monedas procedían de S’Argentera, yacimiento que estaba en manos púnicas, previamente explotado por los fenicios.

Si las monedas romanas se acuñaban con plata ibicenca, está solo podía proceder ―ya que no controlaban la mina―, de monedas cartaginesas recicladas o de botines de guerra incautados a los púnicos. Martínez Chico recuerda que en la Primera Guerra Púnica (264‑241 a. C), Cartago fue derrotada por Roma, “lo que implicó el pago de cuantiosas indemnizaciones”. Los púnicos tuvieron que abonar un primer pago de 26 toneladas de plata a los romanos y otro posterior de 57 toneladas, que podían fraccionar en 20 años. “En este contexto, resulta plausible pensar que una parte significativa de la plata utilizada en las monedas romanas del siglo III a. C. procediera de explotaciones mineras bajo control cartaginés“, señala el estudio.

Durante la Segunda Guerra Púnica (218‑201 a. C.), el general romano Publio Cornelio Escipión el Africano, como no podía traer plata de Roma tras el desastre de Cannas, buscó minas en Hispania. Las encontró en Ibiza, pero como las necesidades económicas eran muchas en plena guerra, Escipión rebajó la cantidad de plata de cada moneda adulterándola con cobre. “De este modo, las emisiones adulteradas constituyen un testimonio directo de la presión económica de la guerra, de la flexibilidad de la política monetaria romana y de la importancia estratégica de la península ibérica como espacio de recursos y de confrontación en el marco de la expansión republicana”. Los cuadrigatos itálicos tenían una pureza aproximada del 90 por ciento y los hispanos del 70, por eso es sencillo distinguirlos en el laboratorio.

¿Y los íberos? “Durante el desarrollo de la Segunda Guerra Púnica (218‑201 a. C.), resulta poco probable que edetanos, ilergetes e ilercavones pudieran acceder a los recursos mineros de S’Argentera, ya que dicha explotación se encontraba bajo control cartaginés. No obstante, cabe la posibilidad de que la plata llegara a sus manos en épocas anteriores a través del comercio fenicio [predecesores de los cartagineses y que explotaron la mina desde el siglo VII a. C.]. Sea cual fuere el contexto exacto, lo cierto es que este metal estaba en manos iberas, lo que podría reforzar a priori la hipótesis de un acceso a la plata anterior al conflicto”. Es decir, los fenicios, grandes comerciantes, mantenían relaciones comerciales con los íberos antes de la llegada de los cartagineses, de ahí que tuvieran plata para acuñar sus monedas. “Podríamos pensar que el uso compartido de recursos minerales demostraría una integración económica temprana entre ambos pueblos”, recuerda el historiador.

La mina de S’Argentera se siguió explotando hasta la primera década del siglo XX, cuando se alcanzaron los 27 metros de profundidad y el agua inundó sus milenarias galerías. No obstante, tras la Guerra Civil se intentó reabrirlas. Pero en 1952 fueron definitivamente abandonadas. Hoy son lugar de geoturismo entre bellos pinares.

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Sobre la firma

Vicente G. Olaya
Redactor de EL PAÍS especializado en Arqueología, Patrimonio Cultural e Historia. Ha desarrollado su carrera profesional en Antena 3, RNE, Cadena SER, Onda Madrid y EL PAÍS. Es licenciado en Periodismo por la Universidad CEU-San Pablo.
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