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Avalanchas que sepultan vidas

Cuatro montañeros, alguno de ellos muy experimentado, han muerto en el Pirineo aragonés en menos de 3 días por dos aludes de enormes dimensiones

El Pirineo aragonés ha vivido esta Navidad dos caras que no pueden ser más dispares. Mientras la estación de Formigal despedía el año para toda España con las campanadas de Mediaset para Telecinco y Cuatro entre fiestas y fuegos artificiales, pocas horas después la Guardia Civil esperaba las luces del alba custodiando el cuerpo sin vida de un montañero para ser rescatado por el helicóptero en la zona de Bielsa, en la montaña de Punta Suelza a 2.400 metros de altitud. Era la cuarta víctima mortal por culpa de un alud de importantes dimensiones en los tres últimos días.

A Ángel Sánchez, trabajador social experto en gestión de vivienda pública, de 54 años, nacido en Madrid, pero residente en Zaragoza, la muerte le sorprendió cuando practicaba raquetas en el Pirineo aragonés y se disponía a pasar la Nochevieja en el refugio de Urdiceto. No pudo llegar. A las seis y media de la tarde, un alud lo sepultó y hasta las dos de la madrugada, los agentes del GREIM no pudieron dar con él. Fue el perro de la Benemérita el que pudo localizarlo. Estaba bajo metro y medio de nieve.

Pero este montañero no ha sido el único que no ha podido empezar el 2026. Apenas tres días antes, el 29 de diciembre, otras tres personas resultaron muertas por culpa de otro alud, en la cara oeste del Pico Tablato, cerca del balneario de Panticosa, a 2.200 metros de altitud. La avalancha les sorprendió haciendo esquí de travesía y del grupo de seis montañeros, tres quedaron enterrados bajo la ola de 300 metros de ancho, 600 de largo y una altura de hasta 15 metros. Eran montañeros expertos, el médico pediatra y divulgador Jorge Garcia-Dihinx, de 55 años; su pareja, la atleta Natalia Román de 36 años; así como Eneko Arrastua, montañero de Irún muy conocido en estos círculos.

En Aragón, estas muertes han causado conmoción por el grado de conocimiento que tenían algunas víctimas de la montaña. A Jorge Garcia-Dinhix y a Natalia Román, el gobierno autónomo ha aprobado este viernes en un consejo extraordinario concederles la Medalla al mérito deportivo a título póstumo por ser “dos referentes en el deporte de montaña”. El funeral es este sábado en la céntrica iglesia de Santa Engracia de la capital aragonesa. Desde la plataforma Change.org, el Ayuntamiento de Zaragoza también ha expresado su deseo de dedicarles algún lugar emblemático de la ciudad.

Pero homenajes al margen, el Pirineo no ha podido empezar peor el año. Lleno de turistas por las Navidades y de nieve por las últimas nevadas, el cóctel acaba siendo peligroso. “Aludes hay desde hace 200 años, pero estamos en la España del ocio, le hemos perdido respeto a la montaña y hay que tener cuidado”. Lo dice el hombre de la nieve de la Cadena SER, Jose Luis Rodrigo, pionero del programa Ondas Blancas, que lleva media vida informando de los partes meteorológicos y alertando de las condiciones de la montaña. Rodrigo lleva al dedillo la estadística. En los últimos 40 años han muerto 60 personas por culpa del efecto de aludes. Pero desde el 2018 no se había producido otras muertes como estas. Por eso insiste, “no hay que perderle el respeto a la montaña, que de vez en cuando saca sus escrituras”.

A raíz de estos dos aludes que han acabado sepultando cuatro vidas, el gobierno de Aragón ha lanzado varios mensajes de alerta desde su servicio de Protección Civil. “Estamos en nivel 3 de alerta a partir de 2.200 metros y esto implica una situación muy delicada para determinadas inclinaciones y pendientes” subraya el jefe del Servicio de Seguridad y Protección Civil del gobierno autónomo, Jorge Crespo. Este técnico explica que las condiciones meteorológicas del inicio del invierno han generado unas condiciones del manto nivoso en cotas altas que son poco habituales en los Pirineos, y que generan inestabilidad por la presencia de capas de nieve de baja cohesión cerca de su base. El problema, además, es que “estas capas pueden persistir durante periodos muy largos, no son perceptibles a simple vista y pueden generar avalanchas por la sobrecarga de una sola persona”.

El delegado de la AEMET en Aragón, Arcadio Blasco, subraya la necesidad de prevenir estas zonas umbrías de cotas altas porque “pueden desestabilizarse y generar aludes medianos o incluso grandes por el paso de un simple esquiador”, y pide “muchísima precaución”.

Lo cierto es que a las tres primeras víctimas mortales no les sirvieron sus vastos conocimientos para evitar la muerte dada la magnitud del alud que los arrasó. Ni tampoco que Jorge Garcia-Dinhix fuera famoso precisamente por acertar en sus pronósticos meteorológicos a través de sus redes sociales -con casi 400.000 seguidores- y su blog La meteo que viene. Deja también un legado literario, con cuatro guías con rutas de invierno por los Pirineos aragoneses, de este a oeste. “Apostaba siempre -dice su editor Rafael Yuste, de la librería PRAMES- por la práctica segura y dio una nueva perspectiva a los deportes invernales”.

Pero es que hay días, que como recalca la responsable de Montañas Seguras -un programa gubernamental de prevención-, Marta Ferrer, “lo mejor es quedarse en casa, o al menos evitar esas laderas norte, noreste o incluso oeste”. Ferrer subraya que “entrar en terreno nevado, ya sea con esquís, raquetas o a pie, significa entrar en terreno de aludes. La formación y el material son imprescindibles”.

Y es que “el riesgo cero no existe” como bien explica el que fuera director de la Oficina de Montaña, en declaraciones a Radio Jaca, Iñigo Ayllón. “Los boletines de peligro de aludes no son suficientes, y la información que dan las estaciones meteorológicas son estimaciones que en cada ladera tienen un margen de error diferente”. “Hay que interpretar el terreno, hacer catas y controlar la adrenalina”, añade.

Para este fin de semana, la alerta continua, nivel 3 de 5. Y a partir del domingo se espera, según la AEMET, que baje mucho más la cota de nieve, a tan solo 500 metros y con valores por debajo de los 16 grados bajo cero en las zonas de montaña. El riesgo de aludes sigue siendo elevado.

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