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Donald Trump es... ¿rapero? Los códigos de hip hop que explican al hombre más poderoso del planeta

El presidente de EE UU comparte formas y discurso con los elementos más fanfarrones y aspiracionales del hip hop. En el seno del género suma detractores, pero también fans, como Nicki Minaj

Trump y Nicki Minaj, en un acto en Washington DC el pasado 28 de enero.Jose Luis Magana (AP / LAPRESSE)

Donald Trump es rapero. Al menos así lo afirmaban en hace 10 años. No suelta rimas, pero cumple con algunos requisitos: el discurso impertinente, el derroche de lujo exhibicionista, la corte de mujeres y la exagerada confianza en sí mismo. Esa fanfarronería en jerga rap se apoda egotrip. Aquel artículo de The New Yorker acertó en mucho, pero erró en algo clave: auguraba que Trump no se sentaría en el Despacho Oval, pues el espíritu de la sociedad estadounidense serviría de muro de contención ante una propuesta tan zafia.

Políticos y artistas confluyen muchas veces en un mismo animal híbrido llamado celebrity, y que sirve lo mismo para aprobar un presupuesto como para pasear por una alfombra roja. Prueba son el pasado actoral de Reagan o Schwarzenegger, o la candidatura a presidente de Kanye West. Pero la vinculación de Trump al rap no se remite solo a su actitud. Method Man (Wu-Tang Clan) incluyó un audio de Donald en su segundo disco en solitario. El primer gran éxito de Mac Miller se tituló Donald Trump. Un recopilatorio de YouTube recoge más de 65 menciones al actual mandatario en canciones del género. Incluso el díscolo Snoop Dogg actuó en un evento de inauguración de su segundo mandato. Pecamos de ingenuos al creer que el hip hop es una cultura asociada solo a la protesta, pues en su mayor parte está constituida por una filosofía aspiracional. O sea, es un atajo para volverse rico.

Las opciones para salir del barrio se reducen entonces a rapear, ser deportista de élite o pasar droga. De hecho, para un joven de origen haitiano criado en una vivienda de protección oficial no existen muchas más vías de escape que esas. La vivienda en cuestión está en Golden Acres (Florida) y el joven haitiano es Bill Kahan Kapri, conocido como Kodak Black. De los más de 100 indultos concedidos por Trump en el último día de su primer mandato, uno fue el del rapero. “Él es géminis, como yo”, proclama Kodak en entrevistas. En su caso, fue perdonado de una condena de cuatro años por tenencia ilícita de armas, pero mantiene los cargos por agresión sexual. “Nunca vi a tantos negros libres durante los días de Obama. Le dije a ella que podía quedarse lo que quisiera menos con mi cadena de Donald”, canta en su tema ­ONBOA47RD. La joya que menciona es real: una cubana de oro macizo con el rostro del presidente fumando marihuana.

La penúltima figura del hip hop en subirse al carro del trumpismo ha sido una vecina de Queens (donde también nació el presidente) llamada Nicki Minaj y considerada como una de las reinas del hip hop. Se autoproclama la fan número uno del presidente. La petición “Deporten a Nicki Minaj” de vuelta a Trinidad acumula ya más de 90.000 firmas en Change.org. Se creó el día en el que esta compartió escenario con la viuda de Charlie Kirk y se oficializaron sus filiaciones MAGA. A pesar de residir desde los cinco años en el país, Nicki no tenía un pasaporte estadounidense ni podía votar hasta hace menos de dos meses; momento en el que Donald le otorgó su famosa tarjeta dorada. Ahora, además de fan, también es ciudadana. O al revés.

“Trump ha utilizado a su gente para llegar a esas clases”, recuerda el rapero madrileño Ergo Pro, quien estudió Sociología antes de dedicarse por completo a la música. “Su forma de comunicarse es muy rapera. Un ejemplo es su saludo de manos con Pedro Sánchez, que era una clara forma de mostrarse como el más fuerte”. Obama también pudo inspirar cierta actitud raperil, pero de forma más anecdótica y siempre bajo vigilancia. Cualquier exceso se señalaría como estereotipo racial.

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