Borgo Laudato Si’: el jardín soñado por el papa Francisco
Bergoglio escribió en 2015 su encíclica ecologista, y quiso construir en Castel Gandolfo un vergel en sintonía con ella. No pudo vivir para verlo
Algo menos de 30 kilómetros separan la basílica de San Pedro de Castel Gandolfo, que alberga en extraterritorialidad las Villas Pontificias, frecuentadas en retiros estivales desde los tiempos de Urbano VIII (siglo XVII). Allí se encuentra Borgo Laudato Si’, jardín infinito dentro de las residencias del Santo Padre y que se ajusta a unas perfectas directrices de sostenibilidad: sistema agrivoltaico, granja y tecnologías híbridas capaces de optimizar el consumo.
En Laudato Si’, nombre de la encíclica que el papa Francisco escribió en 2015 evidenciando una conversión ecológica, despuntan robles, cedros, pinos marítimos o magnolias japonesas que, mudas, custodian el tiempo transcurrido allí, entre rosales, viñedos, invernaderos de plantas medicinales y jardines a la italiana. Todo dibujado en 55 hectáreas, entre vegetación y zona destinada a cultivo agrícola.
Este vergel ideado por el ya difunto Jorge Bergoglio toma finalmente cuerpo con León XIV, quien ha inaugurado este paraíso vanguardista y verde encajado en el enclave donde se encontraban las viejas granjas papales. Está inspirado en la economía circular y toma como modelo la ecología integral, cuya matriz está en la poderosa encíclica de Francisco, que a su vez bebe de la flora y fauna de la Biblia. Este oasis contará próximamente con un restaurante kilómetro cero que ofrecerá un menú ideado por el prestigioso chef americano Art Smith, ex cocinero personal de Oprah Winfrey. “Hasta ahora, al Vaticano no le ha costado nada este proyecto. Está financiado por donaciones”, ha declarado a Il Messaggero Stefano Cascio, elegido por el Santo Padre para administrar este espacio multidisciplinar.
Uno de los capítulos más interesantes de este proyecto está relacionado con los cursos terapéuticos involucrando animales que habitan esta granja. Uno en concreto tiene que ver con patologías ligadas al autismo y se realizará en compañía de Proton, el último caballo entrado en la escudería de Prevost, y el andaluz Sale Rosso. Junto a ellos, en el vergel viven dos asnos de Benedicto XVI, el poni de Francisco y más de 50 vacas frisonas para dar leche. El bucólico lugar lo completan una bovina Highlander, la oveja Naso Nero del Vallese y una cabra tibetana.
En el centro geográfico de este jardín, el Dome, una estructura futurista y poliédrica donde se desarrollan eventos, convenciones, laboratorios y talleres. Sus paneles solares están unidos e interconectados a la comunidad energética de los Castillos Romanos, como se conoce la zona, y produce mucha más energía de la que el espacio es capaz de consumir. Por su parte, el agua de la lluvia se recoge mediante un complejo reticulado que autonomiza la irrigación del campo y el invernadero.
La apuesta es ambiciosa y transversal. Incluye también la reutilización y transformación de materiales, así como la activación de las técnicas más modernas para el cultivo de frutos rojos, grosellas, frambuesas y arándanos. Todo ha sido costeado por donantes privados americanos que ya están mandando los primeros alumnos, provenientes de universidades católicas, para cursar materias sobre naturaleza y espiritualidad en este cielo empíreo terrenal. “No paro de ver personas abrazando árboles. Al inicio me hacía gracia. Sí, la gente necesita tomar contacto con la naturaleza”, sentencia Cascio, mano derecha del gran director nombrado por el papa Francisco, Manuel Dorantes, proveniente de la Archidiócesis de Chicago. Él tiene las llaves del remozado edén, que parece sacado del Génesis.


























































