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A bordo de un barco angulero en el río Nalón, donde se pesca un pez más amenazado que el lince

El Gobierno quiere aumentar la protección de la anguila pero los pescadores que viven de la venta de sus alevines se resisten a renunciar a un manjar cuyos precios astronómicos siguen haciendo rentable su trabajo

Álvarez muestra en su mano uno de los pequeños alevines de la anguila europea.Vicens Giménez

“Ni pa tabaco, ¡ni pa tabaco!”, exclama el pescador David Álvarez (Cudillero, Asturias, 52 años) a las dos de la madrugada de una noche del pasado mes de diciembre en las oscuras aguas del río Nalón cuando hace el recuento final de las angulas que ha pescado. En cuatro horas, apenas 20 gramos. “No esperábamos esto, barruntábamos no una muy buena noche, pero mejor que esto sí”. Después de un noviembre vacío de capturas, hace unas horas en este barco había esperanzas. Esta noche se daban todas las condiciones para que las angulas se asomaran a la superficie del río: lluvia, frío, luna nueva y una noche tan negra como el carbón que oscureció la arena de este caudal que atraviesa los antiguos pueblos mineros de Asturias. “Por eso hay aquí angula, porque ella lo que quiere es oscuridad”, explica el pescador que lleva tres décadas capturándolas. Unas horas antes, Álvarez arrancaba el motor y tiraba dos grandes cedazos a un lado y otro del barco para que, colocados en perpendicular a la embarcación, peinaran la superficie del río. Cuando los levanta van cargados de palos, hojas y, si hay suerte, angulas. Al poco de partir, pesca dos; luego van saliendo, a veces de cinco en cinco, a veces ninguna.

Cuando la angula cae del cedazo a la lona negra colocada en la proa, serpentea frenéticamente y la pendiente hace que se escurra por un sistema de filtros hasta que llega limpia a un cubo. David Álvarez es capaz de distinguirla entre las ramas, pero su cuerpo, diminuto y resbaladizo, es translúcido. Aún es transparente porque acaba de entrar del mar al estuario. Ha realizado una larga travesía desde el mar de los Sargazos, delimitado por las corrientes oceánicas del Atlántico Norte, Canarias y el Golfo: allí nace la larva, y bajo la forma de la hoja de un sauce migra hacia las costas europeas y se convierte de camino en una angula. El agua dulce del río la irá haciendo cada vez más opaca, dura y fuerte hasta convertirse en una pequeña anguila amarilla primero, y en una gran anguila plateada después, que pasado el tiempo volverá a los Sargazos, se reproducirá y morirá.

“Todos los peces tienen misterios, pero este tiene su mérito porque venir de tan lejos solo con las corrientes… Se dice también que llegan aquí porque es donde estuvo su madre”, señala Álvarez. Aunque en realidad no se sabe bien qué hace que la Anguilla anguilla, la anguila europea, escoja una corriente y no otra, que acabe en Suecia o en Italia. Realiza una de las migraciones más largas del mundo, se encuentra en los cauces de la mayoría de los países europeos y es parte de la gastronomía tradicional de muchas regiones, incluidas la vasca y la asturiana. Sin embargo, es una extraña: se desconoce qué mecanismos orientan su viaje, qué leyes rigen su transformación constante y cómo y dónde se reproducen realmente.

Los alevines de este pez esquivo, que ha sido origen de conjeturas y obsesiones desde hace siglos —Aristóteles creía que nacían de las entrañas de la Tierra, y Sigmund Freud llegó a diseccionar cerca de 400 anguilas en busca, sin éxito, de sus genitales—, son los que ahora buscan en las aguas del Nalón. El barco de David Álvarez se mueve en la profundidad de la noche, río arriba, junto a una docena de embarcaciones. En todas ellas hay una sola persona que replica la metodología manual. A ambos lados del cauce hay también hombres que pescan la angula desde tierra: no se mueven de su sitio y esperan a que las angulas se cuelen en la red. Después de varias horas navegando, un compañero grita a Álvarez desde su barco: “¡Nada, que hoy tampoco hay angula!”. Y este comienza el viaje de vuelta, río abajo, con menos de 20 gramos en su cubo.

No es ninguna sorpresa. Por cada 100 angulas que llegaban en los setenta al mar del Norte, hoy llegan 0,7. En el resto de Europa, 12. Y cada vez menos anguilas plateadas alcanzan el mar desde los ríos para su última migración a los Sargazos. En la península Ibérica no llega a ser ni el 10%. La anguila está más amenazada que el lince ibérico o el panda, y figura en peligro crítico de extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

La sobrepesca. La contaminación. El cambio climático y el subsiguiente cambio de las corrientes. La pérdida del 80% de su hábitat en la península Ibérica por la construcción de presas y canales que impiden a las angulas remontar los ríos y a las anguilas plateadas regresar al mar. El parásito Anguillicola crassus, que llegó a Europa por la importación de la anguila japonesa en los ochenta. Todos estos elementos avivan la progresiva desaparición de la Anguilla anguilla, pero nadie sabe a ciencia cierta si son los únicos o cuál es el más importante.

“Algunos de estos factores son muy difíciles de cuantificar. Además, como se trata de un stock único que va desde el norte de África hasta el mar de Barents, las amenazas en cada cuenca son diferentes. En un lugar el factor principal puede ser la sobrepesca, y en otro, la pérdida de hábitat”, señala Estibaliz Díaz, investigadora principal en gestión pesquera sostenible en el centro de investigación marina y alimentaria AZTI, asesora del Gobierno Vasco y del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y, desde 2026, copresidenta del grupo de trabajo de la anguila en el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (CIEM).

El CIEM lleva años recomendando a las autoridades europeas la prohibición de cualquier tipo de captura de angula y anguila, incluso con fines de repoblación. Por su parte, el sector pesquero alude a la diversidad de factores para defender la continuidad de su actividad. “A lo mejor yo tengo la culpa del 25% y la contaminación del 30% o del 18%. Tenemos nuestra responsabilidad, pero suficientemente castigada ya con los recortes que nos están dando. Ahora habría que incidir en otras cosas”, defiende Salvador Fernández, ex patrón mayor de la Cofradía de Cudillero. Díaz, sin embargo, responde: “Sean cuales sean las causas, la cuestión es si existe algún nivel de pesquería que sea sostenible y la respuesta es que no”.

La norma europea dice que cada Estado miembro debe contar con un Plan Nacional de Gestión de la Anguila, y en España cada comunidad fija sus propias reglas. El Gobierno Vasco suspendió a finales del año pasado la campaña 2025-2026 de pesca de angula por su estado crítico. Andalucía mantiene una veda total hasta 2030, y Galicia, Asturias, Cantabria y Cataluña imponen restricciones, como límites a los días de pesca. La captura de anguila adulta también está sometida a ciertas limitaciones, pero el año pasado se capturaron 60 toneladas. El hecho es que la población de anguilas plateadas, las reproductoras, continúa sin mostrar signos de recuperación, según los datos del CIEM.

A finales de enero, el Gobierno español anunció su intención de incluirla bajo la categoría de “en peligro de extinción” en el Catálogo Español de Especies Amenazadas del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, lo que supondría prohibir su pesca. Pero para hacerlo necesita el voto mayoritario de las comunidades y varias de ellas, incluidas Asturias, Cantabria, Galicia y Baleares, han rechazado la propuesta, con lo que angulas y anguilas podrán seguir siendo pescadas y consumidas en España, pese a estar, según el CIEM, en “peligro crítico”.

El pescador recuerda que, de niño, al cruzar el puente de San Esteban en invierno, le asombraba la multitud que pescaba angulas en el río. “Era un festival, y venga barcos y barcos”. Dista mucho de la imagen actual. Para el ex patrón mayor Fernández, los pescadores del Nalón llevan más de 40 años esforzándose por la angula: “Mientras otros hicieron lo que quisieron, nosotros nos autoimpusimos normas en la potencia de los motores, las esloras de los barcos, el tamaño de las artes de pesca, la forma de pescar por tierra y por lancha”. Después, se adaptaron a una normativa más restrictiva. “Antes pescábamos 120 días la angula, ahora son 30 y nadie habla de indemnizarnos esos tres meses que nos quitaron. ¿Nos van a quitar todo? ¿Cómo vamos a ganarnos la vida en el mar con embarcaciones específicas para el río?”.

Hoy hay menos angulas, más límites a la pesca y mayores dificultades para adquirir licencias. Y aun así es rentable salir a pescar. “Antiguamente no se ganaba lo que ahora. Hace 30 años, cuando mi padre andaba a la angula, se pagaban unas 5.000 pesetas [30 euros]”, dice Álvarez. Un día antes de embarcarnos para este reportaje, la Cofradía de San Juan de la Arena, el pueblo angulero asturiano por excelencia, subastó el primer lote de angulas de 350 gramos por 13.000 euros el kilo. El resto de la temporada el precio oscila entre los 100 y 800 euros, dependiendo del mes y de dónde se compre. Un pescado que hasta finales de los setenta abundaba, protagonizaba platos populares y hasta se daba de comer a las gallinas, se ha convertido, debido a su propio colapso, en un producto de lujo.

A principios de 2025, Ibai Llanos hacía alarde en redes de probar un plato de angulas que valía 180 euros. Cada año se celebra el festival de la angula en San Juan de la Arena (promocionado por el Gobierno asturiano) y restaurantes de lujo de todo el país las incluyen en sus menús en temporada. El problema, señala un estudio del CSIC y de AZTI, es que la escasez combinada con el deseo de consumir productos exclusivos hace que se continúe pescando y comercializando un pez que está al borde de su desaparición definitiva.

“No deja de ser paradójico que un sector al que se le llena la boca al hablar del producto no lo defienda cuando toca. La gastronomía no tiene por qué ser exhibicionista”, dice el chef de Mugaritz (dos estrellas Michelin), Andoni Luis Aduriz. Junto a otros cocineros de gran prestigio como Ángel León (Aponiente, tres estrellas Michelin) e integrantes de la organización Euro-Toques, Aduriz respalda la demanda de la comunidad científica para prohibir la pesca de angulas en el país. “Nadie pierde el pelo por no comer un producto concreto”, dice. En su restaurante se han servido angulas en el pasado y, si se retrocede lo suficiente en su Instagram, aparece en alguna imagen consumiéndolas. “Esto no va de borrar mi pasado. Hay un momento en el que tomo conciencia de que la situación es grave y de que nos jugamos el patrimonio de las generaciones futuras”. La sociedad gastronómica Gaztelubide, referente de la izada de San Sebastián, decidió este año retirar las angulas de su menú hasta que la situación mejore.

Cuesta imaginar que un animal tan escurridizo y resistente, capaz de sobrevivir más de 40 millones de años sobre la tierra, esté a punto de desaparecer. En el puerto de San Juan de la Arena, Álvarez recuerda cuando las embarcaciones iban sin cubierta y los residuos de combustible caían a la sentina. “Entonces, cuando se pescaba mucho, de pronto las tenías [las angulas] ahí entre el gasoil y el aceite nadando durante meses”. Es triste que su supervivencia ya no dependa de sí mismas, sino de los caprichos del Antropoceno.

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