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Horden: retratos de familia, muerte y sueños en un pueblo minero de Inglaterra

A caballo entre la ensoñación, la investigación sobre el terreno y la evidencia de una realidad familiar opresiva, el autor reconstruyó con fotos, dibujos y documentos la historia de su tío abuelo Kendon y de la dura vida en Horden, un pueblo minero del norte de Inglaterra enclavado en una de las zonas más pobres de Europa

De pequeño, Ed Alcock escuchaba en casa la historia de la muerte a los 17 años del tío Kendon. “Sucedió en el fondo de la mina”, le contó un día su madre, Sheila. “Trabajaba ahí desde que había dejado la escuela. Una sección de la galería se hundió e hizo caer sobre él una grúa pesada que lo aplastó y le causó lesiones en la cabeza. Sacaron su cuerpo de la mina, pero nunca recobró el conocimiento”.

El tío Kendon era una figura casi mitológica en la familia de Ed, y Horden, el pueblo minero del norte de Inglaterra donde Kendon nació, creció y murió, un lugar de leyenda. El abuelo de Ed —el hermano de Kendon y padre de Sheila— emigró más al sur años después del accidente, pero no dejó de hablar de aquello hasta el final. “Para mi familia, que es una familia inglesa de izquierdas a la que le encantan las películas de Ken Loach, Kendon era un héroe de la clase trabajadora”, recuerda el nieto.

Cuando en 2016 los compatriotas de Ed Alcock decidieron en un referéndum marcharse de la Unión Europea, este pasado reapareció. Por entonces Ed llevaba años viviendo en París, donde se había instalado después de estudiar matemáticas y, finalmente, dedicarse a la fotografía documental. En pleno proceso del Brexit, una beca del Centro Nacional de las Artes Plásticas lo llevó a Horden. Nunca había estado, pero aquello era un regreso. Era algo lejano para él, y cercano: parte de su identidad. Lo que encontró fue “un pueblo terriblemente golpeado por la pobreza, la toxicomanía, el alcohol, los problemas de salud mental”, dice. Y, al mismo tiempo, “un gran espíritu de comunidad, de solidaridad, de amistad”.

Entre 2023 y 2024 viajó cuatro veces a este pueblo de 7.000 habitantes, una de estas regiones depauperadas por el cierre de las minas en los años ochenta y que votaron a favor del Brexit. Ed, en cada viaje, pasaba una decena de días en Horden y aplicaba el método de siempre: dar y dar vueltas al mismo sitio, tomarse el tiempo necesario, fundirse en el lugar. Se ganó la confianza de los vecinos, los retrató. Recorrió calles y paisajes. Se sumergió en viejos álbumes fotográficos. Imaginó al tío Kendon, lo dibujó. Encontró su certificado de defunción, y en él constaba que no había muerto en la mina, sino por una insuficiencia cardiaca causada por la tuberculosis.

El resultado de todo esto es Buried Treasure (tesoro enterrado), un proyecto donde se mezclan lo íntimo y lo político. Lo íntimo era el núcleo, por ejemplo, de Hobbledehoy, un libro sobre la infancia de su hijo con texto de Emmanuel Carrère. Lo político es más visible en los reportajes que ha hecho para El País Semanal sobre Francia o Alemania, o en su exploración de los pueblos franceses con centrales nucleares. Aquí ambos se fusionan. Su obra se expone hasta el 29 de marzo en la Biblioteca Nacional de Francia en París; y a partir del 19 de junio en una muestra más amplia en el Jeu de Paume de la ciudad francesa de Tours.

Alcock combina en sus trabajos la observación minuciosa de un microcosmos capaz de explicar los debates de nuestro mundo (la energía nuclear, el abandono de las viejas regiones obreras) y lo que podría entenderse como una expresión fotográfica de la literatura del yo (la infancia de su hijo y su vida familiar, el viaje a la tierra de su abuelo y sus antepasados). Las imágenes en Horden cuentan la tragedia del tío Kendon y a la vez la de un pueblo minero golpeado desde hace décadas por la transformación económica.

Es una historia privada: ¿de dónde vengo?, ¿quién soy? Y una historia universal: la de los olvidados de la globalización, el caldo de cultivo de la ola populista que ha revolucionado medio mundo. Esto es la Inglaterra minera y la del Brexit, pero podría ser el norte industrial de Francia y la extrema derecha de Marine Le Pen, o el Medio Oeste de Estados Unidos y Donald Trump. Ed Alcock ha ido a buscar las raíces de su mitología familiar. Y ha dado con una imagen viva y veraz —dolorosa— de nuestro tiempo.

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