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Simone Nicotra, el diseñador que se convirtió en carpintero: “Con esto puedo tirar toda la vida”

Comenzó su vida laboral como diseñador gráfico en revistas femeninas. La crisis económica le llevó a convertirse en carpintero

Su acento italiano sigue intacto, y eso que lleva en España desde los años ochenta. En aquellos años, cambió Milán por Madrid para estar con su pareja de entonces, y aquí encontró su sitio como diseñador gráfico, desarrollando una exitosa carrera al mando de las revistas femeninas más vendidas. Eso duró hasta 2013. “Las condiciones habían cambiado muchísimo, empezó una decadencia enorme y pensé que tenía dos opciones: entrar a algún otro sitio donde me darían la patada en dos años o empezar a trabajar para mí”, recuerda. “La madera siempre me había gustado. Mi madre tuvo un novio carpintero cuando yo tenía 17 años, y durante una crisis en la que dejé de estudiar aprendí el oficio con él”.

En su lugar de trabajo ya no hay ordenadores ni libros de diseño sino barnices, máquinas, herramientas, serrín y madera, mucha madera. “Esto era de un librero que vendía en el Rastro, aquí tenía su almacén”, explica Nicotra. “Yo había empezado en casa haciendo tablas de cocina y retratos en madera. Cosas pequeñas, a la medida de lo que podía controlar. Poco a poco me empezaron a pedir cosas más grandes. Empezó a entrar y salir cada vez más madera, sin yo darme mucha cuenta, y un día me llegó una carta de la policía: un vecino me había denunciado por trabajar en casa”.

Aquello solo era bricolaje casero, “en plan estanterías para mis hijas”, asegura Nicotra. Pero justo en ese momento se enteró de que había un taller disponible en pleno centro y decidió cogerlo. Teniendo un espacio propio podía empezar a pensar en cosas más grandes. “Como siempre, esto empezó con los amigos. Y luego resulta que había amigos que tenían empresas”. Una de estas era Lush, marca de jabones y cosméticos para cuyas tiendas fabricó los primeros muebles. “Cuando se volvieron franquicia los míos los tiraron y los cambiaron por otros con reconocimiento”; y así llegó a trabajar para clientes como Hermès o Loewe. Grandes marcas aparte, Nicotra valora su fidelidad hacia empresas de proximidad —productoras como Wozere o Animal Media, para quienes diseña estructuras y platós—, hacia otros artesanos y, sobre todo, hacia los clientes particulares que se acercan a Very Wood Ideas (el nombre de su negocio).

Algo interesante de este oficio, según se desprende de las palabras de Nicotra, es la información sociológica que aporta sobre la historia de los hogares españoles: “Cuando yo llegué, España era mueble castellano. Luego llegó Ikea; como mucho Habitat, si querías algún objeto un poco especial. No había esa cultura general de la decoración de tu casa. Tuve la suerte de empezar en ese momento en que la gente estaba un poco harta de tener todos lo mismo. Hay que entender que hoy con 1.000 euros puedes amueblar una habitación, pero en mi caso con ese dinero solo te compras el material. Luego alguien me ha dicho: ‘Oye, me encanta esa mesa que haces pero no tengo cómo pagártela’, y le termino diciendo: ‘Yo te la hago y ya vemos’, porque me hace ilusión que me la pida”. Mientras, el diseño se va alejando del artesano para enmarcarse en la producción en masa, el diseño industrial y el 3D. “Aquí vienen todos los años becarios de una escuela de diseño y esto no les mola. Los que se quedan son muy pocos: los únicos a los que le gusta trabajar con las manos. Yo soy de otra generación, aparte de que siempre me ha gustado entender cómo funcionan las cosas, poder arreglarlas en casa”.

Lo artesanal de esta profesión acerca a Nicotra a la idea de slow fashion, pero también a “esa idea romántica del viejecito que está ahí en su bodega, haciendo sus cosas. Cuando empecé me dije: con esto puedo tirar hasta los 70 o los 80 años, toda la vida, ¿no?”. Este es, al fin y al cabo, un oficio hasta cierto punto autodidacta: “Al principio vas a tener unos miedos tremendos, pero irás adquiriendo conocimiento. Como en casi cualquier cosa, si tienes pasión, interés y tiempo lo puedes aprender por ti mismo”. Y es también la materialización de ese anhelo de una parte de la población que sueña con regresar a lo básico: “Esto me ha salvado un poco la vida. Por lo demás, no tengo grandísimas pretensiones. Con lo que hago estoy contento, ¿sabes?”

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