La Ruta 66 cumple 100 años troceada y descuidada, pero la aventura aún es fascinante
Este largo camino, que en la Segunda Guerra Mundial resultó crucial para el desplazamiento de las tropas y en los setenta se consagró como la escapada por carretera por excelencia gracias a hippies y motoristas, está plagado de curiosas paradas, algunas muy breves

“Si alguna vez planeas conducir hacia el oeste, viaja a mi manera, toma la mejor carretera, diviértete en la Ruta 66”, cantaban Nat King Cole y The Rolling Stones. Pero la conocida como la “carretera madre”, y así lo mostró John Steinbeck en Las uvas de la ira (1939), no siempre fue alegre. La también llamada “calle Mayor de América” nació en 1926 para unir Chicago (Illinois) con Santa Mónica (California) a través de los Estados de Misuri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México y Arizona. Durante la Segunda Guerra Mundial resultó crucial para el desplazamiento de tropas; en los cincuenta y sesenta vivió el auge de las vacaciones familiares y saltó a la tele con la serie Ruta 66; y en los setenta, hippies y motoristas la consagraron como el road trip por excelencia. En los ochenta, el plan de autovías rápidas le pasó por encima hasta eliminarla del mapa. Desde entonces, sobrevive gracias a las asociaciones locales defensoras de la Historic Route 66 y a viajeros llegados de todo el mundo.
El 11 de noviembre de 2026 cumplirá 100 años, troceada y descuidada. Unos tramos se multiplicaron, otros desaparecieron o están clausurados, y la señalización es confusa; los establecimientos abren tarde y cierran pronto; se transitan millas y millas sin ver un alma. Con todo, la aventura sigue siendo fascinante.
Días 1 y 2: Chicago

La ventosa Chicago, a orillas del lago Míchigan, se eriza en el Riverwalk, festoneado de rascacielos. Luce culta en el Art Institute y moderna en el Millennium Park, con la Cloud Gate de Anish Kapoor y la Crown Fountain de Jaume Plensa. También presume de pizza propia, la deep dish, y de kilómetro cero, el de la Ruta 66.
Día 3: Chicago - Springfield (218 millas)
Si despertaras en la ciudad de Joliet, te creerías en México. En El Ranchito compramos una nevera e hicimos acopio de víveres, pasamos también por el Rialto Square Theatre y la cárcel, inmortalizada en The Blues Brothers.

Dejamos atrás el bullicio y nos adentramos en una inmensa llanura verde de maíz y soja, en un nostálgico parque temático. Wilmington conserva el Gemini Giant, un coloso de fibra de vidrio fruto de una estrategia comercial de la que quedan numerosas muestras (Muffler Man, ellos; Uniroyal Gals, ellas; ambos relacionados con la industria del automóvil). Igualmente resisten las icónicas gasolineras, en Dwight, por ejemplo, la Ambler-Becker Texaco. Las fachadas de Pontiac reproducen, y no solo, el mapa de la ruta diseñado por Bob Waldmire. Intuimos que los murales son los nuevos neones. Apenas nos detuvimos hasta Atlanta, casa del Gigante del hot dog, y Lincoln, donde el presidente ocupa el pescante de la carreta más grande del mundo. En Springfield, cenamos en el Cozy Dog Drive In el perrito caliente que, desde 1949, sirven empanado y espetado.

Día 4: Springfield - Carthage (402 millas)
Antes de abandonar la ciudad donde Lincoln vivió 17 años cuando aún no era presidente, paseamos por su barrio, hoy parque-museo, y visitamos su mausoleo. Luego, en Auburn, camino de Carlinville, rodamos sobre pavimento original de adoquines. Sabedoras de que no cruzaríamos el Misisipi por el Chain of Rocks Bridge, cerrado al tráfico en 1970, decidimos caminarlo para ver su característico codo de 22 grados.

De nuevo al volante, ya en Misuri, dejamos atrás Saint Louis, y desembarcamos en Cuba, que apuesta por los murales y exhibe la mecedora más grande del mundo. Camino a Carthage pasamos por otro de los muchos Springfield del país.
Día 5: Carthage - Stroud (204 millas)
El estilo medieval del principal edificio administrativo de Carthage nos dejó estupefactas, y así nos acercamos al autocine 66 Drive-In. Paramos en Joplin, como Bonnie y Clyde, pero para conseguir un mapa del Route 66 Tri-State Corridor (Misuri, Kansas y Oklahoma comparten esta región minera); y cruzando una banda de adoquines amarillos, entramos en Kansas y al mundo de Cars. Aquí todos están agradecidísimos a Pixar. La propietaria de la atracción turística Cars on the Route, en Galena, nos invitó a café y nos sugirió saludar en Baxter Springs a Dean Crazy Legs Walker, “que pone los pies al revés: el personaje de la grúa Mate es él”. Lo hicimos. En adelante, veríamos cientos de coches con ojos. Y desguaces.

En Oklahoma, donde el territorio se ondula y la ruta homenajea al cómico Will Rogers, visitamos el teatro Coleman de Miami, reliquia de un pasado esplendoroso; atravesamos Vinita, hogar del padre de la 66, Cyrus Avery, y nos asomamos al paso subterráneo abierto en Chelsea cuando el tráfico dificultaba la circulación pedestre. En Foyil supimos del joven cheroqui Andy Payne, ganador en 1928 de la Carrera Intercontinental (Los Ángeles-Chicago-Nueva York) ideada para promocionar la ruta; y en Catoosa avistamos la Blue Whale, el increíblemente famoso cetáceo que Hugh Davis hizo en 1972 para su mujer (roadside attractions rudimentarias hay muchas). Sin salir de nuestro asombro, entramos en Tulsa, cuyos edificios art déco testimonian que fue capital mundial del petróleo. Allí está el Centro Woody Guthrie, autor de la canción Will Rogers Highway, su aportación a nuestra playlist. Como no había ambiente nocturno, fuimos a Stroud.
Día 6: Stroud - Oklahoma City (113 millas)

Unos huevos sunny side up en el Rock Cafe y rumbo a Oklahoma City. El National Cowboy & Western Heritage Museum recorre cual película la conquista del far west, intenta hacer justicia a los nativos americanos y recrea un rodeo. Es todo lo contrario al sobrecogedor memorial en recuerdo de las 168 víctimas del atentado perpetrado en 1995 por supremacistas blancos. Para cenar, optamos por la hamburguesa con cebolla de Sid’s Diner, en El Reno.
Día 7: Oklahoma City - Tucumcari (388 millas)

Objetivo, anochecer en Tucumcari, reputada por sus neones. De camino nos detuvimos en el estupendo Museo de la Ruta de Clinton, deambulamos por un poblado típico recreado en Elk City y tomamos café en la gasolinera art déco de Shamrock. En The Big Texan Steak Ranch, mientras dos veinteañeros se afanaban en el reto de las 72 onzas de carne, disfrutamos un bistec. Aún en Amarillo, retratamos al Gigante de la 2º Enmienda (pro armas) y grafiteamos uno de los 10 coches plantados del Cadillac Ranch. Apurando, pisamos Adrian cuando el Midpoint Cafe echaba la persiana. Foto de rigor y a Nuevo México. Tucumcari no es el paraíso del neón anunciado, pero conserva luminosos notables más una treintena de murales.
Día 8: Tucumcari - Santa Fe (193 millas)
Tachamos de nuestra to do list el baño en el Blue Hole de Santa Rosa y, relajadas, vía Los Pecos, llegamos a Santa Fe, la capital de Estado más antigua de EE UU (1610). Sus bares, plazas y artesanos, tras kilómetros de pueblos mortecinos, nos hicieron sentir como en casa en Nuevo México.
Día 9: Santa Fe

La ciudad se explica en el New Mexico History Museum y se expresa en el de Georgia O’Keeffe y el de Arte, en el Palacio de los Gobernadores, la Misión de San Miguel, el santuario de Guadalupe, la basílica de San Francisco de Asís y la escalera milagrosa de la capilla de Loreto (33 peldaños que, sin apoyo central, giran 360 grados).
Día 10: Santa Fe - Gallup (258 millas)

Empezamos el día en Santo Domingo atraídas por su antiguo trading post y una misión española a la que nativos americanos no nos permitieron acceder. Tampoco pudimos transitar por tramos señalizados como Ruta 66 por ser “Propiedad privada del Pueblo Laguna”. En Albuquerque, donde los escenarios de Breaking Bad son omnipresentes, la zona colonial resulta impostada; comimos, cómo no, en Los Pollos Hermanos. Más allá, en Grants, se indica el Continental Divide; las cuencas a su oeste desaguan al Pacífico; las del este, al Atlántico. La noche nos pilló en Gallup. Allí, la recepcionista del motel, india de la India, nos atendió virtualmente.

Día 11: Gallup - Holbrook (127 millas)

Madrugamos para cruzar a Arizona y admirar el Desierto Pintado, antesala del Petrified Forest, la mayor concentración de madera petrificada del mundo, un ecosistema de más de 200 millones de años. Espectacular.
Día 12: Holbrook - Williams (130 millas)

Hay decenas de breves paradas posibles y, en cada una, apenas un detalle. En Joseph City, el Jack Rabbit Trading Post, cuyo logo, la silueta de un conejo, vimos mil veces. Tantas como canturreamos “Well, I’m a-standin’ on a corner in Winslow, Arizona”, Take It Easy, de Eagles, escrita por Glenn Frey y Jackson Browne. Y allí sigue Browne, esculpido por Ron Adamson, quien se pasa la vida en la misma esquina. Otro flashback: en el suntuoso La Posada, de 1930, casi se hacen presentes las Harvey Girls, famosas camareras de los hoteles de lujo que la compañía Harvey abrió siguiendo la línea férrea hacia el oeste. Por cierto, los convoyes de mercancías, en alguno contamos hasta 100 vagones, acaban convirtiéndose en una roadside attraction más.

¿Y quién se resiste a ver el Meteor Crater, de 173 metros de profundidad, provocado por el impacto de un meteorito hace 50.000 años? ¿Y el primer Muffler Man, un leñador de seis metros alojado en el campus de la coqueta Flagstaff? Dormimos en Williams, puerta del Gran Cañón, la última ciudad de la 66 circunvalada por la autovía (1984).

Día 13: Williams - Needles (193 millas)

Los hermanos Delgadillo comenzaron en Seligman su cruzada para recuperar la Ruta 66. Al menos salvaron sus negocios (la barbería de Ángel y el bar de Juan son parada obligatoria) y dieron notoriedad al tramo que finaliza en Kingman. Pero no tanta como la de los burros de Oatman, descendientes de las bestias de carga de la época de la fiebre del oro. Y de ahí a Needles, a California.
Día 14: Needles - Pasadena (257 millas)

La Interestatal 40, que cubre la 66, empezaba a ser soporífera cuando, en Newberry Springs, acertamos a parar en el Bagdad Cafe, decadente meca de turistas cinéfilos atendida por tres ancianos. Poco antes de San Bernardino (cuna de McDonald’s) empezó a verdear y en Rialto entramos en el encadenado urbano que es la California de los sueños. Hicimos noche en Pasadena por su nombre y el cercano hipódromo de Santa Anita Park.

Día 15: Pasadena - Santa Mónica (87 millas)
Temprano, enfilamos hacia Hollywood, a los estudios Warner Bros; y después, al Observatorio, para contemplar Los Ángeles y el letrero más fotografiado del planeta. Dimos una vuelta por el Paseo de la Fama y recorrimos el centro de la ciudad (inconfundible el Walt Disney Concert Hall de Frank Gehry) antes de, ya de noche y rodeadas de taxis sin conductor, alcanzar el muelle de Santa Mónica, punto final de la Ruta 66.

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