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De murales y tapas por Lugo: una ruta redonda como su muralla romana

La ciudad más antigua de Galicia es también la que atesora más arte callejero. Se puede recorrer con un guía experto en esto, parando aquí y allá para picar algo dulce o salado. El día sale barato, porque casi todo es gratis

El mural 'Julio César', de Aiego As, visto desde la muralla romana de Lugo.Andrés Campos

Solemos asociar el arte urbano con ciudades modernas, grandes y ajetreadas. Pero basta bichear un rato en la plataforma Street Art Cities —el observatorio global que cartografía las obras callejeras más llamativas del planeta— para descubrir que una de las capitales más pintonas de España, más incluso que Madrid y Barcelona, es Lugo, que es una urbe pequeña —acaba de superar los 100.000 habitantes—, tranquila y está considerada como la más antigua de Galicia. Fundada hacia el año 25 a.C. con el nombre de Lucus Augusti —“el bosque sagrado de Augusto”—, Lugo mantiene como nueva su muralla de 2.117 metros de perímetro, que figura desde el año 2000 en la lista del patrimonio mundial de la Unesco como “el ejemplo más completo y mejor conservado de arquitectura militar en el Imperio Romano de Occidente”. Quienes pasean o corren por encima de ella, por el adarve de tierra elemental, y se detienen en cualquiera de sus 71 torres, no ven rascacielos: la catedral de Santa María, con casi 900 años a sus espaldas, es el edificio más alto. Tampoco ven torres de oficinas ni de comunicaciones. Ven una ciudad pensada para vivir, sosegada y silente. Y ven pinturas callejeras que hablan de su rico pasado, de sus raíces castreñas y romanas, de sus meigas y sus árboles seculares. Tanta historia, tantas pinturas: ¡hay 575!

Guido Álvarez, guía local experto en arte urbano con más de cien tours en su haber, propone algo mucho más lúdico y relajado, más de Lugo: visitar con él los cinco murales más impactantes de la ciudad, todos de artistas lucenses, quedando sobre la marcha con alguno de estos para que cuente detalles de su obra. Aquí, todos se conocen y conocen desde chicos a estos muralistas, hoy considerados los mejores del mundo: Diego As, Yoe33, Bublegum....

Para redondear la ruta, entre mural y mural, Guido invita a los visitantes a tomar una tapa. En realidad, no invita a nada porque aquí las tapas son gratuitas. Para unas cosas —la muralla, las tapas de cortesía, la calma…—, Lugo es un lugar muy antiguo. Para otras —los murales—, muy actual.

La reina del robledal y el rey de las empanadas

Una reina con una corona de hojas de roble, Raiña da Carballeira, domina desde la primavera pasada el barrio sureño de Fingoi, donde el artista Tirso Paz nació en 1988 y creció correteando por un parque de carballos. Más conocido como Bublegum, este “grafitero realista”, como se define, ganó en 2024 el premio al mejor Mural del Mundo en la categoría Artist Choice de Street Art Cities por otro que hizo en Cheste (Valencia). La regia figura —“parte meiga, parte guardiana”, dice Bublegum— que ahora ha entronizado en su barrio natal representa el alma del bosque gallego y señala el vínculo de la naturaleza con esta capital. Porque está rodeada de bosques: los que asombran el paseo fluvial del Miño, el monte Segade, el Ombreiro o, sin salir de la ciudad, el robledal del parque A Carballeira, que da título al mural y morriña al artista.

Después hay que ir a otro parque cercano, el de Rosalía de Castro, para saludar a los gigantes que llevan un siglo plantados en él: secuoyas, cedros, araucarias y árboles de 30 especies más. Y también para probar las empanadas (de espinacas y queso feta, de lacón con setas, de pollo tandoori…) que el uruguayo Antonio Castilla pone de tapa con cualquier consumición en su Café Ateneo. Es un local para amantes del arte y la tertulia, cuyas paredes azules están a disposición de cuantos desean exponer en ellas sus obras y donde los viernes por la tarde se reúnen una docena de uruguayos y argentinos para jugar al truco.

Pulpo en la pared y en el plato

Para admirar el segundo mural, nos desplazamos al norte de la ciudad, al barrio de A Milagrosa. Se puede ir a pie, porque en Lugo nada está lejos, o hacerlo en coche, porque no hay problema para aparcar. Estamos en la antigua Frigsa (Frigoríficos Industriales de Galicia, SA), que fue un matadero tremendo inaugurado por Franco en 1957 y ahora es un lugar la mar de vividero, un parque municipal con piscinas, columpios, campo de fútbol, pistas de tenis, biblioteca, auditorio, mercadillos y docenas de paredes vírgenes para gratiferos y muralistas.

En una de ellas, entre el skatepark y la piscina exterior, Rubén Paz dio forma y color en 2022 a Froil-Ana, una hermosa joven que se ha convertido en la musa de Lugo, en su patrona pictórica. Su nombre es un guiño a san Froilán, el patrón de verdad. Su única joya, un colgante dorado en forma de gaita. Y su tocado, unas patas de pulpo que asoman incitantes entre los rizos de su larga melena. Tres días tardó Trece Trazos —seudónimo de Paz— en completar esta figura inspirada en las mujeres sensuales, etéreas y de cabellera exuberante que pintaba el checo Alphonse Mucha, uno de los máximos exponentes del art nouveau.

El pulpo que se enreda en el pelazo de Froil-Ana despierta en el observador unas ganas enormes de zamparse uno á feira. Por suerte, en este mismo barrio están las dos mejores pulperías de Lugo: A Lareira y Catro Rúas. Las raciones de octópodo no son gratis, pero las tapas que ponen de aperitivo con cada albariño, ribeiro o godello, sí.

Un agujero de gusano entre Galicia y Argentina

Si se come en las pulperías antedichas, una buena idea es acercarse luego al barrio de A Residencia, también en el norte, para tomar el postre en La Romería Coffee & Co. Aquí el café se acompaña con un alfajor, un banoffee o cualquier otra golosina argentina a modo de tapa de cortesía. El dulce de leche es el rey de este local gobernado por Jennipher Chaldú, muchos de cuyos clientes son, como ella, hijos de gallegos que emigraron allá y retornaron acá. ¿Qué todavía hay hambre? Pues una pizza porteña —de masa alta y esponjosa y base crujiente— y solucionado.

A diez minutos de paseo, donde hacen esquina las rúas Quiroga y Eduardo Pombal Poeta, se descubre Burato de Verme agujero de gusano, en gallego—, el mural menos figurativo y más imaginativo de cuantos integran esta ruta. De 12 metros de altura, es obra de Pía Piadosa y Noemí Núñez, dos de las artistas más activas de la ciudad, participantes habituales en el festival de arte urbano Urban Cores, que se celebra aquí cada verano. Dicen que combina la temática de la ciencia ficción con el grafiti más clásico y que es un tributo a los carteles de las películas en blanco y negro y a los cómics vanguardistas. Pero hay que mirarlo largo rato para ver algo de eso entre rayos y banderas a cuadros. Y no distraerse con otros grandes murales que alegran las medianeras de las llamadas Casas Sindicales, viviendas de protección oficial que fueron construidas a mediados del siglo XX por la Obra Sindical del Hogar.

Visita a la abuela castreña

Es hora de arrimarse a la muralla romana para flipar con dos de los murales más famosos y premiados, no ya de Lugo, sino del mundo: Copora, de Yoe33, y Julio César, de Diego As. Camino del primero, el guía Guido Álvarez hace una llamada y, al llegar allí, ya está Manuel Pallín —el nombre real de Yoe33— al pie del mismo, sacando pecho y deseando contar a los visitantes los pormenores de esta obra de 280 metros cuadrados, que representa a una mujer de la tribu de los coporos —los que habitaban Lugo cuando llegaron los romanos—, ataviada con ropas y adornos propios de la cultura castreña. “Es una representación bastante fidedigna”, comenta el artista, “el cuchillo, la fíbula, el collar y los pendientes no han salido de mi cabeza, sino del Museo Provincial de Lugo”. Fidedigna, pero no anticuada. Viéndola, no parece que hayan pasado 20 siglos desde tiempos de los coporos: “Mi intención era que, al mirarla, los vecinos pudieran sentir que es una abuela suya”. Tampoco parece que hayan pasado tres años desde que se pintó, porque sigue como nueva: “No escatimé en materiales”, señala Pallín. “Me gasté 2.000 euros en pinturas y barnices, incluido uno resistente al sol para que no se perdiera el color”, detalla. El resultado es una copora reluciente, vívida, a la que solo le falta hablar. En la votación organizada en 2023 por la plataforma Street Art Cities para elegir el mejor mural del mundo de aquel año, este quedó el tercero.

Tras despedirse de Yoe33 y de A Castrexa —como todos los lucenses llaman a esta joven y aguerrida abuelita castreña—, hay que adentrarse en la ciudad amurallada para ir en busca de la cuarta tapa gratuita. En la rúa Nova y calles adyacentes se concentran los locales más deseables y deseados para este menester. Taberna Daniel es célebre por sus tortillas. También son famosos el bar Ave César y su lema: “Los que van a beber, te saludan”. En el Breoghan hay cuatro tapas calientes para elegir y, cada poco, pasa el dueño invitando a tortilla. Por 5,60 euros (dos cañas con sus correspondientes tapas), se sale de aquí medio comido. En O Rincón do Bocata, por último, las especialidades son los bocadillos de pan artesanal —muy rico el Aidi, de carne mechada— y las tapas de arroz guisado con pollo o lomo de cerdo con las que agasaja sonriente el dominicano Elvis García.

¿Pero estuvo Julio César en Lugo?

Tapeando por la calle de los vinos, la rúa Nova, no dejan de verse interesantes muestras de arte callejero, como los grafitis de Bure y de El Primo de Banski. Se ven también magníficas esculturas: las del jardín del Museo Provincial. La más llamativa, Cinco mans que apoian a muralla, es obra de Álvaro de la Vega, el mismo lucense que ha inmortalizado a un guerrero romano haciéndose un selfi con una turista en el vestíbulo del Hotel EsteOeste. Este último, por cierto, es un magnífico lugar para descansar antes y después de hacer esta ruta, céntrico a más no poder, en el corazón silencioso y peatonal de la ciudad amurallada (el pavimento del decumano —la calle principal que cruzaba de este a oeste la urbe romana— puede observarse a través del suelo acristalado de la recepción).

Al final de la calle de los vinos, junto a la Porta Nova, unas escaleras permiten subir a caminar por encima de la muralla, que no puede decirse que sea redonda en sentido estricto —en realidad, es un rectángulo oblongo—, pero sí en el figurado, por lo bien hecha que está y el juego que ha dado y sigue dando a paseantes y runners. Solo hay que avanzar 150 metros por ella en sentido antihorario para darse de narices con Julio César, elegido mejor mural del mundo en 2021. “¿Y el de verdad estuvo en Lugo?”, se preguntan muchos de los que lo contemplan desde la torre más cercana. Bueno, lo cierto es que anduvo guerreando por estos lares en el año 61 a.C., 36 años antes de que se fundara la ciudad. No es imposible que se acercase al castro que era entonces Lugo y, al sentir el olor de los pucheiros, hiciera que lo convidasen por la buenas o por las malas, inaugurando el tapeo gratuito.

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