Vivir en la red
El proceso de desconexión es imposible. Si intento mantenerme al margen del mundo digital, la situación se torna complicada. Una situación de ansiedad por temor a la irrelevancia recorre mi ser, devolviéndome a los tiempos en que solo la interacción humana física y directa creaba nuestra esencia social. Un día sin publicar o interaccionar en una de las redes sociales se hace demasiado largo. Existe una sensación de no haber vivido nada si tu perfil no se ha actualizado con alguna vivencia, foto o reflexión a la que los demás pueden dar su aprobación o no. Desconocemos todo aquello que implica pinchar el botón que reza como “acepto”, de hecho, ¿cuántos han leído la larga y tediosa política de privacidad de todas las páginas que visitamos o en la que nos registramos? Quizá sea hora de preguntar, de buscar, de mirar arriba, a los ojos, y de vivir los momentos dejándoles grabarse en nuestras mentes de forma natural. Hora de pasar el síndrome de abstinencia, hora de vivir sin publicar.— Pablo Cambronero. Sevilla.


























































