De una crisis a otra a un ritmo vertiginoso
Los riesgos económicos cronifican el exceso de ahorro y reducen la eficacia de las políticas cortoplacistas


Las crisis se encadenan a un ritmo vertiginoso —el conflicto en Oriente Próximo siendo el avatar más reciente— y la incertidumbre parece haberse instalado de manera permanente en el paisaje económico. Prueba de ello es el cambio de comportamiento de las familias y de las empresas hacia una mayor cautela en sus decisiones de gasto y de inversión.
A lo largo y ancho de la Unión Europea se detecta una propensión creciente al ahorro del sector privado (Irlanda, cuyas estadísticas están alteradas por los flujos de pagos de las grandes corporaciones, es la única excepción). En los últimos tres años, los hogares europeos destinaron al ahorro casi el 15% de su renta disponible, en términos promedio, dos puntos por encima de los valores habituales. Y en España la tasa de ahorro ha crecido el doble.
Semejante frugalidad no tiene explicación fácil. Factores como los tipos de interés —que al subir aumentan la rentabilidad del ahorro— han influido, pero solo marginalmente. En nuestro país los activos financieros más comunes ofrecen una remuneración inferior a la de otros países europeos. La incertidumbre es la tónica dominante, contribuyendo por otra parte a la brecha entre el momento económico y su percepción social.
De manera similar, las empresas se muestran reacias a invertir todos sus excedentes, como sería lo esperable, particularmente en un ciclo expansivo como el que ha prevalecido hasta fechas recientes. Prefieren acumular liquidez en las cuentas bancarias, comprar activos financieros o reducir deuda, de modo que, en el último trienio, las sociedades no financieras europeas han destinado el 8,5% de los beneficios a esas operaciones. En España, el superávit alcanza el 11%, algo que encumbra la misma actitud de cautela que los hogares.
En suma, el sector privado está haciendo su propia lectura del vaivén de la coyuntura internacional, apoyándose en la constatación del escaso margen de maniobra de los Estados para abordar los desafíos en el corto plazo. Prefieren asegurarse un colchón de liquidez, incluso cuando la economía va bien, para no exponerse sobre manera a la siguiente crisis.
Este shock de ahorro privado tiene implicaciones relevantes para la política económica. En lo inmediato, una parte de la ciudadanía dispone de capacidad de ajuste ante la subida de los precios energéticos que ha traído consigo la guerra de Irán. Es posible, por tanto, no prolongar el recorte generalizado de tasas sobre los hidrocarburos más allá del mes de junio, que es el plazo previsto por el Gobierno para que dicha medida siga en vigor, y a la vez mantener el apoyo a los sectores vulnerables: los efectos sobre el consumo de la supresión de los subsidios indiscriminados, que son también los más costosos para la Hacienda pública, serían reducidos.
Por otra parte, es importante que los Estados apoyen la economía en momentos de debilitamiento coyuntural, evitando los errores del pasado. Pero, en nuestro caso, si bien nos asomamos a una desaceleración por las secuelas de la guerra, el crecimiento debería todavía superar el 2% este año, sin necesidad de recurrir a medidas que alteren gravemente la senda de corrección de los desequilibrios presupuestarios. Conviene, en efecto, mantener el espacio de acción ante futuras perturbaciones y no exponerse a riesgos que presionen una prima de riesgo que, de momento, sigue en cotas favorables.
La ciudadanía parece consciente de la capacidad limitada de los Estados para aislar sus economías de los sobresaltos geopolíticos. Para ser creíble, la respuesta debe orientarse a reducir de forma estructural las vulnerabilidades energéticas y tecnológicas, en cooperación con los socios europeos. La expansión de las energías renovables es un ejemplo de la dirección adecuada. Aunque la tarea es compleja y el cortoplacismo siempre tentador, una política con visión de largo plazo es la mejor vía para reducir el exceso de ahorro precautorio y desbloquear la inversión productiva, clave para un crecimiento sostenido.
Inflación
La inflación repuntó en marzo hasta el 3,4% en términos interanuales, no solo por la fuerte subida de los precios del petróleo y del gas provocada por la guerra de Irán. También contribuyó la tensión persistente sobre los componentes subyacentes, particularmente en los servicios, entre los que destacan los ligados al turismo. Las medidas fiscales adoptadas por el Gobierno han podido restar hasta tres décimas de inflación, pero su retirada –prevista, en principio, para el mes de junio— afectaría la senda de precios en la segunda parte del año.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































